Raúl Rodarte García

Ciencias políticas y
administración pública

En el momento que el gobierno mexicano aceptó las imposiciones de la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos) en reformar la educación en México, se inició un ciclo de luchas magisteriales para detener la llamada reforma educativa que, como se ha expresado en otros trabajos, es una reforma punitiva donde el gobierno junto a los grandes empresarios determinó que los grandes culpables del problema educativo eran los docentes, así que durante este sexenio ha sido uno de los sectores laborales más castigados.

En este sexenio se han asesinado profesores, se les ha despedido por no presentarse a una evaluación, se les han cambiado las condiciones de trabajo y en fin, sus percepciones hoy son menores a pesar que el gobierno se ufana de haber mejorado ese sector.
Y en el afán neoliberal se sigue exigiendo la transferencia del sector educativo a la iniciativa privada, pero en el colmo de la aberración, ellos quieren que les pague el gobierno para brindar educación supuestamente mejor.
Los últimos datos del Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación (INEE). Mostraron que la diferencia entre educación pública y privada no existía, que los dos sistemas en 2017, y con la reforma educativa en marcha, habían mostrado retrocesos comparados antes de 2012.

A nivel superior, las medidas neoliberales impuestas desde la Secretaría de Educación Pública (SEP), significaron la reducción de la carga académica (menos números de hora clase que significan menos profesores) control sobre la remuneración por hora de académicos. A los profesores investigadores de tiempo completo se les obliga a un incremento salarial federal siempre menor al índice de inflación y se implantaron sistemas de evaluación anuales con el fin de compensar con “estímulos” monetarios la mayor productividad y, principalmente, controlar la sindicalización evitando la nueva incorporación de trabajadores y así brindarles menores percepciones.
Es así como el movimiento de huelga de los trabajadores de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo (UAEH) se enfrentó al poder de un gobierno defensor del neoliberalismo, con el pretexto de eliminar a personajes universitarios descargó todo su odio y coraje a la universidad a través de los medios y de su secretario de gobierno que en editoriales escribieron expresiones como “la universidad vive uno de sus peores momentos en cuanto a imagen pública y crisis interna” o los profesores tienen muertas las instalaciones o que son culpables de la crisis económica de Pachuca por los recursos que dejaron de circular o el absurdo al afirmar que el incremento a las prestaciones evitaría “el gasto comprometido en salud, seguridad y las miles de raciones alimenticias para niñas y niños, entre otros.”
Así que muchos medios, supuestamente críticos, alentaron la satanización de los trabajadores universitarios para ser desalojados de las instalaciones para que “55 mil alumnos tuvieran clases”.

Las consecuencias directas de los señalamientos irresponsables es que en algunos campamentos de trabajadores hubo insultos y agresiones por desconocidos automovilistas que circulaban sin placas, además de las agresiones vía redes sociales a la universidad.
Se llegó al colmo que unos columnistas, de un periódico ligado al gobierno y que cada sexenio aplaude al gobernador en turno, pidió la renuncia del rector.

Curiosamente, al catalogar a la UAEH como una institución retrograda y anclada en el pasado, los únicos que mostraron un conservadurismo extremo fueron el gobierno estatal y los medios de Hidalgo. Primero con expresiones demagógicas como la siguiente: “Con voluntad y espíritu conciliador” o “El gobierno del Estado de Hidalgo reitera su respaldo a los trabajadores, académicos y administrativos, así como a las autoridades universitarias, y de manera especial a los estudiantes y a sus familias, quienes día a día se esfuerzan por contar con una educación de calidad.” Pero que sus editorialistas desmentían de inmediato al afirmar que el grupo que con tantos años al frente (de la UAEH) “no hayan podido encontrar una forma alterna de hacer sustentable la operación universitaria. Es decir, llevan más de tres décadas practicando el mismo credo, pedirle al gobierno” (cuando eso es una obligación constitucional).

Esa afirmación, y otras de algunos editorialistas que alegaban alrededor de las empresas universitarias, solo desenmascaraban la verdadera intención de apropiarse de la UAEH como una gran empresa que les genere dinero a aquellos políticos que son parte de la élite estatal y que por años se han enriquecido desde el poder.
Cuando los dirigentes universitarios estaban afiliados al Partido Revolucionario Institucional (PRI) no había problema mientras cumpliera su cuota política de acarreos y votos (algo similar a lo que ocurre en el SNTE que muchas veces paraban clases para publicitar a candidatos priistas), pero hoy, que ese partido se resquebraja, sus fieles adeptos llaman a la venganza contra los desertores (o como los llamó de manera racista el dirigente del PRI: los prietos).

Algo de lo que afirmaron los medios es cierto, y es que el país y el Estado necesitan un verdadero cambio, en primer lugar, que se constituya la democracia donde la sociedad verdaderamente gobierne este país y que elimine las élites, y segundo, democratizando a los medios, que como afirma un semanario nacional, se concentran en las manos de 15 familias todas ellas ligadas al PRI y al gobierno.

Comentarios