El 11 de septiembre de 2001 fue una fecha paradigmática en la arena internacional debido a la aparición de formas inéditas de violencia que pusieron en jaque el papel de los Estados Unidos como líder hegemónico mundial.
El ataque a las Torres Gemelas de Nueva York generó una revolución de los asuntos militares, los estrategas estadunidenses comprendieron que el campo de batalla se había transformado. Desde esa perspectiva, estamos frente a enemigos no tradicionales, no convencionales, grupos no institucionalizados que operan como ejércitos irregulares, inaugurando la aparición de “guerras asimétricas”, caracterizadas por la lucha entre milicias estatales y enemigos cada vez más difusos.
En ese contexto, las empresas transnacionales militares (ETM) son empleadas por el Ejército estadunidense para eliminar a estos nuevos oponentes (terrorist target), debido a que tienen la presteza y versatilidad adecuada, además que le permite al Estado estadunidense quedar librado de cualquier responsabilidad que lo deslegitime: la invasión a Irak y Afganistán son los ejemplos más evidentes.
En otros trabajos hemos señalado que la simbiosis entre empresas y el Estado estadunidense no es algo novedoso, lo que sí resulta inédito es la participación activa de las ETM en la ejecución de la estrategia de seguridad estadunidense, proceso al que varios analistas han caracterizado como guerras privadas, que dinamizan la industria militar y reactivan los sectores económicos de este país hegemónico.
Las ETM en su mayoría fueron fundadas por exmilitares y con el tiempo ampliaron una gama de servicios bélicos al servicio de los estados de origen: proveer armas y seguridad, apoyo en la logística de prisiones, suministrar personal para interrogar a prisioneros y sospechosos, proveer personal armado, apoyar con soporte técnico y mecánico en cuestiones militares, apoyar en entrenamiento militar, proteger pozos petroleros y proporcionar consultoría militar.

Negocio redondo en
el presupuesto 2018

Según el SIPRI (2015) las 10 principales empresas productoras de armas a nivel mundial en orden de importancia son: Lockheed Martin, Boeing, BAE Systems (RU), Raytheon, Northrop Grumman, General Dynamics, EADS (Transeuropa), United Technologies, Finmeccanica (Italia), Thales (Francia); siete de estas compañías son estadunidenses.
La guía del proyecto de presupuesto del año fiscal 2018 que será presentado al Congreso de los EU es consistente con la visión militarista de este país: “sin seguridad no hay desarrollo”, donde las empresas militares (y la clase política que las cobija) serán las directamente beneficiadas en el esquema de distribución de los recursos de este país.
Los puntos nodales de la campaña de Donald Trump están incluidos en dicho presupuesto: un incremento de 10 por ciento del ya engrosado presupuesto militar para llevarlo a 574 mil millones de dólares, asimismo un aumento de 7 por ciento del Departamento de Seguridad Interior y en contraste, habrá una disminución de 31 por ciento del presupuesto de la EPA, la agencia de medio ambiente. A este presupuesto se le suman los fondos suplementarios 2017 (30 mil millones de dólares) que solicita el presidente para la seguridad fronteriza, deportaciones y el muro fronterizo con México. Los contratistas estadunidenses están a la espera de la gran tajada de pastel una vez aprobados los recursos.
México debe de estar atento a los acuerdos de asistencia militar y de seguridad que suscriba con los EU, particularmente los compromisos adquiridos en el marco de la Iniciativa Mérida. El narcotráfico y la migración ya hacen parte del discurso de los nuevos enemigos de la seguridad de los estrategas estadunidenses.
Si nuestras corporaciones de seguridad mantienen su espíritu soberano con el que fueron fundados y no aceptan la injerencia de los designios del norte, seguramente el vecino del norte lo intentará a través de contratistas militares, pues son empresas que comercian seguridad como cualquier tipo de producto del orden civil. ¿Quién puede negarse a la libre fuerza del mercado? ¿Quién puede negar que la violencia ha rebasado a nuestras instituciones?

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