Golpe de obsidiana

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Golpe

Julia Castillo*

Nunca se sabe qué uso se le dará a las cosas. Yo quería uno desde hacía tiempo, pero me daba entre flojera y pena ir a escogerlo a la sexshop que está cerca de mi trabajo porque están arreglando esa parte de la avenida Insurgentes y hay muchos trabajadores viendo quiénes entran y con qué salen.

Aunque en realidad había estado viendo fotos y leyendo sobre el tema en Internet para decidirme entre un dildo y un “succionador” de clítoris, pero me dijo mi amiga S en mood bruja hetero que si ocupas mucho el “succionador” a la larga los hombres te van a parecer idiotas, lentos, veloces, toscos. No lo sé. Yo lo único que quería era dejar de relacionarme con ellos por un buen rato y seguir el consejo de L, una de mis hermanas: “Ten un tiempo exclusivamente para ti. Desde los 15 años vas de relación en relación, de duelo en duelo. ¡Para ya!”.

¿Dildo con una porno mental o “succionador” sin preámbulos? Me pregunté antes de darle clic a la compra por Internet. Entonces me llegó un whats de L.

“Voy a tomar un avión a la una de la mañana. Pasa al aeropuerto a las 9:30. ¡Ya tengo tus 15 cm de amor! Es de obsidiana (emoji con ojitos de corazones, sticker de un gatito babeando).

” Mi hermana L, la que me regaló el huevito de obsidiana que no había podido usar porque tenía que dejar el sexo un rato, se iba a España a dar la charla “Mi vulva es una medusa” y se le ocurrió llevar el dildo sin caja. Me lo entregó así, frente a todos, como en ofrenda delante de sus hermosos senos a punto de reventar una ombliguera.

“Se llama cuerno de Luna, es 100 por ciento de obsidiana negra. Para trabajar tu punto G, hermanita. Y no te me achicopales, marranita, te traigo el ‘succionador’ de España.

” Me lo dio y me lo arrebató de inmediato para ponerlo encima de nuestras cabezas, abajo de la luz: “¡Mira nomás, mira qué bonito, qué liso, qué negro!”.

Sí, era hermoso.

Habló 15 minutos de las bondades del cuerno de Luna y luego intercaló ideas sobre la charla que iba a dar con plantas y palabras para mi útero y vidas pasadas, acercándose a mi vientre como si estuviera embarazada. Todos nos observaban. Entonces, pensé en los trabajadores afuera de la sexshop. Pero mi hermana cautiva, embelesa y sus palabras son dardos que aciertan.

Nos despedimos con abrazos apretados. Luego me volteé para saber qué hacer con el dildo. Solo llevaba un libro en la mano y una cangurera en la cintura, por suerte el cuerno de Luna cupo ahí, aunque no cerraba y sobresalían unos tres centímetros. Compré un café y me fui al Metro.

Pasadas las 11, atravesé el puente peatonal cercano a la estación Juanacatlán; estaba solo. Caminaba pensando en mi primera vez con un dildo cuando sentí que alguien atrás corrió hacia mí. Me dijo que le diera lo que traía, que soltara el celular. Saqué el dildo porque abajo estaba el celular y el sujeto saltó enfrente de mí.

“¿Qué es eso, cabrona?” “Un cuerno de Luna”, le dije con la voz entrecortada.

“¿Un qué?”, me preguntó.

Sin pensarlo, le pegué en la cabeza con el dildo, tan fuerte que se le cayó la navaja. Y me eché a correr. Reaccionó rápido y fue atrás de mí, no por el celular sino por el cuerno de Luna. Ya sin arma, medíamos lo mismo. Peleamos por el falo negro pero me lo ganó.

Llegué a mi departamento en un minuto y me puse a llorar. Después a reír. Luego a masturbarme.

*Vivía en Pachuca, pero lleva cuatro años disfrutando de los pequeños apocalipsis de la Ciudad de México.

Director del mal: Jorge A. Romero
Colaboradores viciosos: Mayte Romo, Luis Frías, Ilallalí Hernández,
Alma Santillán, Enid Carrillo, Erasmo Valdés, Óscar Baños, Rafael Tiburcio,
Tania Magallanes, Daniel Fragoso, Julia Castillo, Isabel Fraga, Antonio Madrid,
Sonia Rueda, y otros que, si bien no están, podrían caer en el vicio algún día.

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