Nuestro sistema jurídico está absolutamente corrompido desde sus entrañas, bien lo sabe usted. El mayor tribunal mexicano, la llamada Suprema Corta de Justicia se ha convertido en una caverna de pequeños ministros recomendados por un extraño enemigo, que no solo desconocen las leyes, sino que se venden al mejor postor, el que siempre ofrece más dinero por las sentencias.
En solo cuatro años han trastocado el sistema jurídico, el delicado entramado de la convivencia pacífica, tan respetado en una antigüedad que ya no se recuerda, edificando en su lugar una putre pirámide de corrupción cuya altura no conoce límites, pero que está asentada sobre el desprecio y la desconfianza ciudadana de 120 millones de seres.
Esto alcanzó un grado supino de cinismo y atropello, cuando el infame Peñita decidió que todos los nombramientos de los mismos quedaran sujetos a la aprobación de quien en realidad es dueño de toooodo el aparato jurídico mexicano, Humberto Castillejos Cervantes, quien, además finge cómo abogado de la nación, coordinador de las cámaras de Diputados y Senadores y padrino de sus parientes, colocados en todos los ámbitos de la justicia y de la procuración de la ley.

Las leyes… triste soporte
de la ley de la selva

La indefensión de la sociedad mexicana ha llegado al límite de perder toda esperanza en la aplicación de la ley, en la procuración de justicia y en los textos escritos de la legislación, muy bien redactados en blanco y negro, pero relegados desde el momento de nacer o cuando alguien busca la protección para no ser totalmente avasallado por un sistema injusto.
Las leyes, que atiborran los anaqueles y archivos de la jurisprudencia mexicana, son letra muerta. Han pasado a ser los tristes soportes de la ley de la selva. Miles de ellas, lo mismo que decretos, acuerdos y sentencias, forman el testimonio de la vergüenza, el descaro de tener que convivir en la ficción y en el abandono.

En manos de Castillejos,
la constitucionalidad

En la tolucopachucracia el Estado de Derecho es simplemente el estado de ánimo de un acomplejado como Humberto Castillejos Cervantes de quien nadie sabe si en verdad estudió la profesión, si tiene los merecimientos suficientes para ser el verdadero guardián de la constitucionalidad, concepto que suena tan extraño como un burro rosado de orejas fluorescentes.
Quita y pone a los ministros de la corrupta Corta de Justicia, a los magistrados electorales federales, a los más importantes mandos de los juzgados de distrito, de circuito, colegiados o unitarios, a los gerifaltes de los tribunales de justicia estatales, al primo procurador general de la República y frustrado aspirante por década y media más a supremo fiscal de la nación.
En las manos de ese sujeto, empoderado al paroxismo por otro más ignorante e indolente que él, están todas las decisiones sobre el modo de vida, el desarrollo del país, la orientación y aplicación de los fastuosos textos jurídicos de toda índole, la venta de plazas al narco ¡y hasta la última decisión jurídica sobre el triunfador de las próximas elecciones locales y federales!

El sistemita, destruido por
los mismos que acusan

Dígame usted ¿qué ciudadano común, qué inversionista local o extranjero va a depositar sus bienes y sus expectativas de crecimiento en un país como el nuestro, invadido y vejado por tamaña amenaza? ¿Cuál es la posibilidad de que puedan prosperar los planes, si es que los hay, de las mentadas reformas estructurales, si los recomendados de Castillejos son los primeros en aplastar la ley, los convenios comerciales, los negocios públicos y las palabras de los fruncionarios mexiquenses?
Si alguien se ha atrevido a hablar de un golpe de Estado para derrocar al peñanietismo rampante, nadie mejor que los tolucos y pachuquitas para encabezarlo. Es una contradicción absoluta que un sistemita que intenta prevalecer se haya destruido desde la base por los mismos que se desgarran las vestiduras al solo mencionar esa catástrofe política.
Ellos son los que se han dado a sí mismos el tan temido golpe de Estado. Porque éste es solo una consecuencia irrebatible del golpe de Gobierno que han asestado en plena cara de la sociedad indignada, al tomar decisiones desquiciadas, apoyadas por un régimen de justicia demolido, presto a justificar sandeces y asaltos, represiones y desvíos, desfalcos y sentencias absolutorias para los bandidos y capos.
Ellos son los que han desobedecido, negado el cumplimiento de cualquier ley o disposición jurídica. Desde la firma del Pacto, sentenciaron todo Estado de Derecho, pues atropellaron todas las leyes vigentes sobre la defensa de la independencia, la soberanía y el patrimonio nacionales.

Prevaricato, venganzas,
disposiciones injustas

De ahí para acá, en cuatro años se han pasado por el arco del triunfo todas las leyes habidas y archivadas que castigan el narcotráfico, los atracos a la alimentación popular, los intentos de privatizar la educación, el agua, la salud, la seguridad, los altos precios de productos básicos, las conductas abusivas de los gobernantes, las violaciones a los términos de las concesiones públicas… las venganzas criminales que se basan en las influencias de quienes las ordenan y ejecutan, los prevaricatos, las disposiciones fiscales injustas y desproporcionadas, la falta de ética, honradez y el exceso de opacidad en las triquiñuelas de los mentecatos, la falta de respeto al voto popular, la venta del territorio y las traiciones a la patria, por enumerar solo algunas de las que han violado y escarnecido.

