“No puedo decir si las mujeres son mejores que los hombres. Sin embargo, sí puedo decir sin dudar que no son peores” Golda Meir “El pesimismo es un lujo que un judío nunca se puede permitir” Golda Meir La historia de todas las épocas y de múltiples acontecimientos, como todos tenemos conocimiento, siempre ha sido escrita por los hombres, y aún en la actualidad, cuando se estudia en un manual que condensa los más importantes acaecimientos de la historia de la humanidad, nos encontramos casi siempre que son las figuras masculinas quienes lo realizan. Por otro lado, y es inevitable dejar de mencionar que: durante siglos las mujeres han sido excluidas no solo del poder, sino también de la literatura, la educación, la ciencia, las diferentes profesiones y su impronta en la historia solo puede ser, por ello, más débil.

A la mujer se le ha atribuido el adjetivo “débil”, la cual de acuerdo al diccionario nos dice que es la “persona que tiene poca fuerza o poca resistencia física”, quizá sí, ya que como mujeres nunca tendremos la fuerza física de un hombre; pero también dice que es la “persona que tiene poca fuerza o poca resistencia anímica o moral para soportar o afrontar situaciones difíciles”. (FARLEX, 2016).

Ciertamente, como mujeres jamás tendremos la fuerza física que tiene un hombre, pero, en el aspecto moral para soportar o afrontar situaciones difíciles, el sexo femenino es mucho más fuerte que el hombre y en ese aspecto lo ha demostrado en repetidas ocasiones a través de la historia, cuantos sufrimientos ha tenido una mujer en su vida y aun así ha demostrado su fuerza de valentía y los enfrenta para salir adelante; por otro lado, su fuerza de carácter para salir de tantos problemas, los que ha tenido que resolver por sí sola, enfrentándose al sexo masculino y demostrarle que también puede obtener un premio Nobel en ciencia y en literatura, por ejemplo.

Quitarnos el adjetivo de débil, de estar siempre en casa atendiendo al esposo e hijos y dejar de ser un objeto de adorno en casa, con una constante de restricciones que limitaban mucho a las mujeres, estaban confinadas al hogar, al convento o a la Iglesia. Encerradas, enclaustradas en su casa con la familia, llámese con el padre, madre o ambos, marido o compañero; en los conventos llamados casas de Dios; o en alguna más de recogimiento pero definitivamente, la mujer se encontraba viviendo en la cultura de un silencio total y por supuesto sin poder opinar nada (Alaníz, 2009).

Sin embargo, eso no expresa que a pesar de todos los intentos que el sexo masculino ha realizado por dominar en su totalidad la escena, muchas mujeres a lo largo de la historia no hayan logrado su objetivo de emerger y, en cierto modo, robar el escenario al denominado “sexo fuerte”. Las mujeres talentosas, fuertes de carácter, con valentía con una fuerza de voluntad mental y particular, las “señoras de hierro” son las que han luchado toda su vida para que se les reconozcan las oportunidades que para sus colegas masculinos casi se daban por aceptadas tácitamente.

En anteriores espacios se ha hablado de algunas de esas mujeres fuertes y valientes, y hoy será una más, ella mostró un carácter y firmeza que muchos hombres no lo hicieron, Golda Meir, gran mujer hecha para la política, tuvo los cargos de embajadora de Israel ante la Unión Soviética del 2 de septiembre de 1948 al 10 de marzo de 1949; ministra de Trabajo de Israel del 10 de marzo de 1949 al 19 de junio de 1956; ministra de Asuntos Exteriores de Israel del 18 de junio de 1956 al 12 de enero de 1966; miembro de la Knesset por Mapai del 12 de febrero de 1949 al 23 de enero de 1968; ministra del Interior de Israel del 16 de julio de 1970 al primero de septiembre de 1970; miembro de la Knesset por el Partido Laborista Israelí del 23 de enero de 1968 al 3 de junio de 1974; primera ministra de Israel y lideresa del Partido Laborista Israelí del 17 de marzo de 1969 al 3 de junio de 1974.

Golda nació el 3 de mayo de 1898 en Kiev, Ucrania; ella ocupó el séptimo lugar de los ocho hijos de la familia Mabovitch, su padre fue Moshé Mabovitch y su madre Blume, familia judía tradicionalista muy humilde que radicaba en Kiev, actual capital de Ucrania y que formaba parte del imperio ruso; a causa de la pobreza extrema en la que vivían y las enfermedades, cinco de sus hermanos fallecieron siendo pequeños. Ellos sufrieron los pogromos antisemitas que asolaron a los judíos europeos a principios del siglo XX, por lo que su padre de oficio carpintero decidió emigrar a Estados Unidos en 1903 en busca de sustento, dejando a su esposa con las niñas: Golda, Zipke y Sheyna. (Claybourne, 2003).

