El llamado es unánime: frente al muro que representa la política de Donald Trump, México no tiene otra más que buscar otros horizontes comerciales. Mientras esté en el poder el xenófobo republicano, nuestro país deberá superar su adicción al vecino del norte. No hay de otra: si una de sus primeras acciones del gobierno de Trump fue ordenar la construcción de un muro en su frontera sur, no hay más que esperar que la relación entre EU y México empeore. Ayer mismo fue cancelada la primera reunión entre Peña y Trump y así será la tónica de nuestra relación al menos los siguientes cuatro años. Entonces, ¿qué hay que hacer? La opinión de políticos y analistas es clara: voltear a ver a quienes regularmente no toman en cuenta para hacer negocios. La hora cero llegó: o diversificamos nuestros mercados o caemos como si nuestro país fuera un adicto con síndrome de abstinencia. Ayer el gobernador del estado Omar Fayad Meneses adelantó que Hidalgo buscará inversiones de Asia, Europa y Medio Oriente frente a la llegada del beligerante Trump. Dijo incluso que en próximos días anunciará una inversión para nuestra entidad de origen asiático y adelantó que ya negocia para que en breve llegue a territorio estatal capital de origen europeo. Incluso apeló a nuestro patriotismo pues “somos un pueblo con dignidad que sabe responder cuando atentan contra nosotros desde afuera”. En el mismo sentido, el presidente del Consejo Coordinador Empresarial de Hidalgo (CCEH) Juan Carlos Martínez, llamó a la iniciativa privada a fortalecer las relaciones económicas y de negocios entre locales, así como a realizar toda su proveeduría con empresas hidalguenses. Fue un llamado a ver al interior, no solo de México, sino de nuestra entidad. Comprar a los locales, por encima de productos que vengan de otros estados o países, debe ser prioridad, planteó Martínez Domínguez. El futuro, como en el caso de la evolución del sector energético, nos sorprendió y rebasó. Ahora ya no tenemos tiempo para pensar, solo de actuar. De filón. Ayer fue un día negro para las relaciones entre México y Estados Unidos. La convivencia más o menos civilizada que prevaleció durante décadas fue enterrada por el presidente Trump con un par de plumazos.

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