Imaginemos que hoy en el estadio Santiago Bernabéu el árbitro central grita “¡Gol gana!” en lugar de hacer sonar su silbato para inaugurar el juego entre Real Madrid y Barcelona. Habrá hombres jugando como chiquillos, imaginando que los observan la maestra y su auxiliar y no alrededor de 650 millones de personas. Gritarán, darán patadas y manotazos, le harán hoyos al uniforme y alguno terminará con lágrimas en los ojos.
Los dos salones archirrivales de la misma generación se enfrentan. A uno de los dos equipos le toca jugar del lado que no da el Sol; el otro se las apañará con el cegador resplandecer de la estrella cósmica como rival extra. La maestra castigó a uno de los chicos del quinto B por tres recreos por decir palabrotas, y esto preocupa a todo el grupo. Además, vienen de perder contra el C en la clase de educación física. Por su parte, el A derrotó al sexto A a la hora de la salida hace unos días con tres goles del chico que ya se entrena con chavos de secundaria.
Y llega el día. Cuando eres niño y un envase aplastado de yogur sustituye a la número cinco, los suéteres y mochilas la hacen de metas y los zapatos de vestir se convierten en botines de taco de aluminio, no podría haber mayor motivación que ganar. Vencer al rival que, por lo general, es siempre el mismo: el quinto A contra el quinto B. Suena la campana del receso y el grito de guerra es exclamado: “¡Gol gana!”. Y sabes que no es solo el partido. El vencedor se irá feliz a casa y dormirá pensando en ese gol de oro que valió desgarrar el pantalón del uniforme.
La analogía tiene lugar a que, en efecto, han sido pocas las veces recientes en las que un clásico decide prácticamente al campeón de la liga española. Si Barcelona gana en cancha ajena, le estará pisando los talones a los merengues y todo se decidirá hasta el último suspiro del campeonato. Si Real Madrid triunfa ante su gente, fue todo para los culés. Hoy seremos testigos de una auténtica final. Podría decirse, sin duda, que el que saque los tres puntos de la capital hispana agregará un nuevo trofeo a su vitrina en mayo.

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