La generación de conocimientos científicos y tecnológicos adquiere una importancia cada vez mayor en las relaciones internacionales como en el comportamiento de las economías de las naciones donde la propiedad intelectual expresada en patentes, principalmente, y en la generación de bienes y servicios con un alto contenido de conocimiento, son la clave de la competitividad. Situación que vivimos que exige un cambio de paradigma tanto en lo económico como en lo tecnológico.
Las naciones más desarrolladas son las que más patentan; según la Organización Mundial de Propiedad Intelectual en 2014 China generó 928 mil 177 patentes, Estados Unidos 578 mil 802 y Japón 325 mil 989; mientras tanto el Instituto Mexicano de Propiedad Industrial (IMPI) reportó que nuestro país registro 16 mil 135 solicitudes de patentes, de las cuales solo se otorgaron 9 mil 819, cifras que denotan un bajo desarrollo tecnológico, pero lo alarmante es que de las aprobadas solo 305 fueron presentadas por mexicanos, representando tan solo 3 por ciento del total concedidas, o sea que 97 por ciento fue por extranjeros.
En México no se realiza investigación aplicada, ni las empresas mexicanas consideran al conocimiento científico y tecnológico como una práctica empresarial, por lo que los bienes y servicios que generan son de bajo contenido en conocimientos y por ende de baja competitividad.
Para que nuestras empresas, sobre todo las Mipymes, sean altamente competitivas requieren de un cambio en su operación que impulse su productividad, para lo cual se hace necesaria la participación de profesionistas que impulsen el cambio tecnológico en procesos productivos y de mercado de las empresas.
La gestión tecnológica se concibe como un proceso orientado al desarrollo de las capacidades tecnológicas y organizacionales en las empresas, las cuales son resultado de un proceso de aprendizaje que lleva a la construcción de condiciones, mediante la transformación del conocimiento ubicado dentro de la empresa o proveniente de su articulación sinérgica con instituciones de educación superior, con centros de investigación o bien con otras empresas, sin dejar de considerar los programas institucionales de apoyo; ese conocimiento transformado en uno específico para posibilitar el desarrollo de capacidades competitivas para insertarse en mercados nacionales y globales, entendiéndose este proceso como la capacidad de generar un valor agregado superior al de sus competidores y que sea aceptado por sus usuarios o compradores.
Cabe precisar que el país está dando pasos firmes en este tema, dado que existen universidades como la Autónoma de Querétaro y la Autónoma Metropolitana, entre otras, que en su oferta educativa incluyen posgrados en gestión tecnológica; por su parte la Fundación del Premio Nacional de Tecnología e Innovación y la Red de Oficinas de Transferencia Tecnológica como el Parque Científico y Tecnológico de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo (UAEH) están formando profesionistas como gestores tecnológicos con un enfoque internacional.
En el caso particular de la Autónoma de Hidalgo, con apoyo del Conacyt, ha desarrollado, conjuntamente con la ANUIES y el Departamento Alemán de Intercambio académico, con la participación de las universidades de Kassel y Münster, el programa de gestores de transferencia internacional, formando ya a 64 académicos, tanto investigadores como responsables de las áreas de vinculación de diversas universidades.
Este programa se realiza con base en experiencias de universidades e instituciones de Alemania, con un impacto nacional, de efecto multiplicador, por la ubicación estratégica en las diversas instituciones académicas a donde pertenecen los participantes.
En 1955 Vannevar Bush presentó al presidente Roosevelt su proyecto de desarrollo científico y tecnológico a partir del cual se creó la Fundación de Ciencia y Tecnología que formó parte del paradigma que reactivó la economía norteamericana con un nuevo modelo llamado New Deal o Nuevo Trato, donde el Estado tomó la rectoría del modelo económico, situación que representó un política de apoyo a los sectores productivos, a los trabajadores, además de un nuevo sistema monetario al abandonarse el patrón oro.
Un modelo económico basado en la ciencia y la tecnología como soporte de la estructura productiva nacional, con mejores salarios y prestaciones sociales, será la respuesta democrática a la crisis que enfrentamos. ¿No lo cree usted?

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