Las inconsistencias acentuadas de Barcelona y Real Madrid no son fortuitas: se trata de síntomas que reflejan un sistema desgastado a varios niveles.

Solo el tiempo –más temprano que tarde– nos dirá qué caldero estallará primero y cuál sabrá contener mejor el porvenir. Mientras tanto, algunas luces iluminan este par de cavernas platónicas.

En el caso del equipo blanco, el nombre en boga durante la semana fue el de Rodrygo. El juvenil brasileño firmó un triplete perfecto (zurda, diestra y testarazo) en Liga de Campeones, sumando cinco tantos para el conjunto merengue. Tras esta hazaña, superó a varios de sus compatriotas en registro goleador durante sus primeras apariciones en España: Rivaldo, Ronaldinho, Ronaldo y Neymar acumularon menor anotaciones que Rodrygo tras sus respectos primeros seis juegos.

Se dice fácil conseguir llevarse el balón a casa con tan solo 18 años. Lo cierto es que el delantero, quien fue reclutado inicialmente para integrarse a la filial de Segunda División, se ha convertido rápidamente en el talismán en el cual depositar las esperanzas de la temporada. Esto puede entenderse mejor al contrastar al niño maravilla con Eden Hazard, el bombazo veraniego que sigue sin encontrar su lugar en el escuadrón de Zizou. La orfandad tras el adiós de Cristiano Ronaldo prevalece, pero el muchacho del momento alimenta la fe.

Algo similar ocurre en el campamento del archirrival. Barcelona se encamina poco a poco a una crisis que puede tener consecuencias históricas si no se atiende a tiempo. El desgaste de la Era Valverde es evidente desde el exterior, pero daría la impresión de que en el seno barcelonista reina el aforismo de que “La ignorancia es dicha. Algo simplemente no marcha bien si gente del calibre de Philippe Coutinho, Antoine Griezmann y Ousmane Dembélé pasan de noche por el Camp Nou.

Aun así, la luz la enciende un niño de diecisiete años cumplidos. Ansu Fati representa la última gran perla de La Masía y la última esperanza del clan Barça a reserva de las exhibiciones habituales de Leo Messi y Marc-André Ter Stegen. El africo-español se convirtió en el segundo futbolista más joven en la historia del club en debutar en Primera División, siendo también el más joven de todos en anotar. La sonrisa destellante del niño maravilla es el faro al que se acerca un barco que hace aguas desde el cataclismo en Roma.

El presente no es alentador para ninguno de los titantes ibéricos, pero podría ser antesala para días mejores.

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