Grupos de choque y llamadas, dos caras de la guerra sucia en Hidalgo

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editorial
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Ya van dos ocasiones en que supuestos simpatizantes de candidatos priistas acuden a las instalaciones en donde se llevan a cabo debates rumbo a la elección del primero de julio con objeto de provocar. A alguno de esos brillantes estrategas patrocinados por el partido oficial se le ocurrió enviar a grupos de choque para buscar que sus contrincantes respondan y entonces se justifique colgarles la etiqueta de violentos, porros. Son estrategias de guerra sucia que se repiten cada elección y que anticipan una justa cerrada, nada fácil para el partido que hoy domina los espacios de poder en Hidalgo. Por otra parte, el hecho de que veamos ese tipo de estratagemas habla de que el día de las elecciones y el resto del periodo de campaña veremos cada vez más ese tipo de acciones que ponen en peligro el ya de por sí inestable clima electoral. Esto habla además de que el partido oficial pretende quedarse con sus espacios de poder al costo que sea, no importando que la paz y estabilidad esté de por medio. El gobierno del priista Omar Fayad está obligado a no permitir que la violencia se siente como un jugador más en este proceso electoral, pero parece que eso le tiene sin cuidado. La falta de seguridad al concluir los debates tanto en Pachuca como en Tula denota una omisión sospechosa. ¿A quién conviene que las cosas se salgan de control? Teniendo medios a modo, es muy fácil cargarle el muerto a la oposición. Este es el escenario electoral en un estado poco desarrollado como el nuestro. Esto es un preámbulo nada halagador para el primero de julio. De filón. Otra trastada de guerra sucia es la estrategia de hablar a celulares de posibles electores para propagar información falsa para descalificar a un candidato, como sucede también en Hidalgo.

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