Dos realidades contradictorias recorren los medios de comunicación: por un lado, las severas advertencias de que seguirá ascendente el ritmo de la inflación, la parálisis de la planta productiva, y la recesión económica. Por otro, las buenas nuevas de los suspirantes políticos para el aparato exportador sobre la recuperación del peso.
Son dos realidades económicas y políticas que se contradicen por sí mismas. Seamos claros, en ningún país serio podrían convivir, sin causar estragos radicales, cuyo cuidado es dejado aparte. No puede ser, opina la gente con tres dedos en el caletre, que convivan así nada más, sin excluirse y definitivamente rechazarse.
No es posible que mientras tenemos un peso competitivo, tengamos una economía en ruinas, rumbo a la extinción. Por más que los banqueros digan que se tiene confianza en el rumbo y, al entrevistarlos, opinen que no tienen confianza en los grumetes del barco. Son dos realidades también excluyentes.
El valor de una moneda solo lo soporta la estructura económica de un país. Es una verdad de Perogrullo que a ninguno de los toluquitas interesa. Ellos están en su juego de abalorios, y jamás repararán en que la frivolidad sobre esas materias fundamentales puede ser tan dañina como la ignorancia y el descuido.
La estanflación no puede ser compatible con el progreso. Ni aquí, ni en China, o cualquier lugar que se nos ocurra. Convivir con una alta inflación, que repercute en los más vulnerables, falta de empleo y ausencia de productividad, mientras se asegura que el peso se recupera, debe tener una explicación congruente, mínimo.

No es recomendable que los suspirantes priistas abran la boca

Todos los presidenciables priistas celebran en tono de triunfo arrasador las conquistas diarias del peso frente al patrón dólar, mientras los responsables del control de la inflación se truenan los dedos para atemperar su belicosidad y reconocer que así no se puede. En estos momentos, no es recomendable de ninguna manera que los suspirantes priistas abran la boca cuando la tempestad apenas ha comenzado.
Máxime, cuando lo que está pasando en el terreno de la especulación monetaria pasa por encima de sus cabezas. Es más, ni saben a qué se debe. O si algunos saben, le hacen al Tancredo para no distraer todos los movimientos financieros que acontecen tras bambalinas. El moche se impone, como siempre.

La estanflación no corresponde
con la apreciación del peso

La alta inflación, que no tiene para cuando cesar, el encarecimiento, la falta de empleo, el cierre de plantas y negocios, el nulo crecimiento económico, que todos pronostican, no volverá a pasar del uno por ciento del producto interno bruto, el estancamiento productivo, y lo que usted guste añadir, no corresponden con la apreciación del peso.
Nadie puede asegurar que seguirán las inversiones, mientras sotto voce, los empresarios que deben efectuarlas incriminan a los responsables en el gobiernito de que la economía no demuestre señales de transparencia, seriedad, oficio, honestidad en el manejo del gasto, pericia para enfrentar las dificultades, y finalmente, desconfianza en los objetivos del propio país, que cada día agoniza en solitario.

“Economía ficción”, para el goce y disfrute de las élites

‎Nadie se explica que si el peso está ganando terreno, por qué entonces los productos de importación, que son casi todos, suben acelerada y constantemente de precio, amén del encarecimiento generalizado de todos los productos de la canasta básica para el consumo de las inmensas mayorías de nuestra población. Y todo eso, nunca ha sido mejor llamado, que
“economía ficción”. Un aparato de relumbrón, para el consumo de las élites.
Se trata de generar una sensación, un sentimiento de inclusión y generosidad de quienes mandan entre la sociedad, cuando la realidad es que no se gobierna para producir, menos para distribuir, cuando todo se enfoca hacia la simple percepción, al servicio del juego de espejos.
Todo el esfuerzo del presupuesto que nosotros pagamos con impuestos está enfocado a la magia de las encuestas truqueadas, al publirrelacionismo inútil de la casa presidencial, al reparto de favores y concesiones sin límite para callar las bocas que podrían ser críticas, a los enormes costos mediáticos de las sandeces con las que nos bombardean, para que votemos en favor de los primitos de Peña Nieto y sus favoritos de toda laya.

Pero todo hace agua, más temprano que tarde

Y es entonces, cuando la terca realidad nos obliga a pensar. Cuando se les reviran sus planteamientos superficiales de escaso alcance, cuando el gobierno es pasado a la báscula de la razón ciudadana, cuando sufren los descalabros que todavía no alcanzan a asimilar. Todo hace agua, más temprano que tarde.
Si pudo ser posible que la población pasara por el cedazo oportuno las viles maniobras de entreguismo que se fraguaban en otro país, frente a medios extranjeros, a espaldas de nosotros, ¿cómo es posible que lo que está pasando con nuestra economía y nuestros bolsillos no acabe siendo comprendido y juzgado por quienes lo sufrimos?
Es ingenuo y vil creer que los mexicanos podamos tragarnos las ruedas de molino que se derivan de todas las estulticias de los de Atracomulco. Menos, cuando ya sabemos de qué pata cojean, cómo masca esa iguana. Ningún dinero alcanzaría para acabar con el raciocinio elemental de una población defraudada y desesperada.