Encontrándose solas las cuatro mujeres y en la miseria, la madre decidió marcharse con ellas a Pinsk (Bielorrusia) donde radicaba su familia materna en busca de mejor suerte y para 1906 la madre decidió reunirse con su esposo llevándose consigo a las niñas y lograron establecerse en Milwaukee, Wisconsin. Esos años de pobreza y miseria fraguaron el carácter de Golda, para que años adelante le apodaran La Mujer de Hierro, por lo que ella dijera años después “Llevo conmigo el complejo de los pogromos, lo reconozco –dijo– mi recuerdo más remoto es ver a mi padre tapando con tablas las entradas de la casa, ante la inminencia de las hordas enardecidas, si cabe una explicación al rumbo que tomó mi vida, es seguramente mi deseo y determinación de que nunca más un niño judío tuviera que vivir semejante experiencia”. (Monroy Vesperinas, 2005).

Asistió a la escuela Fourth Street School de 1906 a 1912 y en 1979 esa escuela fue renombrada en su honor como Golda Meir School. A los 14 años inició sus estudios en la escuela secundaria North Division High School y en las tardes ayudaba a su madre en la tienda y como supuestamente ya tenía edad para casarse y no seguir estudiando según su mamá, quien empezó a buscarle esposo, por lo que, Golda se escapó de su hogar, compró un boleto de tren para Denver, Colorado y se fue a vivir con su hermana mayor que ya estaba casada. (Martin, 1988).

En casa de su hermana hacían tertulias nocturnas y ella asistía participando en debates sobre temas de sionismo, literatura, sufragio femenino, sindicalismo y algunos más y en ese momento fue donde inició su verdadera educación y también conoció a un pintor de nombre Morris Meyerson, quien sería su esposo en 1917. En Denver estudió y realizó trabajos durante un año aproximadamente y se regresó a Milwaukee debido a que su padre por medio de carta le solicitó que regresara. Inició nuevamente sus estudios en el North Division High School, graduándose en 1915.

Formó parte como miembro de la juventud de Poalei Zion que se convirtió en Habonim, el movimiento juvenil sionista laborista. En 1916 y 1917 asistió a la escuela normal de Wisconsin State College of Milwaukee, hoy Universidad de Wisconsin-Milwaukee, al graduarse impartió clases en escuelas públicas de Milwaukee que era lo que más le apasionaba: la docencia y la actividad sionista.

En 1915 se afilió al movimiento juvenil sionista, fue elegida representante de su ciudad ante el Congreso Judío Estadunidense. En 1917, Golda participó en una campaña de reclutamiento de la Legión Judía en los Estados Unidos y fue rechazada porque las mujeres no eran aceptadas. Al fin se casó con Morris el 24 de diciembre de 1917 y se establecieron en Eretz, Israel en 1921, siguiéndole sus pasos sus padres en 1926. Se instalaron en un apartamento en Tel Aviv, pidió la pareja ser miembros del Kibutz Merhavia y se los negaron pero Golda insistió hasta que fueron aceptados, pero la vida comunal no le agradó a su esposo y se negó a tener hijos y se regresaron a Tel Aviv y después a Jerusalén donde consiguieron trabajo en una constructora y ahí dio a luz a sus dos hijas. (Syrkin, 1955).

En Jerusalén nuevamente los invadió la pobreza y fue en 1928 cuando le ofrecieron el cargo de directora de Moetzet HaPoalot (Consejo de mujeres trabajadoras) y aceptó, aspecto que dio la ruptura conyugal, se regresó a Tel Aviv. Morris murió en 1951. Golda entre 1932 y 1934 fue enviada a Estados Unidos y aprovechó para tratar a su hija que padecía de insuficiencia renal. Al regresar al país entró en el comité ejecutivo de gremio sindical Histadrut, cargo que ocupó ininterrumpidamente hasta 1948 para posteriormente ser delegada del Partido Laborista y a partir de ese momento fue cuando inició su futuro en el liderazgo de la política de Israel.

Su historia es marcada por la zozobra y la precariedad en la que vivió, por lo que hizo hincapié en dos aspectos principales: los derechos del trabajador (más en las trabajadoras) y el auxilio a los refugiados. A su muerte el 8 de diciembre de 1978, fue homenajeada con calles y premios. La Mujer de Hierro falleció; llamada de esa forma por su estilo de liderazgo y porque se convirtió en símbolo de poder de la mujer en el siglo XX.

“Podemos perdonar a los árabes por matar a nuestros hijos. Pero nunca les vamos a perdonar el hacernos matar a los suyos”
Golda Meir

“No ser hermosa fue la verdadera bendición. No ser hermosa me obligó a desarrollar mis recursos internos. La niña bonita tiene una desventaja que superar”
Golda Meir

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