Como sucede cada cierre de edición, aquel día me tocó quedarme solo en la oficina. Pasaba de la medianoche cuando Susana, quien enviaba cotidianamente los archivos con las páginas del periódico a la imprenta, se despidió de mí y descendió las escaleras que conducen hacia la planta baja del edificio.

Unos cinco minutos después, mientras redactaba la agenda de trabajo para reporteros y fotógrafos, escuché una fuerte discusión a lo lejos. Se escucharon algunos gritos, como gente discutiendo por algo. Quizá alguien quiso entrar a esas horas de la madrugada y el vigilante simplemente lo rechazó, provocando un altercado.

Luego pensé lo peor, quizá algún loco quería vengarse por alguna nota previamente publicada en el diario. En esos días, como ahora, las bandas del crimen organizado hacían que en la oficina de la redacción estuviéramos permanentemente en alerta. En esas cavilaciones me encontraba cuando, después de algunos minutos de inquietante silencio, escuché pasos. Alguien subía las escaleras.

Pensé varias posibilidades: quizá quien discutió allá abajo sometió al vigilante y ahora subía con sigilo para atentar contra mí. En ese caso tenía que reaccionar rápido, esconderme en algún lugar, subir a la azotea.

Pero era demasiado tarde, los pasos sonaban ya muy cerca, estaba pasmado y solo esperaba ver a quién pertenecían esos pies que cada vez se encontraban más próximos al piso en que me encontraba laborando. En eso la imagen se abrió paso: no era un criminal, era el policía quien se acercaba con la misma expresión que yo tenía.

-¿Escuchó algún ruido, jefe?…

-Sí, oí gritos allá abajo, ¿qué fue lo que pasó?

-Nada jefe, allá abajo sin novedad, pensé que el alboroto había sido acá arriba, por eso subí.

Me quedé en silencio. ¿De dónde entonces habían venido esos gritos? La duda quedó en el aire y al otro día pedí al personal de sistemas que revisara la grabación del circuito cerrado. Así lo hicieron y, en efecto, poco después de la una de la madrugada se escuchaban gritos, gente discutiendo… pero las imágenes no mostraban nada, las escaleras vacías; afuera, en la calle, la soledad que distingue a la ciudad a esas horas de la noche…
Nunca supimos de dónde vinieron esos gritos a la mitad de la noche, pero días después uno de los policías renunció. Luego me enteré que fue porque regularmente escuchaba pisadas, como de un niño… las oía bajar por las escaleras, pero la criatura nunca apareció…

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Periodista desde hace más de una década y director del diario Libre por convicción Independiente de Hidalgo. Es licenciado en comercio exterior por la UAEH y licenciado en lengua y literaturas hispánicas por la UNAM. Colabora como articulista en el diario que dirige y también en el portal SDPnoticias.com. Fue reportero en el semanario Aljibe y Síntesis Hidalgo. Trabajó para los periodistas Ricardo Alemán y Estela Livera en un programa de investigación. En 2007 ingresó a trabajar a Bermellón, Edición e Imagen, despacho donde se desempeñó como jefe de redacción hasta 2009. Es colaborador de la editorial Elementum desde 2010.