Originario de Borgoña, a dos horas al sur de París, aprendió a dominar el español gracias a su esposa, originaria de Veracruz

Pachuca.- Se identifica. Lo hace en un muy entendible español sonriendo: Gaétan Kuchta; y agrega: “Mi nombre, de origen francés; el apellido, polaco”.

Es, desde hace tres años, director de la Orquesta Sinfónica de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo (OSUAEH), encargo del que dice: “Muy satisfactorio para mí”.

Aunque no lo expresa abiertamente, se deduce: la música es su vida.

Viste con informalidad: cómodo saco, pantalón en oscuro y una holgada playera que no limita sus movimientos al acentuar conceptos.

Originario de Borgoña, a dos horas al sur de París, tiene 34 años, y en un más que correcto español, que mucho le ayudó a dominarlo su esposa, nacida en Veracruz, “al principio tal vez complicado, pero hoy lo empleo a diario. Así me conecto con mis compañeros de la orquesta y día a día fluye mejor”.

Como añejos amigos

Hace fácil la tarea, porque más que una rígida entrevista es una charla como de viejos amigos, de esos que se reencuentran y hallan temas sin fin.

Ayuda para escribir palabras francesas, algunas las deletrea.

Nació en un pueblo llamado Cosne Suv Loire, después transitó a Dijon, capital del estado, a 250 kilómetros de su pueblo.

Estudió primaria y secundaria en Cosne; luego, lo que en su país se llama bachillerato: técnica de la música y la danza (TMD).

“El curso es de tres años; yo lo hice en cuatro”, lo refiere con natural disposición. ¿Y de instrumento que ejecute?, refiere: “Soy trombonista; medalla de oro como trombonista”.

Acompaña Carlos Alberto Rodríguez Arriaga, quien sitúa en ayeres, de la década de 1940, a un mítico ejecutante: Glenn Miller, el de Collar de Perlas, muerto en la segunda Guerra Mundial, derribado al avión en que viajaba, sobre el Canal de la Mancha, 15 de diciembre de 1944.

Asiente Gaétan: “Como él, y otros tan ilustres que dejaron perenne huella”.

Festival juvenil

Recuerda el joven maestro su participación en un festival de música universitaria. “Lo hice a iniciativa de un profesor; era grupo de mi escuela. Ese tiempo, con 17 años, era un tanto rebelde. No sabía dirigir. Otro maestro, director en el Conservatorio de París, tras asistir a un concierto me preguntó: ‘¿Te gustaría entrar a mi clase?’ Le respondí: claro; con mucho gusto”.

Entonces tenía otra afición: el judo. “Había muchos torneos en Francia, que para este deporte se dividía en cinco regiones; en uno terminé en tercer sitio”.

Después, por la música, olvidó el judo.

Como antecedentes musicales en su familia, apunta: “Mi hermana tocaba la tuba, y mi abuela, acordeón”.

De su preparación para director de música transitó en asignaturas como historia de la música, armonía, teoría de dirección. Y continuaba tocando trombón.

Tuvo un guía que no ha olvidado: Pierre Cao, su mentor, quien casi lo trataba como a un hijo.

Terminó su carrera a los 23 años; era 2007. Decidió crear una orquesta sinfónica con los jóvenes del estado de Bergoña. Eso fue de 2007 a 2009.

Sinfonía de Dvorak

“Dimos 10 conciertos por año. El primero fue el 21 de junio de 2007. Le llamo por la puerta de la música. Ensayamos cuatro días antes; éramos alrededor de 80. Recuerdo lo primero que ofrecimos: Sinfonía del nuevo mundo de Dvorak.”

Habla de acústica y dice que el auditorio de Dijon era muy favorable. “En octubre, ya 2009, presentamos la Sinfonía dos de Sibelius. Antes, dos años atrás formamos una academia de música. Ganaba poco, era como una colaboración y daba clases de trombón”.

En 2010 regresó con sus padres. “No tenía dinero; estuve alrededor de seis meses en casa. Me encantaba tocar el trombón”.

El violinista Regis Paskueri le dijo que necesitaba ir a París.

Amiga solidaria

Lo hizo; en 2010 regresó a la hermosa capital de Francia. “Casi imposible vivir solo. Después me apoyó una excelente amiga. Empecé a dar clases en secundaria, en zonas marginadas de París”. Así estuvo hasta 2012.

“Y vi un anuncio: el Conservatorio Distrito 10, también en París, buscaba director. Mandé currículo. Hubo entrevistas. Tres damas habían hecho lo mismo. Me ofrecieron el puesto. Así, dos años, 2010 a 2012. Odio no trabajar.”

