Inicio Especiales Gregoria: antes de que nos olviden

Gregoria: antes de que nos olviden

259

Su caso

La vida de Gregoria Ortiz Garnica podría parecer tan común como la de cualquier otra ciudadana de 47 años dedicada al comercio desde hace 30 años, que se casó a los 16 con un policía industrial bancario, madre de dos hijos, abuela de dos niños y oriunda de la colonia Buenos Aires de Pachuca, hasta aquí todo parece normal y tranquilo, pero no lo es porque sus ojos color café lucen ensombrecidos por el dolor, por la angustia y al mismo tiempo por la esperanza que la mantiene de pie desde hace 11 años.

Gregoria no lo sabía, pero el 21 de marzo de 2007 a partir de las 8:30 de la noche su vida dio un giro que convirtió las noches en pesadilla y los días en agonía, “mi hijo Gustavo Alberto de la Cruz Ortiz, de 12 años, desapareció el miércoles 21 de marzo de 2007, recuerdo perfectamente aquella tarde, él y su hermana me acompañaron al lugar donde vendo, cuando se fue a la escuela me pidió su dinero ‘para gastar’, le contesté que su hermana ya se lo había dado y recuerdo perfectamente su sonrisa al responder ‘sí, ya me lo dio’, lo vi alejarse rumbo a la escuela. A las 8:30 de la noche salimos a buscarlo porque su límite de llegada era a las 8 pm; las calles estaban vacías, no había nada. Pensé que se había ido de pinta pero sus compañeros y profesores dieron testimonio que acudió a clases, la realidad es que había desaparecido”.

Luego de buscarlo en hospitales y de agotar todas las posibilidades, levantaron la denuncia en el hospital general, el siguiente paso fue boletinarlo y tres días después, sí, pasaron tres días para que la Policía ministerial contactara a Gregoria e iniciara la búsqueda de un niño de 12 años que salió de clases de la secundaria general número uno y han transcurrido 11 años esperando que regrese a casa.

“Posteriormente fuimos a la Ciudad de México con una asociación que se dedica a presentar los casos en medios de comunicación, ese día llegó a mi domicilio un anónimo donde pedían 60 mil pesos por entregarme a mi hijo, que lo querían para tráfico de órganos; el dinero se llevó al lugar que indicaron pero nadie llegó a recogerlo. Hemos sido víctimas de innumerables intentos de extorsión, que supuestamente saben dónde está, pero es mentira.”

Quizá la última persona con la que Gustavo tuvo contacto fue un amigo al que pasó a visitar al salir de clases, le preguntó la hora, 7:20 de la noche y exclamó “ya me voy porque si no me va a regañar mi mamá”; desde entonces su paradero continúa como un misterio que nadie ha podido resolver, no existen pistas, ni señales, solo preguntas sin respuesta.
“Decliné de la primera asociación porque solo nos utilizaban de relleno en la televisión y yo no quería ni quiero difusión, lo que quiero es encontrar a mi hijo. Dejé de buscarlo un año hasta que ingresé a Sonrisas Perdidas y junto a otras compañeras creamos el colectivo Red de Madres Buscando a sus Hijos. Ahora lo buscamos en semefos y reclusorios; la situación en este país es muy difícil, la comisión ejecutiva de atención a víctimas (CEAV) tiene registrados más de 200 colectivos. Es una realidad que en la Ciudad de México hay más apoyo que aquí, en los casos que veo, quienes encuentran a sus hijos e hijas no lo hacen en buenas condiciones, pero creo que me sentiría mejor, encontrarlo como sea, pero encontrarlo.

“Mis nietos me han dado fuerza para seguir adelante, pero en las noches es cuando me pregunto si Gustavo estará bien, si come, si duerme, si tiene frío, si tiene calor. Dios es quien me manda fortaleza, si no fuera por él yo estaría muy mal porque siento que no soy una mujer fuerte, yo vivo con miedo, me da miedo salir a la calle cuando oscurece, me da miedo por mis nietos, por mi hija, pero tengo que salir a seguir buscando a Gustavo; su desaparición nos quitó ilusiones, sueños, planes que se vieron truncados, a veces pienso: ¿Para qué trabajo?, ¿para quién? Se te quitan las ganas de todo.

“Me doy cuenta que ya no tengo la misma energía que antes, pero me da fuerza pensar que Gustavo está bien y que algún día va a regresar a presentarme a mis nietos, eso me impulsa porque quiero que cuando mi hijo vuelva me encuentre bien para disfrutar el tiempo perdido, no se lo pudo haber tragado la tierra, alguien lo tuvo que haber visto; el colectivo también me da fuerza, estar con ellas me hace sonreír, no me siento juzgada porque vivimos el mismo dolor.

“A las personas quiero decirles que cuiden a sus hijos, un segundo de distracción es una vida de sufrimiento, después que un hijo desaparece ya nada es igual, ya no vives, sobrevives. Seguiré en el comercio y en esta casa hasta que Gustavo vuelva, era un niño de 12 años y sabe dónde encontrarme. Yo no busco justicia, lo único que quiero es encontrarlo, nada más.”

Acaba de leer la historia más difícil que este espacio ha presentado, existen quienes dicen que lo peor que le puede pasar a un ser humano es vivir con angustia, y no existe ninguna palabra que pueda describir, y más aún, comprender el dolor de Gregoria Ortiz Garnica, que mientras relata lo que jamás hubiera deseado a nadie limpia sus lágrimas y su mente regresa 11 años, al 21 de marzo de 2007 para mantener viva la imagen de su hijo mientras sonríe y se despide de ella. Tampoco encontré palabras para describir la mirada de esa mujer, esposa, hija, abuela, madre, madre ante cualquier circunstancia que compartió su vida en esta sección, pero los invito a abrazar y expresar sus sentimientos a las personas que aman; les pido no olvidar el siguiente nombre: Gustavo Alberto de la Cruz Ortiz, ni la esperanza latente en la mujer que lo trajo a este mundo, la misma que hoy nos recuerda que tenemos espíritu pero necesitamos temple.

Nunca sabes cuándo
es la última vez que verás a alguien”, es una frase popular mexicana que hoy se convierte en una sentencia que toma cada vez más fuerza convertida en estadísticas, pues el Registro Nacional de Datos de Personas Extraviadas o Desaparecidas revela que en México 16 mil 594 menores de 29 años están reportados como desaparecidos o extraviados; en Hidalgo, 17 mujeres y 102 hombres no han regresado a sus hogares, y 58 de ellos son menores de edad, Gustavo entre ellos

Servicio social

  • Si usted ha visto
    a Gustavo o puede ayudar en su localización llame al 01 800 00 85 400 o visite la página de Facebook Buscando a Gustavo
  • Si se encuentra
    en una situación similar, puede contactar al colectivo Red de Madres Buscando a sus Hijos al teléfono 551 486 7167

Después que un hijo desaparece ya nada es igual, no vives, sobrevives; no busco justicia, lo único que quiero es encontrarlo, nada más”

Comentarios