Naciste talismánica para abrazar el fuego, los metales, el alba, el cosmos y el misterio; oráculo que da orden al Universo, a la contemplación, al mundo lleno de ficciones, a la vastedad del paisaje. Con gran cuidado asomaste por primera vez tus ojos convertidos en rayos de vida y agua desparramada. Me regalaste tu primera sonrisa, en ella empezó el tiempo, el grito del pájaro, tu canto ancho y feliz como lluvia, como río. Abrazarte fue consuelo, nostalgia, luz. Nuestras miradas se encontraron, tenía en mis manos un mirlo, el viento que respira, el largo silencio, el llanto que estalla. Es tu hija, me dijo y puso frente a mí un lago impasible, el llanto radiante de la niña que es isla, árbol que sonríe.

Abrazarte es descubrir que el amor no es consuelo, es luz, llama más poderosa que una ola, la tez blanca del mar. Niña del viento, del musgo, brasero del alba, inmensa sostienes mi vida, la trémula espuma; jardín que cierra sus ojos y sueña que las estrellas la llaman y guardan sus secretos, dulce madriguera de pájaros. Con tus primeros pasos viajaste al interior de la claridad, a la fuente que bebe estrellas y ríos secretos. Con tu voz has recorrido abismos, montes, la palpitación de las palabras que arden. Tus años te convirtieron en constelación, en isla dormida, en mitad del océano, música que rema sobre los espejos del tiempo, creatura eterna que florece como girasol, como el día que se deshoja. Hablo contigo para (re)nacer, para ser crepúsculo, para ser siempre eclipse, instante, quietud que regresa. En la madrugada inacabable siempre te encuentras en el cielo inmenso que te habita para precipitarte a su muralla.

Abrazar tu ribera, tus alas, tu rostro que es canto del agua es volver al principio, al interior del mundo y su honda claridad. Niña de brazos abiertos, de castillos con altas torres y vientos volubles, en mis ojos llevo tus heridas, la furia del viento, tu oscuridad incierta y callada, tu llanto y la primavera que navega en silencioso viaje para ser ave migratoria, lirio rebelde que abre las puertas de nuestro tiempo. Niña de los muchos rostros, de sosiego y armonía, de los mil años. Serás noche triunfante y perpetua que canta silenciosa; frente a ti está la cadena de estrellas, la alondra que consume tu largo día.

¿Qué harás ahora mujer luminosa y serena de reluciente paz?, ¿contemplar la vieja ciudad, estar en todos los puertos, ver la vida desde un microscopio para descubrir el mundo? Alquimista que mira el mundo y su resplandor. Guíame hacia la oculta tierra para entrar a tu mundo de incienso y mirra, para ir más allá, a tu universo de cuántica y reacciones en cadena, de lluvia sedienta donde sobrevive la conmoción y la luz tenue de las nubes que nos inventan. Siempre persigues el horizonte, la niña que vive detrás de la escalera, el nuevo rostro de la noche.

Estas obsesionada con abrazar los soles, navegar por el mar roto, beber el tiempo, descubrir el hierro y la roca. Te amo como a la tarde que regresa, como al obstinado árbol que crece profundo en lo ancho de tu corazón, como a la creación que tiene rostro de mar. Eres fuego fresco, el límite del bosque, la casa donde despierta la madrugada, camino fugaz que son los túneles de mis largos años, de mi esperanza que duerme entre luciérnagas y agua dulce. Tus ojos son ocultas parvadas que anuncian el día solar, montaña que espera detrás de la mañana. Hoy tus horas son presente perpetuo, cántaro de alas blancas, tus años, la lucha que palpita, semilla que enciende. Hoy eres más joven.

Amada hija siempre serás mi princesita.

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