El registro de Enrique Ochoa Reza fue de trámite en el ejercicio de la democracia vertical que se practica en el PRI, lodos de aquellos polvos que se acumularon durante 12 años para retornar con una pueril justificación de que se trata del cambio generacional.
“El PRI se tiene que reestructurar”, oteó el exdirector de la CFE, en su discurso en el acto de registro, consumada la broma de mal gusto de Hugo Díaz-Thomé, de registrarse con tres cuartillas con su dizque plan de trabajo.
Ochoa Reza asumirá la presidencia nacional del Partido Revolucionario Institucional, previo al acto formal que se celebrará el sábado 16 con el cónclave del consejo político nacional del PRI, ante el cual rendirá protesta en el cargo.
Otorguemos el beneficio de la duda, respecto del obligado cambio generacional aunque no haya un elemento de peso que demuestre experiencia partidista a Ochoa Reza, cuya designación vía el jefe real del partido, es decir, Enrique Peña Nieto, evidencia que las prácticas ancestrales del partidazo son esos, decíamos, lodos de aquellos polvos que se acumularon en el receso de la docena trágica.
Finalmente si en el ala experimentada del priismo, esa considerada el espacio de los dinosaurios en vías de extinción y de los más recientes políticos formados, no en la brega sino en las negociaciones palaciegas, no en las campañas a pie tierra sino en las oficinas de la burocracia sindical o administrativa, no ha protestado por la imposición, salvo personajes de poco peso moral como Ulises Ruiz, entonces que el PRI siga su rumbo.
Y, en ese rumbo irá acompañado de personajes que, sin rubor, asumen tareas para justificar lo injustificable, aunque al final de cuentas el papel que han jugado les ha permitido encumbrarse y amasar fortunas que en su vida habrían imaginado con el salario de secretario de despacho.
Uno de ellos, al que le tocó el papel de Heraldo del parto de los montes con un dirigente que, hasta el jueves de la semana pasada, no tenía ese tamaño ni las características de un líder partidista porque sus tareas eran de administrador, burócrata de primer nivel, integrante de las ligas mayores que han decidido el rumbo de la economía nacional, que nada tiene que ver con votos y campañas, aunque su subsistencia depende del resultado de las urnas.
Pues bien, con la más brillante imaginación apisonada por sus amanuenses, Emilio Gamboa Patrón, coordinador de los senadores priistas, asumió el papel que ha jugado desde hace más de tres décadas cuando se ha hecho necesario para presidentes de la República y líderes partidistas y, en fin, los jefes que le han tocado, en el papel de panegirista en la servidumbre de comer sapos y no hacer pucheros para vomitar.
Así, al tecnócrata Enrique Ochoa Reza, a quien llamó “nuestro compañero”, dijo que “es bien visto y reconocido por militantes y organizaciones partidistas. Además, posee las cualidades para que –si así lo decide el consejo político nacional del Partido Revolucionario Institucional– ocupe el cargo de presidente del comité ejecutivo nacional.
“Desde muy joven, Enrique Ochoa ha participado en diversas trincheras y actividades a través de las cuales ha impulsado el proyecto de nuestro partido. Asimismo, ha destacado siempre por ser un militante que, con visión de futuro, contribuye al análisis y la definición de las posturas partidistas, frente a los grandes temas nacionales.
“En los últimos años, Enrique Ochoa ha sido un referente de cómo las líneas de acción de nuestro partido, pueden ser llevadas para convertirse en políticas públicas que han beneficiado a las familias mexicanas.”
Y sostuvo: “Es momento de cerrar filas, de privilegiar la unidad en nuestro partido, para que Enrique Ochoa ocupe la presidencia del comité ejecutivo nacional del PRI”.
¿Qué le parece el papelazo de Gamboa para justificar lo injustificable? ¿Disciplinado? Vaya, en mi pueblo les dicen de fea forma a estos personajes que, para mantenerse en el puesto, son capaces de tragar sapos y hacer el trabajo sucio.
Y luego le ha seguido la senadora y secretaria General de la Confederación Nacional de Organizaciones Populares (CNOP) Cristina Díaz Salazar, quien aseguró que “Enrique Ochoa representa la sangre nueva, la renovación de generaciones; es un hombre inteligente, preparado que piensa, reflexiona y trae el ánimo de ponernos de pie a todos los priistas”. Y, por qué no, creo que desde hoy el cuarentón Ochoa Reza es guapo. ¡Qué pena! Digo.

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