México está enfrentado a resolver un círculo cuadrado. Un rompecabezas que ha sido complicado en grado extremo por las actitudes, modos y decisiones de los llegados de Atracomulco y Pachuquilla. Los gasolinazos asestados en plenas vacaciones, precipitaron un angustioso cuadro de estanflación galopante, recesión, devaluación y crispación social sin antecedente histórico. Nunca se habían presentado juntos todos los indicadores macabros.
Y es cierto. Hemos llegado al límite de un Estado incapaz, la expresión más acabada de un gobiernito fallido en todas las líneas. Negado para cumplir sus obligaciones elementales con los mínimos de empleo, salario, educación, salud, vivienda, infraestructura y producción de alimentos, una cosa así no puede sostener el contenido de ninguna forma de mando, ni debe ser llamado gobierno, ni en teoría ni prácticamente.
Si a lo anterior agregamos la devaluación de la moneda en más de 60 por ciento de su valor apenas hace cuatro años, la extinción de los ingresos reales, la incapacidad para traer inversión, para hacer una política de productividad, la imposibilidad de crecer económicamente más arriba de un mediocre 2 por ciento anual del PIB, y la pérdida del diálogo con todos los sectores sociales y los grupos de interés y de presión, esto más que una tragedia, es una vergüenza.

Cada día descendemos
un peldaño más hacia la barbarie

Si usted seguramente le añade a lo anterior que los mexicanos cotidianamente sufrimos una dosis letal de políticas públicas insulsas que han secado la planta industrial del país y el circulante monetario está reducido a cero, mientras la emigración continúa aumentando, coincidirá en que estamos atrapados en el peor mundo posible.
Cada día que pasa descendemos un peldaño más hacia la barbarie. Los mexicanos jamás hemos padecido un gobierno de tan baja estofa que a la vez que potencializa la corrupción en todos sus niveles y sectores de la administración, se muestra impávido para hacer algo en los indicadores básicos de la subsistencia de la población.
Llegó para quedarse entre nosotros el fantasma que amenaza a todas las economías del mundo, y del que todos se quieren deshacer de inmediato, tomando providencias urgentes y necesarias: la pavorosa estanflación, una mezcla de lo peor que combina estancamiento, inflación, devaluación y retroceso económico en todos los índices cuantificables.

La imbecilidad total…
y abordamos “La Nave de los Locos”

Aquí en el rancho grande parece que la esperaban, porque conviven con él sin prestarle atención o sin saber de qué se trata. O las dos cosas juntas. Las medidas que han tomado por presiones y mandatos de los mismos cómplices a los que entregaron las industrias de la energía, Pemex y CFE, como condición para seguirnos explotando con mayor fiereza.
Es la imbecilidad total. Aunque muchos teóricos le han llamado a este cuadro de desorganización económica total “subirse a la Nave de los Locos”, temo que en nuestro caso esto sea más grave, porque no solo se ha afectado irreversiblemente la estructura económica, sino la social y política, han incendiado la nave de los enajenados, a base de creer que le están echando agua… ¡y es gasolina!
No hay un solo indicador de la convivencia de la sociedad que no esté afectado por la insensatez de los gasolinazos. Tampoco hay un solo indicador que esté en las manos del gobierno resolver. El peñanietismo ha entregado todo, hasta el modito de andar. No tiene un solo instrumento de compensación ni de corrección, menos de ajuste. Peor, imposible.

Por ellos, la convivencia
nacional está pervertida de cuajo

Todos los esfuerzos –de alguna manera hay que llamarlos– para controlar los niveles de inflación se han salido de madre. Las recetas que dictaba la ortodoxia del monetarismo y de los indicadores macroeconómicos rigurosamente observables para gobiernitos obedientes del FMI y del neoliberalismo, fracasan estrepitosamente.
La falta de crecimiento y la explosión desmesurada de precios de todos los productos básicos de bienes y servicios atrapan a la sociedad, de por sí castigada por la falta de ingresos y de empleo, más la represión a las garantías individuales y la falta de justicia, también sometida al mercado clientelar de la oferta y la demanda. Vea lo que ha sucedido apenas en Quintana Roo, y entenderá claramente.
Los precios de los productos, la justicia en tribunales y juzgados y las garantías individuales son potestad exclusiva, ya no de la autoridad complicitada, sino de los dueños del dinero y de la compra de conciencias. No solo las relaciones obrero-patronales y las relaciones víctima-victimario, sino la convivencia nacional está pervertida de cuajo, desde sus raíces, y ya no hay para dónde hacerse.

Aquí no funcionaría la receta: robar menos y ponerse a trabajar

‎Asistimos a la redondez perfecta de un mercado de compradores, como el que se desarrolla en cualquier transacción o negocio de productos tangibles. El gobernado no tiene un solo asidero para guarecerse, o siquiera ponerse al socaire de la devastación moral que encabezan los mentecatos toluquitas.
‎No hay inversión pública ni gasto social elemental. Ni confianza en el gobierno para invertir de parte de los convocados y surtidos empresarios transnacionales: desconfían de su palabra, esquivan sus ambiciosas pretensiones de quedarse con todo lo que esté mal acomodado. Lo han demostrado palmariamente. Su codicia no tiene límites.
Si para cualquier gobierno en el mundo la solución para abordar este problema de estanflación galopante con crisis política y social, sería objetivamente robar menos y ponerse a trabajar, de antemano aquí fracasaría el remedio y el trapito. Si la solución fuera aplicar la ley para castigar a los desalmados e indolentes, esta fórmula no puede aplicarse, porque no habría quien cerrara la bartolina.

