“Por sí sola, la televisión, junto con los otros medios de comunicación de masas, no contribuye a formar la manera de pensar de una generación, aunque esta generación haga la revolución utilizando consignas de estricta procedencia televisual.”
Umberto Eco

Éstas son las visiones de dos italianos que nutrieron y, en su momento, dieron aire al pensamiento crítico del campo de la comunicación. Al parecer Giovanni Sartori (1924-2017) no estaba convencido de lo que 25 años atrás –antes de la aparición de su libro Homo Videns. La sociedad teledirigida– había señalado su paisano Umberto Eco (1932-2016). ¿Por qué? Veamos la causa posible.

“¿El público perjudica a la televisión?”

Con este título, el filósofo italiano pronunció una ponencia, en 1974, en el Simposio Internacional de Expertos de la Comunicación, organizado por la Radiotelevisione Italiano (Rai), con motivo del Prix Italia (Premio Italia):
“La generación televidente ha sido la generación de mayo del 68, la de los grupúsculos, del repudio a la integración, de la ruptura con los padres, de la crisis de la familia, de la suspicacia contra el latin lover y la aceptación de las minorías homosexuales, de los derechos de la mujer, de la cultura de clase opuesta a la cultura de las enciclopedias ilustradas.”
Luego de caracterizar a los jóvenes de esa emblemática generación, lanzó una provocación: “Si la tendencia es ésta, los próximos 10 años de televisión deberían mover a la generación, y a la siguiente, a abrevar sus caballos en las pilas de agua vendida de San Pedro”.
Eco rechazaba, con estas palabras, que la televisión tuviera ese poder inconmensurable de “manipular a las masas” como le venía en gana, que la prueba fehaciente de ello fue la primera generación expuesta a la televisión: la generación contestataria y contracultural de 1968.

¿El público perjudicado por la televisión?

Sin aludir a la tesis optimista del experto en semiótica pero sí en alusión a Silvio Berlusconi (el magnate de los medios italianos), Sartori se inclinó del lado pesimista, de la satanización de este medio. En su obra, publicada en 1998, aseguró que la pantalla chica “modifica radicalmente y empobrece el aparato cognoscitivo del homo sapiens”, formado como tal gracias al lenguaje verbal y, sobre todo, a la escritura.
Era sabido que el politólogo se encontraba enfrentado con el régimen del primer ministro (en tres ocasiones) de Italia, dueño de gran parte de los medios de ese país (televisión, periódicos y revistas e, incluso, de estudios y salas de cine) y de otros negocios, sobre el que pesaban señalamientos de tener vínculos con la mafia, de corrupción y de pagar a una menor de edad para tener relaciones sexuales y encubrir el caso valiéndose de su cargo político.
En la primera parte de su libro, el politólogo se ocupa de hablar del “video-niño”; esa especie que se “traslada del contexto de la palabra (impresa o radiotransmitida) al contexto de la imagen”. En el segundo apartado plantea una reflexión crítica de la relación entre la televisión y la opinión pública.
Para él, la televisión no crea opinión pública porque, desde su perspectiva, la imagen se concibe como portadora de la realidad, de la verdad, mientras que la prensa escrita permite el intercambio de opiniones entre lectores y la conformación de la opinión pública. Aclara que para el caso de la imagen solo “basta con poseer el sentido de la vista, basta con no ser ciegos”, en tanto que la palabra escrita es un símbolo que pasa por dos procesos: primero, por el entendimiento y, luego, por la interpretación.
Asimismo, rechaza la idea de que este medio fortalezca la democracia ya que, por ejemplo, los debates políticos mueven al público en términos de las imágenes, no de los contenidos.
Para dar una respuesta a esta afirmación, podríamos adoptar la postura de Eco de que la televisión por sí sola, “junto con los otros medios de comunicación de masas, no contribuye a formar la manera de pensar”, pero sería omitir que la imagen también requiere, al menos, de estos dos procesos y reconocer que, en la mayoría de los casos, son pocas las personas que se ocupan o interesan por hacerlo porque se rigen bajo el supuesto o la idea propagada de que “la imagen dice más de mil palabras”.
Ahora bien, la imagen televisiva no es portadora de la realidad sino participante en la construcción de realidades; es por ello, quizás, que Sartori, en entrevistas posteriores, matizó su posición al enfatizar la necesidad de reforzar la labor educativa de este medio.

¿El público perjudica a… los magnates?

Han pasado varios años ya de los planteamientos de los pensadores italianos que reactivaron y contribuyeron a la reflexión sobre el papel social de este medio. Hoy, sin embargo, estamos atestiguando transformaciones en el ámbito de las comunicaciones: los televidentes están emigrando a otros dispositivos. Este cambio ha tenido repercusiones sociales y políticas tan importantes como el surgimiento de movimientos sociales, como la Primavera Árabe. Los concesionarios, por su parte y al menos en México, se están rompiendo la cabeza tratando de recuperar sus ratings ya que, según reportes de la Bolsa Mexicana de Valores, están registrando pérdidas de más de 50 por ciento en sus utilidades.

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