Sin el respaldo de nadie para subastar el territorio nacional

‎Definitivamente, la realidad estanflacionaria de la economía mexicana es producto de las decisiones económicas, políticas y sociales de los toluquitas, pues desde que llegaron al poder se han dedicado a sustraer el circulante monetario, implantar reformas fiscales recesivas y gobernar sin un solo programa presentado en campaña.
Nunca obtuvieron el respaldo ciudadano para destrozar la Constitución y arrojar como sustituto infame de lo que quedó de ella el Pacto por México, una simple ocurrencia de políticos de la oposición que sufrían ante la inminencia de quedarse sin hueso, fuera de todo presupuesto. El famoso pacto fue el salvavidas de un toluquismo sin idea ni rumbo.
Nunca han obtenido el respaldo de nadie para subastar el territorio nacional y escriturarlo a nombre de compañías petroleras extranjeras, previo compromiso con sus prestanombres nativos. Nunca han tenido la aprobación para despreciar a los connacionales desplazados, mientras les urgen a enviar sus remesas, cada vez más importantes que petróleo, productividad y turismo.

De CSG a EPN, han dejado al país en la quinta pregunta

Peña Nieto, su Jefe Vi(rey)garay, el Guasón Meade, y un grupito de empresarios que no representan a nadie se han repartido un pastel ficticio. Hasta las promesas de compromisos como el nuevo aeropuerto que ahora reconocen se terminará, si es que se empieza, dentro de 50 años, cuando sus choznos sigan disfrutando todo lo que se han robado ahora.
Peñistas, salinistas, zedillistas y sus contlapaches panistas nos han dejado un país en la cuarta pregunta, sin un solo indicador de crecimiento verdadero. La economía, la política, el aparato productivo, las relaciones con los mercados exteriores, el manejo de los elementos fundamentales, no lo han conocido jamás.
Y ahora presumen de una apreciación del peso, que se debe esencialmente al manejo de cifras y numeritos de los grandes especuladores bolseros y financieros, que ellos protegen con leyes mercantiles, civiles y comerciales a modo, y con un aparato ñoño de justicia penal, administrativa y electoral.

Los trusts extranjeros perdieron la confianza en México

La apreciación del peso no responde a los indicadores fundamentales de esta economía en ruinas. Si acaso, es el reflejo de la pérdida de confianza de los trusts extranjeros en los dislates de Trump, que han provocado una bancarrota generalizada en las perspectivas de empleo y de comercio de los Estados Unidos, mientras que aquí los toluquitas se pliegan a todos sus caprichos.
Los tropiezos de Trump ante la solución del destazado Obamacare, su imposibilidad de programa para ofrecer empleos alternativos, su lucha denodada contra la razón política, corren paralelos a la infamia del toluquismo que nunca sabrá qué está pasando fuera del alcance de sus narices.
Esa es nuestra cruda realidad. Lo que digan los autollamados presidenciables, solo son cuetes para ciegos y sordos.
¿O usted qué hubiera hecho?, pregunta el que, ciego, da los bastonazos en Los Pinos.
Índice Flamígero: Escribe, desde Torreón, Coahuila, don Miguel Ramírez: “Lo que está sucediendo en torno a Eva Cadena, debe poner en alerta a AMLO. La bien señalada mafia del poder –la que algunos entrecomillan y para ellos no existe y sólo es un grupo de antiguos boys scouts o miembros de un club de Tobi infantil–, está haciendo hasta lo indecible para tratar de detener al tabasqueño en su carrera hacia la Presidencia de la República. Van con todo. Su preocupación está completamente justificada. Morena, el partido que AMLO preside, no tiene ni siquiera tres años de haber recibido su registro y ya encabeza las preferencias a nivel nacional para los comicios del 2018. Delfina Gómez ya se colocó en primer lugar para ganar la elección del Estado de México. Se dice que en Veracruz un 70% de la ciudadanía apoya a Morena. El mismo López Obrador, obviamente, en todas las encuestas referentes a la elección del próximo año se ubica en primer lugar y no se ve un rival que pueda vencerlo. Por eso es que al PRIAN no lo calienta ni un cautín. En igual situación están todos aquellos que de alguna forma reciben beneficios del tipo de gobierno nefasto que hemos tenido desde hace décadas. EPN lleva gastado un promedio anual de 7 mil millones de pesos en publicidad. Si AMLO llegara a la presidencia, esta cantidad exorbitante e irracional será reducida drásticamente y muchos serán los que resultarán afectados por ello, por lo que ya están tomando parte en la guerra de calumnias contra López Obrador. Éstas son tan burdas y falsas que con el paso de muy breve tiempo desaparecen. La base que da apoyo a AMLO es muy sólida y no se deja engañar fácilmente. Estamos en la antesala de un cambio real para México que permitirá un desarrollo para una mayor cantidad de gente.”
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