“El culto a los libros constituye el mejor preludio para conocer a los hombres” “Lo mejor que se puede decir de la pasión es que es la más noble fragilidad de la mente, pero sigue siendo una fragilidad, y se convierte en un vicio, si es cultivada como una exaltada virtud” Hoy se recordará un poco a la ilustración o denominada también el siglo de las luces, en virtud de que esta atrevida mujer floreció precisamente en ese gran momento. Pero, ¿qué fue la ilustración? Fue un el gran movimiento de transformación intelectual, cultural, ideológica y política que surgió en Europa, como resultado de la escalada y difusión de las “nuevas ideas”; así también, de los nuevos conocimientos científicos que salen a la luz, ya que se encontraban confinados totalmente en la oscuridad, porque estaban ocultos a los ojos y oídos de la Santa Inquisición; los mismos que iluminaron la mente por muchos años a los hombres y mujeres, que a la vez que contribuyeron a modificar el espíritu o mejor dicho, la iluminación que ya tenían en mente. La ilustración llegó a alcanzar su máximo desarrollo en el siglo XVIII, el también denominado por todo el mundo como el “siglo de las luces”, porque al fin sale a la luz.

Por toda Europa se comentaba que se estaba viviendo otro momento, otro concepto del mundo y por eso fue llamado también “época de las luces”, porque los hombres al fin iluminados por la luz de la razón debían establecer una nueva organización que habría de reemplazar al perecedero antiguo régimen.

Bajo la dominación de la razón, el hombre se plantea nuevas interpelaciones; desprecia de alguna manera al pasado, blasfema de las viejas creencias y se afronta a las nacientes doctrinas inamovibles de la Iglesia volviéndose hacia lo moderno, a nuevas formas del pensamiento, con la intención de iluminar sus conocimientos. Por ello el siglo XVIII se conoce como “siglo de las luces”.

Germinan tenía notablemente nuevas ideas, inspiradas de un espíritu eminentemente liberal, brotaron por obra de aquellos acreditados pensadores o llamados también “filósofos”, quienes a su vez, difundieron sus nuevos conocimientos de políticas, aspectos sociales, económicos, etcétera, que ubicaron al pensamiento europeo de aquella época, contra el injusto sistema de gobierno imperante; mejor dicho, que tales teorías y que tales ideas, se establecieron en una poderosa corriente de opinión pública totalmente contraria al régimen absolutista de Francia, así como de otras naciones de Europa y del mundo. (Kant, 2012).

Precisamente en este nuevo renacer del mundo, surgió esa mujer de gran talento que floreció en el siglo XVIII, durante la época de la ilustración en la Francia a principios de ese siglo. Fue la figura femenina más importante en la física, precisamente en el momento de la ilustración, Émilie du Chátelet así conocida, cuyo verdadero nombre era Gabrielle Émilie Le Tonnelier de Breteuil, marquesa de Châtelet, mujer con amplios conocimientos en las matemáticas y física reconocida por todo ese mundo de grandes filósofos y científicos del momento. Difusora de las teorías de Newton al idioma francés.

Nació el 17 de diciembre de 1706, la famosa Madame de Chátelet en Saint-Jean en Greve, Francia, precisamente durante el reinado de Luis XIV y fue bautizada con el nombre de Gabrielle-Emilie. La familia de los Breteull tenía gran renombre en la sociedad donde se desenvolvían en el siglo XV, se hicieron de enormes riquezas en la magistratura y las finanzas, su padre fue Louis-Nicolas Le Tonnelier de Breteuil, varón de Preuilly. A los 49 años se casa con Gabrielle Anne de Froylay, y el rey le otorga el cargo de introductor de embajadores por su perspicacia y gran sentido de intuición, además de contar con una amplia educación en la diplomacia. (Alic, 2005).

Emillie desde niña deseaba poseer amplios conocimientos de todo, su ambición fue conocer cada día más e hizo todos los esfuerzos posibles para conseguirlo. Sentía curiosidad por todo y a su vez lo quería comprender y analizar. Estando rodeada de una excepcional riqueza, recibió una educación diferente. Por otro lado, sus padres tenían gran respeto por el conocimiento y rodearon a sus hijos de una atmósfera que hoy llamaríamos intelectual. Ella demostró poseer capacidad inusual y una inteligencia privilegiada.

A los 10 años ya había leído a Cicerón y estudiado matemáticas y metafísica; a los 12 hablaba inglés, italiano, español y alemán y traducía textos en latín y griego como los de Aristóteles y Virgilio. Estudió a Descartes, comprendiendo las relaciones entre metafísica y ciencia, por ello mantuvo durante toda su vida la exigencia de un pensamiento claro y metódico dominado por la razón. Eso posiblemente, le llevó a adoptar posturas más avanzadas que las de sus amigos newtonianos. Émilie fue una pura intelectual cartesiana. Como forma de pensamiento solo conocía la deducción. Teniendo 19 años, el 20 de junio de 1725 se casó con Florent Claude de 30 años, el marqués de Chátelet-Lamon, proveniente de una familia con mucho prestigio y riqueza. El matrimonio tuvo tres hijos de los que vivieron dos.

Cuando Emillie tenía 27 años regresó a su círculo social, la corte, porque siempre le gustó ese tipo de vida en Versalles, y empezó acudiendo a las fiestas, la ópera y a las representaciones teatrales. Debido a su posición económica obtuvo conocimientos con prominentes profesores como Pierre Louis Moreau de Maupertuis, quien obtuvo la fama por su expedición al Polo Norte para medir la Tierra y demostrar que no era ovalada. Recibió clases de Clairaut, a quien le llamó “su maestro en geometría y su iniciador en astronomía” (Mataix, 1999).

Un buen día conoció a Voltaire cuando este se encontraba huyendo de la justicia parisina porque se refugió en un castillo, propiedad de su esposo, el marqués de Chátelet. Por los conocimientos que tenía Voltaire, a Emillie le fascinó y decidió vivir con él en 1735; se unieron en intereses y sentimientos comunes facilitándose estabilidad afectiva y ella, con el respeto a un hombre que admiraba, encontrando un compañero filósofo y de discusiones que le gustaba. Trabajaron y estudiaron juntos por lo que los consideraron como intelectuales de toda Europa.

De esa segunda unión nació su hija, el 2 de septiembre de 1749 y el día 10, una semana más tarde, encontrándose sentada en su despacho trabajando sobre la teoría de Newton, murió repentinamente sin conocerse el motivo. Dejando un legado imborrable de aportaciones, porque de 1737 a 1739 hizo un acumulamiento de conocimientos. Estudió publicaciones de académicos para evaluarlos, dándose cuenta que estaban llenas de prejuicios. Leyó, estudió y anotó las obras de los grandes científicos de su época, hablaba latín, inglés y francés; siempre se encontraba leyendo las novedades científicas de Inglaterra y Holanda. Recordemos con cariño a esta talentosa mujer.

“Las mujeres necias siguen la moda, las pretenciosas la exageran; pero las mujeres de buen gusto pactan con ella”

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