Y surge grata remembranza. “En 2012 surgió una invitación para venir a México. Fue en Zacatecas, agosto de 2012. Encuentro de orquestas juveniles”. Lo ayudaron la embajada de Francia y en Zacatecas.

“Trabajé en la Universidad de Zacatecas. 2012 muy activo: retorné a Zacatecas y en noviembre estuve en Guadalajara. En diciembre retorné a Francia. Me gustó lo que conocí de este país, con gente hospitalaria, amable.”

Pero en 2013, tomó una decisión radical. “Renuncié a todo lo que hacía en Francia. En febrero de 2013 permanecí tres meses en México: Guadalajara, Celaya, entre otros, dando clases de dirección. Año de buena fortuna: conocí a una joven violinista, hoy mi esposa”.

La curiosidad manda y se le cuestiona, con delicadeza, cómo recuerda con tanta precisión fechas, ciudades y todo lo que engloba su carrera artística.

Buena memoria

Ríe; lo hace con ímpetu. Recorre con la vista a sus interlocutores, se pone cómodo, las palmas de la mano sobre la mesa redonda, y responde: “Tal vez es don preciado el disfrutar de buena memoria, pero los hechos relevantes de mi existencia se concatenan, unidos, como eslabones”.

Participó también con la orquesta de Tampico; en 2014 lo invitaron a Toluca y al final partió hacia Ecuador.

En abril de ese 2014 conoció Pachuca. Estuvo de lunes a viernes. Expresa: “Atractiva ciudad, en contrastes marcados entre espacios antiguos y desarrollos modernos, exitosos. Quizá por mi carácter, en pocos días hice amigos”. Y otra vez, a Francia.

Mueve la cabeza lentamente y resume: “Regresé a lo mismo”.

En 2015 se casó. “Más que buena retentiva, ocasión feliz: el 28 de febrero nos unimos, al día siguiente, así de exacto, de mis 30 años”.

Mensajes cruciales

En diciembre de 2015 recibió dos mensajes.

“Uno era de Pachuca, del concertino. Había posibilidad de integrarme a la sinfónica de la UAEH. El otro era una invitación para la sinfónica de Cuenca, en Ecuador.

“Envié currículum y proyecto al Patronato Universitario. En febrero de 2016, como director invitado, tuve la oportunidad de hablar con el rector, maestro Adolfo Pontigo Loyola, y con el presidente del Patronato Gerardo Sosa Castelán. Conversación amena, interesante.”

Hubo otras veces en que se entrevistó con Sosa Castelán.

“Nuestros conceptos semejantes. Él reiterando que la orquesta sinfónica era parte sustancial de incentivar la cultura en la institución. Un acierto.

“No quería ir a donde no fuera aceptado. Realicé el ya muy habitual vuelo a Francia. Meditaba mucho, pero mi esposa me recordó: ‘Es tu sueño. Te voy a apoyar’. Nos dolió salir de París.

“Llegamos en abril, 2016. Fui varias veces director invitado en Xalapa, Guanajuato, Aguascalientes, hasta que ya me incorporé a la orquesta de la universidad.”

Detalla que hay dos músicos cubanos, cuatro venezolanos… y un francés.

Director respetuoso

Se define como director: “Tranquilo, sencillo, con mucho respeto entre músicos, mis compañeros, y yo.

“En calidad de director tengo mi estilo. En particular me gusta Johan Julius Christian Sibelius, compositor y violinista finlandés, desde luego el mejor compositor de su país.

“Se le relaciona el haber ayudado a Finlandia a desarrollar una identidad nacional durante su lucha por la independencia de Rusia. En su producción destacan siete sinfonías que, como otras de sus obras, siguen interpretándose.

“Fue prolífico hasta mediados de los años veinte, pero después no logró concluir trabajos en sus últimos 30 años, lo que no dejó de sorprender.”

Regresa a su función principal: dirigir. “No personalizo y nunca exhibo o humillo a nadie; todo es en colectivo. Prevalece el buen ambiente, a veces salpicado hasta de bromas.

“Cada tres programas viene un director invitado. En nuestro acervo llegamos a incluir, cada mes, programas de corte popular. Hemos roto barreras y lo importante es que tenemos muchos seguidores, porque vienen a ver su orquesta.

“Una norma es: lleva la sinfónica a donde pueda ir, y refrendo lo que distingue a los músicos mexicanos: calidad, sensibilidad. Hacen una estupendo trabajo.”

En febrero de 2016, como director invitado, tuve la oportunidad de hablar con el rector Adolfo Pontigo y con el presidente del Patronato, Gerardo Sosa Castelán…
No quería ir a donde no fuera aceptado. Llegamos en abril de 2016 (su esposa y él)

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