Montañas de ignorancia
y más grandes ambiciones

En términos prácticos, teóricos, filosóficos y jurídicos, el golpe de Estado es primero y antes que todo, el desconocimiento mismo de la legitimidad, la credibilidad y la viabilidad del Estado. Cuando los que lo perpetran y lo dirigen desde la inconsciencia son los mismos que están sentados en los máximos poderes, no se llama así, recibe el nombre de idiotez, se define como una absoluta traición a la patria.
Lo peor es que tolucos y pachuquitas no solo han destruido las bases jurídicas de la sobrevivencia, sino toda posibilidad de convivencia, crecimiento económico, credibilidad internacional y respeto hacia los dirigentes que han hecho posible lo que hasta hace poco era sumamente imposible.
A base de montañas de ignorancia y más grandes ambiciones, los toluquitas han demolido hasta el concepto de razón de Estado. Tan es así que ni una sola de sus fallidas explicaciones para justificar sus moche$ en las importaciones carísimas de gasolinas, es asumida por el colectivo ciudadano. Han acabado con todo margen de maniobra para dirigir un país.
A cada balbuceo o mascullo disléxico, los afectados, la inmensa mayoría de mal pagados mexicanos, responde con espontaneidad y hartazgo que rebasa la capacidad de represión de los mastines,‎ el nulo impacto de los medios radioeléctricos contratados por sus publirrelacionistas oficiales, a costos inimaginables para los mortales.

Quintana Roo: sin temor a la ¿fuerza? del Estado

El colmo: que sus mismos cómplices, los capos de la droga manden al caño cualquier temor a la fuerza del Estado. Acaba de demostrarse esta afirmación con un acto de los más sangrientos. No es teoría, es lo que está pasando en la vida real.
El icónico Festival de Música Electrónica, orgullo del turismo nacional, el Gran BPM de Playa del Carmen, Quintana Roo, que congrega a la crema y nata de la música moderna y del turismo de clase mundial, a unos minutos de su clausura, acaba de ser invadido violentamente por los capos de la distribución de la droga, envalentonados porque a alguien se le ocurrió prohibirles el paso a centros nocturnos.
‎El resultado: una feroz y despiadada matanza de turistas nacionales y extranjeros de todas procedencias, que ya es el caldo de cultivo de todos los medios mundiales, escritos y radioeléctricos para acabar de sepultar cualquier tentativa, cualquier proyecto de avance en la antes llamada industria sin chimeneas.

¿Regentar al Estado como si éste fuera un congal?

Y tienen razón los que deturpan al Estado mexicano, porque ya ha dejado de existir. Se lo acabaron quienes más lo explotaron, los palurdos toluquitas que quisieron regentearlo cómo un congal, como parte de sus propiedades mal habidas y exprimidas hasta reventar.
‎¿Qué línea de investigación seguirán ahora los parientes de Castillejos Cervantes, dueños de la procuración de justicia? ¿Con qué miasmas saldrán ahora quienes se acabaron y dieron muerte al Estado? ¿Podrán investigar y procesar a sus compinches, culpables absolutos de la masacre de Playa del Carmen?
¿O usted qué hubiera hecho?, cual pregunta el cazurro de Los Pinos.

Índice Flamígero: Muy prolíficos, desde Fresnillo, Zacatecas, don Alfredo Álvarez Barrón y su alter ego El Poeta del Nopal envían dos epigramas –“Variaciones sobre un mismo tema”– que, estoy cierto, le arrancarán una reflexión, pero sobre todo una sonrisa. 1) ‘La declaración del gobernador de que a los funcionarios estatales se les iba a bajar un 20 por ciento de su salario no es la solución; se necesita que les paguen bien para que no roben”, declaró, textualmente, Arturo Ortiz Méndez, dirigente del PRD en el Estado de Zacatecas. Y aquí el correspondiente epigrama: “Sin caer en el garlito / de ésta compleja teoría / yo sólo les pediría / ¡que roben… pero poquito!” Y 2) “Yo vivo de esto, esa demagogia de decir: con mucho gusto doy la mitad de mi salario, ¿y luego, a robar o qué?”, sostuvo el honorable senador panista Javier Lozano Alarcón al acudir al Congreso local a la entrega del sexto Informe de gobierno del mandatario poblano, Rafael Moreno Valle…”: “No quiere ser un bandido, / afirma con arrogancia, / prefiere seguir prendido / ¡del Cuerno de la Abundancia!”

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@pacorodriguez

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Columnista político desde 1977. Comentarista radiofónico y de televisión. Publica su columna “Índice político” en 47 medios de comunicación de la República mexicana y tres de Estados Unidos. Apunta con el Índice, pero también propone.