Vida errante

Precursora de la música vernácula, María de la Luz Flores Aceves —conocida por todos como Lucha Reyes— nació en Guadalajara, Jalisco, y murió 38 años después en la Ciudad de México. La Reina del mariachi halló su vocación en la canción ranchera para cantar y llorar, reír e increpar sin distinción ni sosiego.

Herencia musical

Provenía de una familia de músicos; forjó su carácter inspirada en el estilo de las soldaderas del movimiento revolucionario. Ganó su primer concurso de canto a los 13 años y desde entonces, provocaría tumultos en los lugares donde se presentaba, con actitud retadora y botella de tequila en mano. En carpas y teatros hacía resonar su voz ante los oídos excitados de los espectadores: así empezó su carrera de cantante.

Promesa trunca

Muy joven viajó a EU, donde estudió formalmente canto y de paso realizó una gira exitosa. No siempre trabajó sola: formó el trío Reyes Ascencio con las hermanas Blanca y Ofelia Ascencio, pero su adicción al alcohol provocó su expulsión. Entró entonces al cuarteto Anáhuac, con el que viajaría al viejo continente.
Descubrió su marca distintiva después de esa gira fallida por Alemania, ya que sus excesos con la bebida la llevaron a contraer una grave enfermedad en la garganta que, tras un año de afonía, mutó su voz de soprano, lo que le permitió alcanzar tonos graves y roncos que entonaba desde las entrañas. Así innovó, sin saberlo, el estilo de cantar música ranchera.

Último aliento

Diversos factores se conjugaron para profundizar su depresión y apresurar el fin: la relación turbulenta con su madre —quien, alcohólica y vagabunda, nunca tuvo un gesto de amor hacia su hija—; sus decepciones amorosas —un aborto y cuatro matrimonios fallidos—, y los estragos del alcoholismo, la empujaron a tomar dos docenas de Nembutal, a los 38 años. Su hija adoptiva la halló agonizante en su departamento en la colonia Álamos, donde la acompañaban sus únicos guardianes: una jauría de perros.

En Motosíntesis se aprecia la evolución del autor, desde la Vespa Ciao que lo siguió en su niñez llena de sinsabores; la Honda CBF 750, tan robusta, rápida, fuerte y arriesgada como la adolescencia; la motoneta Vento R4, símbolo de la libertad que llega como el viento a las manos de un joven emprendedor; la Honda CBR 600F3, emblema de la velocidad y el impulso que se debe tener ante las adversidades; la Kawasaki Ninja 636R, la cual representa la evolución tras el camino difícil y también el inicio de una nueva etapa; la Aprilia RSV 1000 Factory, que fue restaurada igual que la confianza para involucrarse en una nueva relación amorosa; la Ducati Multistrada, fuerte, poderosa y estable, capaz de superar cualquier tipo de circunstancia de la misma forma en que la determinación de su familia puede hacerlo; hasta la Ducati X Diavel S, cuyo diseño, tecnología y detalles la hacen exclusiva y perfecta como el trayecto que el autor atravesó para reconciliarse con su pasado —a través del perdón— y construir un presente lleno de luz, vitalidad y equilibrio, mediante la reflexión consciente de sus decisiones y la fortaleza obtenida de sus experiencias más dolorosas.

Alfonso Betancourt es fundador y director de Upgrade Mkt —en México—, Upgrade Global —en EU— y de KIU —una plataforma digital de promoción para talento emergente—. Ha colaborado como escritor en diversos medios de arte, mercadotecnia y tendencias, también ha incursionado como cofundador de la revista Overbook —enfocada en las innovaciones del marketing—; gracias a su pasión por las motocicletas ha participado como columnista en revistas impresas y digitales relacionadas con el “exquisito arte en dos ruedas”, imprimiendo siempre su estilo particular: narraciones en primera persona que buscan dejar al descubierto “la experiencia del piloto más allá de la descripción del vehículo”. Alfonso Betancourt, aventurero y arriesgado empresario, es, además, autor de los libros Cuentos ilimitados —una compilación de cuentos cortos— y Thana —dedicado a la poesía— y, recientemente, Motosíntesis.

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