Cuando hace cuatro semanas perdió a manos de la Armada de México la coordinación de puertos y marina mercante, donde el titular era Guillermo Ruiz de Teresa; Emilio Gamboa Patrón aún siguió siendo factótum en la Secretaría de Comunicaciones y Transportes, donde tiene escrituradas como si le fueran propias varias direcciones.
Gamboa, quien fue titular de la SCT en el fatídico sexenio del espurio Carlos Salinas de Gortari, aún mantiene, entre otras, Telecomunicaciones de México (Telecomm), donde despacha como director general Jorge Juraidini Rumilla, quien además es su suplente en el Senado de la República. Esto es que, en caso de que el yucateco tuviese que dejar el escaño por algún escándalo de espionaje, por ejemplo, Juraidini lo relevaría.
Antes de entrar a la “grilla”, Juraidini se desempeñó 12 años, de 1997 a 2009, como director de relaciones con el gobierno del Grupo Femsa, principal embotellador de Coca-Cola –y otras bebidas endulzadas– en México y parte de América Latina. Ese mismo cargo de abrepuertas lo ocupa hoy otro miembro de la pandilla político-financiera que encabeza Gamboa Patrón: el zacatecano Genaro Borrego Estrada.
Borrego, tuvo a su cargo –with a little help of his friend, Gamboa– las negociaciones con la SHCP y con la Cámara de Diputados cuando, los últimos meses de 2013, se aprobó que los refrescos y otras bebidas altamente azucaradas pagaran al fisco un peso por cada litro comercializado. Todo un éxito la negocia$ión, pues ese peso equivale aproximadamente solo a 10 por ciento gravado, en tanto en otras partes del planeta esos brebajes tributan hasta 20 por ciento.

¿Espiaron los refresqueros a los activistas?

Como en la vida –y en política, menos– no existen las coincidencias, he aquí que tres de los activistas que impulsaron el impuesto a las bebidas con alto contenido de azúcar fueron espiados a través de sus teléfonos celulares, según reveló la investigación del diario The New York Times publicada el 11 de febrero.
¿A quién interesaba saber qué llamadas recibían o hacían, qué mensajes intercambiaban los activistas Simón Barquera, director de investigación en políticas y programas de nutrición del Instituto Nacional de Salud Pública; Luis Manuel Encarnación, exdirector de la Fundación Mídete; y Alejando Cavillo, fundador de El Poder del Consumidor? ¿Al gobiernito de EPN? ¿O a los refresqueros, quienes se sentían afectados por la iniciativa que estos empujaron?
¿Tiene algo que ver el hecho de que el vendedor de Pegasus y de otros softwares espías sea Rodrigo Ruiz de Teresa, hijo del excoordinador de puertos y marina mercante, miembro de la pandilla que capitanea Emilio Gamboa y en la que son tenientes Borrego y Juraidini?

The New York Times: el gobiernito
usó la plataforma Pegasus

No fue esa publicación del 11 de febrero la única en la que el diario neoyorquino abordó el condenable asunto del espionaje en nuestro devastado país. El 19 de junio amanecimos con otra publicación, esta vez en la primera plana, titulada “Using texts as lures, government spyware targets mexican journalists and their families” –en traducción libre: “Usando textos como señuelos, software espía del gobierno tiene como blanco a periodistas mexicanos y a sus familias”–, que en la edición en español se tituló “Somos los nuevos enemigos del Estado: el espionaje a activistas y periodistas en México”, firmadas por Azam Ahmed y Nicole Perlroth.
Diarios y portales en Internet, destacadamente el de Carmen Aristegui, cuyo hijo Emilio fue objeto de condenable intervención de su equipo celular, amplificaron el reportaje, que refería a dos publicaciones previas del NYT –una del 2 de septiembre de 2016 sobre el pesimismo generado por la caída de las expectativas económicas generadas por los toluquitas, que no tuvo gran impacto en México; otra del 4 de enero de 2017, sobre espionaje en el PAN en 2014, cuando la militancia blanquiazul elegiría a su dirigencia nacional–.
El enojo social y el escándalo no cesan desde el 19 de junio, hace ya casi dos semanas. Medios de comunicación y redes sociales han actuado como caja de resonancia y no han faltado líderes de opinión, y hasta el presidente del PAN, quienes se han dicho atacados por la tecnología Pegasus, el software de origen israelí desarrollado por la empresa NSO Group, que solo se vende a gobiernos.
No fue esa la primera ocasión que el NYT hizo referencia a esa empresa y a ese software. En el artículo del reciente 11 de febrero, el del espionaje a Barquera, Encarnación y Calvillo, se lee que los celulares de esos tres activistas fueron intervenidos mediante un programa espía desarrollado por la empresa NSO.

Pero Pegasus no requiere de enviar mensajes para activarse

De acuerdo con especialistas consultados, Pegasus es considerado mundialmente como el Rolls-Royce de los sistemas de intrusión de dispositivos telefónicos móviles. Pero no es el único en operación en México, aunque sí el más sofisticado, ya que su forma de ataque es, en la mayoría de los casos, totalmente indetectable.
El software, desde sus orígenes, tuvo una capacidad para contaminar, de forma subrepticia –stealth, en el lenguaje de los programadores–, cualquier dispositivo conectado a una red telefónica.
Es decir, no se requiere de ninguna intervención del usuario del teléfono “inteligente” –como dar un clic en algún mensaje, cual han denunciado que hicieron los periodistas y activistas espiados– para que su dispositivo sea infectado.
El debut de Pegasus fue a finales de 2010. Entonces tenía capacidad para infectar teléfonos con sistemas operativos OS Blackberry, Symbian de Nokia, iOS de Apple y Android, para múltiples plataformas: Samsung, LG, Huawei, etcétera. Todo ello sin necesidad de mandar mensajes de texto a los usuarios o tratar de engañarlos para que accedan a una liga o a un programa de infección.
Google, dueño del sistema operativo Android, ha hecho una gran labor de investigación para detectar programas de cómputo con patrones de operación similares a Pegasus, y aunque ha liberado algunos parches para su sistema operativo, hasta hoy NSO mantiene la capacidad de infección stealth con su programa Pegasus.

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