No es secreto, el futbol como deporte, tanto amateur como profesional, es la disciplina que más interesa en nuestro país. Dentro y fuera de las canchas provoca animadas controversias en el entendido que no hay verdades absolutas en el momentos cumbre de soñar o vaticinar resultados.

Bien lo apunta Juan Villoro: “El futbol ha sido para los mexicanos un pretexto para estar juntos, una oportunidad de ceremonia, de convite, de algarabía. Eso que nos congrega es lo más valioso”.

Esto es parte, enseñanza, del libro de Luciano Wernicke, nacido en Buenos Aires (1969), licenciado en periodismo egresado de la Universidad del Salvador. De su autoría numerosos libros deportivos. Ha trabajado como biógrafo de Carlos Bilardo y Mario Kempes y le han publicado en Argentina, Uruguay, Chile, Colombia, México, Alemania y Estados Unidos.

En Historias insólitas de la selección mexicana suma un prólogo del conocido cronista Christian Martinoli, quien refiere: “A través del texto conoceremos a nuestro jugador peruano de selección y repasaremos cada uno de los íconos futbolísticos nacionales que para bien o para mal han quedado plasmados en los anales no solo de nuestro juego, sino del mundial, obsequiando tintes decorativos exóticos al extremo”.

Wernicke divide su obra en siete capítulos. El primero lo titula “Palotes”. “Debut Amargo. La invitación llegada desde Holanda a mediados de marzo de 1928 sacudió los cimientos del futbol mexicano.

“El convite correspondía al campeonato futbolístico de Ámsterdam 1928. México aceptó el desafío y designó como entrenador a un profesor de educación física Alfonso Rojo de la Vega, quien convocó a 17 jugadores para lanzarse a la inédita aventura: Óscar Bonfiglio, Rafael Garza Gutiérrez, Agustín Ojeda, Nieves Hernández, Pedro Suinagal, Luis Cerrilla, Carlos Garcés, Benito Contreras, Ernesto Sota, Juan Carreño, Juan Terrazas, Emmanuel Guevara, Abeodato López, Dionisio Mejía, Felipe Rojas, Hesiquio Cerrilla e Ignacio de la Rosa.

“16 equipos iniciaron la justa desde los octavos de final. El 30 de mayo, España aplastó por siete a uno a su rival americano. El tanto del honor fue obra de Trompito Carreño. “México tuvo su segunda oportunidad ante Chile que se impuso tres a uno”.

El escritor Wernicke es abundante en sus historias, todo un experimentado compilador de detalles y se explaya en las incursiones mundialistas.

Y adelante, en Suecia, sexta Copa del Mundo, hubo juego histórico ante Gales, que ganaba uno por cero y a solo un minuto del final Jaime Belmonte cabeceó un centro de Enrique Sesma y vulneró la defensa del portero Jack Kesley. Después de 28 años y nueve derrotas consecutivas, México consiguió por fin su primer punto en su cuarta participación mundialista.

El autor toca la presencia azteca en el Mundial de Brasil 1950. “La experiencia resultó nefasta desde todo ángulo: deportivo, organizativo y diplomático. El comportamiento de varios futbolistas en tierra brasileña fue severamente cuestionado por los medios de comunicación y los dirigentes de la federación, al punto de que varios de ellos recibieron rigurosas sanciones por su comportamiento fuera de las canchas.

“En la primera revisión médica los doctores descubrieron que 16 de los 22 convocados (por primera vez México viajó con el cupo completo) estaban anémicos. Para mejorar la condición de los futbolistas, el presidente de la nación en persona Miguel Alemán Valdés decretó que se entregara a cada jugador un suplemento económico que consistió en siete dólares adicionales, pagados por el Estado. Sin embargo, esa pequeña inyección de dinero no alcanzó. ’No teníamos preparador físico’ reveló Antonio La Tota Carbajal (portero) años después.”

Así, muy anecdóticamente, se escribe el trayecto de la selección, hasta nuestros días en que, ciertamente, se enmendaron errores. Al leer se comprenderá mejor.

De editorial Planeta, la primera edición es de febrero 2018.

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