Gobernadores, la diferencia…

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Moises Sanchez Limon

Ayer, la oficina de prensa de la presidencia de la República difundió un escueto comunicado respecto de un tema que ha hecho crisis en la administración de Enrique Peña Nieto, el de la corrupción en las altas esferas de la administración pública estatal, sin que ello deje de lado a la federal.
Y no es que los tres gobernadores electos que se reunieron, por separado con Peña Nieto, estén bajo sospecha de la comisión de algún ilícito. No. Ellos van de entrada, pero por lo menos dos de sus sucesores dejan un tiradero y, sobre todo, endeudamientos generados por la galopante corrupción.
El comunicado refiere:
“El presidente de la República Enrique Peña Nieto se reunió, por separado, con los gobernadores electos de Veracruz, Oaxaca y Tlaxcala, Miguel Ángel Yunes Linares, Alejandro Murat Hinojosa y Marco Antonio Mena Rodríguez, respectivamente.
“Sostuvo con ellos un diálogo sobre la situación actual en sus entidades; conversaron sobre distintos proyectos y programas que desarrollarán en sus respectivas administraciones estatales.
“El primer mandatario les reiteró su felicitación por el triunfo que obtuvieron en las elecciones del pasado 5 de junio.
“Y les expresó su compromiso por impulsar un trabajo conjunto con sus gobiernos, que permita un mayor desarrollo en las entidades referidas.”
De los tres gobernadores electos, solo Miguel Ángel Yunes Linares enfrentó a los colegas de la fuente presidencial, por elementales razones: su antecesor Javier Duarte de Ochoa está prófugo con calidad de gobernador con licencia y acusado de enriquecimiento ilegal, lavado de dinero y otros etcéteras realizados con los fondos públicos veracruzanos.
El oaxaqueño Alejandro Murat Hinojosa no ha emprendido el cobro de facturas ni anunciado una revisión a las cuentas que le dejará Gabino Cué. Pero por ganas no quedan, porque hay evidencias documentadas de que en la saliente gestión de Gabino sus colaboradores hicieron el agosto de su vida en seis años.
Hay, sin duda, una enorme diferencia entre estos tres gobernantes. Y no es que Mariano González Zarur, gobernador de Tlaxcala, haya sido una hermana de la caridad y pulcro gobernador, pero los acuerdos políticos llevan, por lo general, al carpetazo y olvido. En Tlaxcala se observa esa condición que podría repetirse en Oaxaca, porque si de investigar se trata, los oaxaqueños y malquerientes de Alejandro pedirían investigue a su padre José Murat Casab, quien de pedir prestado a los cuates hace más de tres décadas, pasó a las filas de los mexicanos millonarios. En fin.
En este tenor, llamó la atención la cordialidad con la que el presidente Enrique Peña Nieto recibió al gobernador electo de Veracruz Miguel Ángel Yunes, con quien acordó que se instalarán mesas de trabajo con las secretarías de Hacienda y de Gobernación para resolver la crisis financiera y social por la que atraviesa la entidad, de acuerdo con Yunes.
Según Yunes Linares, le pidió al presidente Peña que tenga una consideración especial con Veracruz, debido a las difíciles circunstancias por las que atraviesa y puntualizó que los indicadores económicos, sociales y de seguridad pública han caído drásticamente en los últimos años.
La reunión fue de más de dos horas; originalmente se previó sería una hora máxima. Pero conforme con lo declarado por Yunes, quien evitó descalificaciones, Peña Nieto expresó su compromiso por impulsar un trabajo conjunto con su gobierno, que permita un mayor desarrollo en la entidad.
Yunes Linares dijo por su lado que confía en que pronto se logre recuperar al estado, que está sumido en la crisis económica, política y social, e incluso invitó al presidente a su toma de posesión, el próximo primero de diciembre.
Y mire usted, Yunes rechazó que en el encuentro se haya abordado el tema del prófugo gobernador con licencia Javier Duarte de Ochoa.
Insistió, sí, en que la transición de gobierno se debe ajustar a lo dispuesto por la ley, es decir, que el gobierno saliente liquide las deudas de corto plazo, que son 17 mil millones de pesos y no debe dejar adeudos pendientes, como el caso de los municipios y el caso de la deuda con la universidad.
Yunes no desaprovechó la oportunidad. No le va pelearse con el presidente de la República. ¿Para qué aislarse cuando tiene una crisis de caja, social y política con una rebelión de alcaldes? Esa es la diferencia entre hacer campaña electoral y el diálogo para poder gobernar. Yunes tiene su momento y no lo puede desaprovechar con bravuconadas. La ley es una. Digo.

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