“En su día me dijeron que las mujeres no podían ser químicas. No encontré ninguna razón por la que no pudiéramos” En algunas de las ocasiones se ha hablado de que las mujeres son las que cambiaron la historia, pero en realidad, pocas personas saben quiénes fueron esas hermosas mujeres. Vivimos en un mundo en el que los obstáculos no cesan para la libertad de la mujer; inclusive hubo quienes pese a todo, lograron cumplir sus objetivos y demostrar al mundo cuan maravillosas somos las mujeres. Hoy, es un día en el que es –como siempre– necesario hacer mención de una mujer inteligente y bella que, a través de sus conocimientos y más aún, a sus constantes determinaciones logró hacer un cambio en la historia de la humanidad.

En este espacio se hará mención de una talentosa mujer que no tuvo una vida nada fácil; a quien no le importó la situación en la que se encontraba y no dejó de luchar por sus ideales, sus anhelos, sus sueños, etcétera. Conforme transcurre el tiempo vamos creciendo y conociendo a las personas, a nuestros semejantes y de acuerdo a la vida que llevamos esta se encarga de hacernos notar la realidad, sin embargo, nosotros y nosotras somos quienes elegimos qué camino seguir y para nuestra mujer de hoy existió una situación que la devastó, pero también una oportunidad para transformar lo que seguramente ni siquiera había pensado.

Es una certeza de que a ninguna mujer le ha sido fácil lograr obtener lo que hasta el día de hoy tiene, y menos aún, en esta sociedad tan cerrada y propiciada para los hombres en todo y para todo, lo que para nuestra mujercita no fue la excepción, ya que en aquél momento de su vida, las mujeres consideradas como científicas se encontraban sumergidas de prejuicios.

Gertrude B Elión es nuestra mujer de hoy, nació el 23 de enero de 1918 en la ciudad de Nueva York, Estados Unidos, fue hija de migrantes judíos, sus padres salieron de su país natal y se establecieron en Estados Unidos (Chung, 2010). Desde niña se interesó en estudiar química por haber tenido la experiencia de la muerte de su abuelo que falleció de cáncer en el estómago, siendo Gertrude su nieta consentida. Ese hecho dejo huella en ella y fue su motivo fundamental para adentrarse en dicha enfermedad y saber cómo curarla.

A temprana edad mostró interés y amor por los estudios, mismos que le fueron inculcados por sus padres, además de tener esa curiosidad de saber todo y así descubrir cosas nuevas. El día trágico para ella en que falleció su abuelo, se juró a si misma que dedicaría su vida al estudio de la ciencia, con la finalidad de que un día no muy lejano descubriría la cura para tan terrible enfermedad. Estudió química en el Hunter Collegue, centro de estudios en donde la admitieron con la edad de 15 años, menos edad de lo habitual.

Debido a su gran inteligencia y sus excelentes calificaciones fue como le permitieron la aprobación de los exámenes para tener acceso a estudiar en ese lugar. (RUIZ, 2018).

Sin embargo, como es de imaginarse, la situación económica para ella no era muy favorable, mucho menos durante la crisis de 1929, donde su familia no pudo seguir apoyándola con sus estudios y en un mundo enteramente capitalista, tuvo que de alguna manera sacar sus estudios adelante, pero su gran determinismo e inteligencia le permitieron conseguir una beca de excelencia por su dedicación y empeño, y logró titularse. Después se topó con una nueva barrera, la de encontrar un empleo, todo eso debido a los prejuicios que existían respecto a las mujeres científicas. A Gertrude le costó mucho esfuerzo terminar sus estudios y encontrar trabajo aún más, no fue únicamente la crisis del país sino también por el simple hecho de ser del género femenino; en los lugares donde solicitó trabajo, uno de los argumentos expuestos fue que la rechazaban por temor a distraer la atención de los trabajadores, o sea la distracción de los varones, porque todos los que laboraban eran hombres.

Finalmente y después de ser constante, consiguió un trabajo como ayudante de laboratorio, que le permitió costearse un máster de Química en la Universidad de Nueva York para poder avanzar en su profesión. Única mujer que lo cursaba, porque no les permitían mayor acceso. Su trabajo era de media jornada como recepcionista en un consultorio médico, profesora de física y química por las tardes. Las noches y los fines de semana los dedicaba a estudiar. Nunca llegó a obtener el título oficial de doctora, pero posteriormente fue reconocida con tres doctorados honoris causa por la Universidad George Washington, la Universidad de Brown y la Universidad de Michigan (RUIZ, 2018).

Cuando terminó sus estudios universitarios, otra tragedia llego a su vida. Su prometido enfermó gravemente por una endocarditis bacteriana y falleció, su segunda pérdida. Eso la deprimió nuevamente por lo que se centró más en la ciencia. Fue hasta la segunda guerra mundial donde inició su trabajo como científica, debido a que en la guerra muchos hombres de grandes laboratorios se fueron al frente, por lo que se requirió de las mujeres, mayor acceso para ellas y Gertrude, fue una de ellas, consiguió un puesto como química analítica en una empresa de alimentación. Su impecable trabajo hizo que la farmacéutica Johnson & Johnson se fijara en ella y le ofreciera el puesto de investigadora.

Fue en Burroughs Wellcome, la actual GlaxoSmithKline, donde se convirtió en todo un personaje destacado del mundo científico. Accedió a la farmacéutica después de que el jefe de laboratorio, George Hitchings, quedara impresionado por su inteligencia, inició como ayudante, a los pocos meses se convirtió en una colaboradora excepcional y totalmente imprescindible. Gertrude y Hitchings formaron un gran tándem y marcaron un punto de inflexión en el desarrollo de medicamentos, creando fármacos eficaces y seguros, eficaces contra la leucemia, la gota, las infecciones urinarias, la malaria, el herpes viral y diversas enfermedades autoinmunes. Así pues, desarrollaron juntos la teoría de los antimetabolitos la cual es utilizada en las diferentes bioquímicas entre células humanas normales y patógenas, esto para poder diseñar fármacos que pudieran eliminar la reproducción de los patógenos pero sin dañar a las células huéspedes.

Así, con su compromiso y constancia, en 1950 logró la llegada de la pirimetamina la cual se volvió un tratamiento exitoso para la malaria. “La lista de fármacos creció con la trimetoprima y la azatioprina. Con esa última, demostraron su eficacia como inmunosupresor en pacientes receptores de trasplantes. La vida de Gertrude es un ejemplo para miles de mujeres en todo el mundo.

” (RUIZ, 2018) Fue una mujer, que con su constancia y esfuerzo, logró conseguir tratamientos efectivos para muchas personas, sin duda es una mujer que transformó la historia de la ciencia y de la humanidad y que demostró que aun pese a las peores circunstancias, pudo salir adelante y descubrir cura para quienes realmente lo necesitaban. Gracias Gertrude Belle Elion por todo, por tanto.

“No tengas miedo del trabajo duro. Nada que merezca la pena es fácil. No dejes que otros te desalienten o te digan que no puedes hacerlo.”

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