Y, peor, el gabinetito de EPN no sirve para maldita la cosa

Como siempre, Peñita anda por los Montes de Ubeda, más perdido que un gusano en gallinero. No sin antes enjaretarnos discursos y discursos, dirigidos a un país que solo existe en las inabarcables bocanas de sus bolsillos, el infame atracomulca dice que ya tiene pensada la solución a nuestros males.
Manda a decir Peñita, desde el campo de golf a donde se escapa hasta a mitad de semana, que verá la posibilidad de hacer unos cambios en el gabinete para afrontar la llegada al poder de Donald Trump. Trata de engancharse del tirano a modo. Y ¡nombra a Vi(rey)gray como canciller?! ¿Sabrá lo que hizo?
Porque, si eso fuera verdad, no sólo han fallado los secretarios de Hacienda, Economía, Trabajo y el mismo presidente. Ha fallado todo el equipo, no hay quién se salve. Nadie ha podido hacer una obra, generar una idea, crear un empleo, hacer una casa, excepto las suyas en Lomas y Malinalco, diseñar un programa de trabajo, esbozar una intención… absolutamente nada.
‎Entonces, ¿a quién va a remover de su puesto, si nadie sirve para nada, y cero más cero seguirá dando cero? Nunca ha habido, dentro del cuadro desastroso de los de Zacazonapan un solo individuo o estrellita provinciana que pueda enfrentar más dificultad que la tabla del uno. Y arriesgamos mucho, es demasiado pedirles.

No supieron por dónde empezar, menos qué corregir ahora

‎La situación del país es demasiado desesperada para poder ser enfrentada por aquéllos que la prohijaron con demenciales actitudes principescas, con soluciones que no alcanzan ni para sacar un perro a mear. Es más, nunca han sabido por dónde empezar, mucho menos van a saber qué es lo que se debe de rectificar. Así de sencillo. Tan cerca y tan lejos.
El peñanietismo y sus modelitos para lograr la incapacidad total ha destrozado miserablemente al país. Ya es un ejemplo continental de la incapacidad total y un ícono de los mayores logros de corrupción pública.

No deben buscar a los culpables: son todos ellos.
‎¿No cree usted?

Índice Flamígero: Aclaración pertinente: El sinaloense David López Gutiérrez, exvocero de EPN en el gobierno mexiquense y la mitad del sexenio en Los Pinos, no es informador del Índice Político. No pasa tips ni, menos, sugiere temas a tratar. Sus críticas a Peña Nieto son feroces y hacen palidecer a las que en este espacio se publican. Vale insistir: el escribidor se desliga de este personaje, hipercrítico –hasta grosero– del Presidente de la República. + + + Ahora que el propio muchacho cincuentón de Atracomulco ha anunciado ventajas fiscales para quienes regresen al país sus capitales golondrinos, cabe pregunta si su favorito Juan Armando Hinojosa (Grupo Higa), retornará a territorio nacional los 100 millones de dólares que expatrió cuando estalló el escándalo del moche conocido como “La Casa Blanca de las Lomas”. Recuérdese que esta lanota y su ruta hacia paraísos fiscales apareció en los Panama Papers. ¿Vienen de vuelta, Juan Armando? ¿O se los sigues guardando a aquél? + + + Me llena de orgullo ser amigo del político, ex legislador y escritor Manuel Solares Mendiola quien ayer me envió esta misiva: “Este año el mundo se avergüenza porque debe recordar, casi a weeeeebooo, el quincuagésimo de la lamentable –para los latinoamericanos– muerte del gran comandante de nuestros pueblos, El Che Guevara, un personaje que todavía no acabo de entender, como alguna vez me dijo Silvio (Rodríguez), de qué galaxia venía. Acompañando a mi amigo a un concierto que dio en el 2011 en el Estadio Nacional de Santiago –donde, como recuerdas, masacraron a los chilenos de nuestra generación– él decía ‘conque Cuba sí, yanquis no. Pronto, espero que digamos Cuba sí, yankis, también’. Hoy lo recuerdo, tarareando la canción que le dio a Carlos Puebla, tú estoy seguro que también lo harías. Una vez le dije a Nicolás Guillen en su bodega de Ron Matusalem, en Varadero, frente a mi Raquel Balmori (la que te platiqué que se enroló y murió en la defensa de Angola) que sí, que en nuestros pueblos se quedaba la clara, la entrañable transparencia de esa querida presencia.‎ De ese argentino que la prensa de la Guerra Fría vituperaba porque no era cubano. Porque los latinoamericanos no tenemos que buscar mucho para encontrarnos con los angustiados gritos de la libertad, de la que eres un gran estandarte en México, quieras aceptarlo o no. ¿Quiénes somos para no saber que tenemos y debemos recibir en la cara el aire fresco de la libertad y de la felicidad, junto a nuestro pueblo? Ernesto Guevara y su recuerdo permanente me han hecho recordar que todos tenemos un compromiso ineludible con lo que deseamos sea el futuro, apoyado en las experiencias del periodismo combativo de la segunda mitad del siglo XIX. ‎Sin caer en los errores de Fidel. Tenemos que recordar siempre a las figuras más valiosas de nuestra generación.” Gracias, Manuel, por tus conceptos sobre mi trabajo. Gracias, también, por avisar que pronto estará con nosotros el gran Silvio Rodríguez.
www.indicepolitico.com / [email protected] / @pacorodriguez

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