El futbol ha vuelto y, de a poco, lo seguirá haciendo. El mes que inicia mañana verá materializada la nueva normalidad en Europa con el regreso del resto de las Ligas top. Alemania, el laboratorio sanitario de la actividad deportiva, ha respondido favorablemente tras cuatro jornadas de Bundesliga. Pero algo falta.

Hemos sido testigos de lo que implica celebrar derbis a puerta cerrada. Borussia Dortmund y Bayern de Múnich se enfrentaron en un duelo decisivo en la carrera por el título. El silencio sepulcral que ha caracterizado los juegos de la primera división germana solo se rompe con las interjecciones de los jugadores. Nadie canta, nadie silba, nadie aplaude, nadie riñe.

Como aficionados que siguen los partidos por televisión, podríamos llegar a enfrascarnos en las acciones de la cancha al grado que olvidemos el contexto en el que se juega. Aun así, la presencia del público pesa y su ausencia impacta de manera desconcertante. Para muchos jugadores, debe ser como regresar a las inferiores, donde solo los familiares (y a veces ni ellos) habitaban las gradas de forma salteada y medianamente pasiva.

Los países que reabrieron la actividad deportiva han hecho varios experimentos que integran la covidianidad y la nueva normalidad con resultados diversos. En Corea del Sur, el FC Seúl sanó la ausencia de los hinchas con muñecas inflables (sí, de esas). En Alemania, el Borussia Mönchengladbach instaló 2 mil fotografías de tamaño natural de sus aficionados para crear un mosaico que sustituyera a sus fanáticos de carne y hueso. Otros clubes simplemente han optado por reproducir los cánticos de la afición local en el sonido ambiente.

Quizá el caso más surrealista proviene del clásico danés entre el AGF Aarhus y el Randers. En aquel encuentro, un total de 10 mil aficionados asistieron a una videollamada que fue proyectada en pantallas colocadas sobre las butacas. Así, los fanáticos podían disfrutar del juego mientras los jugadores les observaban reaccionar al mismo desde sus respectivos hogares.

Si bien sigue siendo pronto para anticipar cambios sustanciales en la vida en sociedad tras la pandemia de coronavirus, sí estamos siendo testigos de alternativas sin precedentes a las actividades cotidianas. La pasión por el futbol se transforma y se amolda de acuerdo con los recursos y opciones. Allá a donde vayan los clubes, su afición los seguirá con devoción, ya sea con representaciones simbólicas o a través de las tortuosas videoconferencias.

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