En todos lados del ámbito académico ligado a las corrientes más tradicionales escucho o leo el mismo tipo de mensaje:
-Prepárate para un futuro competitivo, la globalización y sus beneficios están a la puerta llamando para que te incorpores. Existen miles de formas en que te podrás involucrar, pero primero domina un segundo o hasta un tercer idioma, uno de los cuales debe ser el inglés y el otro podría ser el chino o el japonés.
-Existen muchas instituciones, embajadas, asociaciones, universidades, etcétera, que están ofertando planes para que los aproveches y te formes en las líneas que están a la orden del día. Liderazgo, mercados internacionales, energías renovables, redes sociales, consorcios, outsourcing, cracking, mercados emergentes, etcétera, etcétera.
-Las oportunidades están surgiendo en todas partes, ponte abusado o abusada y aprovecha alguna o varias de ellas.
Desafortunadamente el mundo contemporáneo no solo está produciendo esas y otras maravillas, sino que en primer lugar está produciendo destrucción ambiental, desorden financiero, pobreza acelerada y extrema, guerras cada vez más sanguinarias y extendidas, millones de desempleados y de desplazados de sus lugares de origen. Y me temo que no es algo que pueda considerarse como un daño colateral, sino que es precisamente de esa manera como el mundo industrializado de hoy en día puede seguir garantizando a sus inversionistas las altas tasas de ganancia que ambicionan.
Nos hace falta informarnos mejor de cómo el mundo ha estado cambiando en los últimos años, y con ello quiero decir que no basta con observar las maravillas que ocurren en las grandes metrópolis mundiales como Dubai, Hong Kong, Singapur o Seúl, sino observar lo que ocurre en nuestras más cotidianas, amenazadas y dañadas urbes latinoamericanas.
El futuro inmediato, el mediato y el de largo plazo se está volviendo muy rápidamente, o ya está hecho un desastre, para la mayoría de la población mundial, lo que quiere decir más de 65 por ciento de los seres humanos de nuestro planeta. Veamos nuestro país completo, nuestras ciudades y sus barriadas, nuestro campo y su periferia. Dígame usted dónde podría con un salario modesto, vacacionar con cierto nivel básico de comodidad, de economía y de seguridad en México. Dígame usted el bonito futuro que le espera a los millones de jóvenes de nuestras colonias de clase media para abajo, con empleos cada vez más escasos, con salarios cada vez más castigados, con prestaciones sociales cada vez más embargadas, con tiempos de traslado cada vez más prolongados, con tiempos libres cada vez más estrangulados, con patrones cada vez más exigentes, con jornadas de trabajo cada vez más inestables, con compañías cada vez más depredadoras de la población y del medio ambiente.
No, así no me interesa la globalización. Muchos adoradores de estas ideas repiten esquemas muy básicos que en la realidad no tienen cabida. Las instituciones educativas no tienen claridad de lo que buscan para mejorar a este su país, todo lo que plantea suena a refrito de lo que viene diseñado desde fuera, desde la reforma educativa hasta la reforma energética o la financiera. No se han definido prioridades claras y alcanzables a mediano y largo plazo, no se piensa en desarrollar industria propia competitiva, todo se reduce a la atracción de inversionistas que nos “saquen” del subdesarrollo, siendo que en realidad vienen por las ganancias, reparten algunas entre sus socios locales y nos dejan la miseria, el daño ecológico y la corrupción cada vez más arraigada.
Pemex y la Comisión Federal de Electricidad (CFE) son los dos ejemplos más claros de esta acción depredadora. ¿Cuáles compañías de nivel mundial? Hoy están endeudadas y cada día que pasa entregan a empresas privadas, especialmente extranjeras, su materia de trabajo y la fuente de la riqueza.
¿Pemex y la CFE son de los mexicanos? Que burla más hiriente siguen repitiendo priistas y panistas coludidos en lo fundamental, el saqueo de los recursos de esta nuestra nación y la explotación barata de su mano de obra y de su actividad intelectual.
Globalización de la miseria y concentración de la riqueza, ese es el signo de nuestros días. Todo ello con una situación de falta de oportunidades y de libertades efectivas muy extendidas. ¿En el lugar donde estudias, vives o trabajas existe libertad de palabra y democracia?

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