En octubre de 2016 este diario publicó un reportaje que consignó los efectos colaterales que dejaría la construcción del gasoducto Tuxpan-Tula, obra cuyo objetivo es conducir combustible para que la Comisión Federal de Electricidad (CFE) pueda seguir produciendo energía con su planta termoeléctrica ubicada en Tula. La obra, fruto de la reforma energética aprobada durante el sexenio de Enrique Peña Nieto gracias al Pacto por México, fue concursada y ganada por la compañía TransCanada, que antes de empezar el proyecto hizo un estudio de factibilidad en el que identificó de manera precisa aquellas localidades que serían afectadas por el proyecto. En ese trabajo periodístico presentado hace más de tres años, se encontró que en el trayecto donde es construido el gasoducto afectaría incluso lugares sagrados. En el caso de Hidalgo, la misma empresa proyectó que serían afectados santuarios como el Señor de las Maravillas (El Arenal), el Señor de Mapethé (Cardonal), Señor de Jalpan (Ixmiquilpan), de la Virgen de la Ferrería (Nicolás Flores) y de la Santa Muerte (Francisco I Madero), así como lugares donde están grafismos otomíes en barrancas de Huichapan, Alfajayucan, Tecozautla, Cardonal, Chapantongo e Ixmiquilpan. Esto, bien lo sabe la empresa, provocaría el rechazo de las comunidades, por lo que previnieron buscar la cooperación de los pueblos. Pero desde ese entonces, algunas comunidades, como la representada por el consejo Xangu ya muir, ya denunciaban presión sobre ellos para que cedieran sus tierras a cambio de un pago conocido como servidumbre. Ni el gobierno federal ni el estatal en ese entonces mencionaron algo al respecto y hoy el presidente Andrés Manuel López Obrador, luego de visitar el fin de semana un par de esas comunidades afectadas, anunció que buscará que la empresa desvíe el trazo para no afectar sitios sagrados. Un cambio de visión que seguramente dará mejores resultados que la indiferencia que distinguió a gobiernos pasados. De filón. La que dio una cifra estratósferica respecto al costo que implicaría reconstruir las calles de Pachuca fue la regidora Ruth García Cordero, quien manifestó que hacen falta casi un billón de pesos para tal propósito. Si tal cifra es real (según García la fuente es Obras Públicas del gobierno estatal) entonces nuestro problema no tiene remedio, ya que esa cantidad es la sexta parte ¡de todo el presupuesto nacional para este año!

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