Entre 8 y 10 mil guerrilleros centroamericanos han tomado posesión del sureste mexicano y parte del centro de la República, aprovechando la porosidad de nuestra frontera sur y las buena$ arte$ de los fruncionarios de migración y autoridades de los tres niveles de gobierno. Han instalado un reino de terror en nuestro territorio. Son cálculos conservadores –aparentemente ignorados por el Cisen–, que no cuentan a los centenares que se sumen estas semanas a esas tareas.
Estamos materialmente infiltrados en la mitad del territorio. Aparte de saqueados y encabronados con los mandarines de siempre, hoy tenemos que soportar albarda sobre aparejo, en función de la desidia y molicie que campean, este desgraciado escenario en el que los vencedores son los mismos.
Robos, asaltos, secuestros, despojos, independientemente de todo tipo de ultrajes y violaciones a las garantías individuales y sociales, son cometidos a mansalva impune por elementos considerados subversivos en Nicaragua, Honduras y El Salvador, de donde proceden en su mayoría, y hacia donde tributan pues, de acuerdo con fuentes de inteligencia extranjera, reportan el fruto de lo recaudado a sus amigos y familiares residentes en los países centroamericanos.
Michoacán, Jalisco, Guerrero, Oaxaca, Puebla, Morelos, Veracruz, Tabasco, Chiapas y la Ciudad de México son los escenarios de crímenes de toda laya. Aprovechando que se ha institucionalizado el hecho de que, además, colombianos sean expertos en el robo a casas habitación, venezolanos clonen tarjetas de crédito y cubanos se hagan pasar con papeles oficiales como colombianos y venezolanos.
Los guerrilleros centroamericanos capitalizan en su provecho todos estos resquicios e intersticios legales provocados por quienes deberían aplicar la ley y ponen el monte sobre la mesa, a disposición del mejor postor. El panorama de rapiña da para eso y mucho más. A río revuelto, ganancia de pescadores.
El fin es recabar fondos económicos cuantiosos para proseguir sus respectivas luchas contra los regímenes establecidos en sus países de origen. ¿Qué mejor que hacerlo en México, país donde la corrupción es generalizada y la autoridad se hace como que la virgen le habla, mientras los criminales reporten beneficio$?
De nada sirve que Ardelio Vargas Fosado, un ambicioso militar disfrazado de civil, esté a cargo del Instituto Nacional de Migración, organismo que solo funciona como receptáculo de mordidas en todo el territorio y se excusa de todo lo demás, argumentando que su función es cuidar la frontera norte, mientras el sur está ardiendo.
Comisionados, entorchados y sicarios que medran al cobijo del Instituto Nacional de Migración han convertido a este país en un vulgar conejillo de Indias, propicio para sus esquilmos y arbitrariedades.
Este inútil y fastuoso Instituto Nacional de Migración fue convertido en cueva de Alí Babá por los esposos Calderón-Zavala, a partir de los jugosos mecanismos de esquilmo y depravación en que convirtieron el trayecto del tren conocido como la Bestia. Cecilia Romero y secuaces panistas, brindaron pingües ganancias a los mandarines blanquiazules, a cambio del estupor y el terror ciudadano.
Las ejecuciones de centenares de migrantes que no cooperaban con los fruncionarios habilitados y sus seguidores y sicarios, dieron fe de salvajes crímenes de odio en campos de exterminio de Tamaulipas, Coahuila, Nuevo León y las fosas propicias que se encontraran en el camino de los centroamericanos hacia la frontera norte del país, para torturarlos, asesinarlos y enterrarlos en el acto.
Ninguna masacre fue siquiera superficialmente investigada. Todo ha quedado en el olvido. Mientras, Margarita y el beodo Felipe de Jesús, con rosario y escapulario en ristre, van mostrando su palmito por la patria, engatusando incautos y vociferando que representan la mejor opción presidencial de este agonizante y exprimido país.
El olvido y hasta ahora la falta de una investigación ministerial objetiva y contundente, que no tarda en llegar, sirve como parapeto para encubrir toda una estela de fraudes, robos y corruptelas que, por lo visto, $alpicaron a muchos afanosos textoservidores y miembros del espectro impreso y radioeléctrico que no dicen ni pío. Al contrario, echan porras interesadas al proyecto político, producto de favores recibidos en gran escala por esta pareja de dizque buenas conciencias.
Miguel Ángel Oso…rio Chong, el jefe máximo de las autoridades migratorias, no ha tocado ni de soslayo, con alguna expresión chusca de su reducido vocabulario, esta realidad que dibuja una auténtica guerra soterrada contra los mexicanos. La seguridad nacional, la tranquilidad pública, valen un sorbete, él anda persiguiendo un sueño político mafufo, imposible y, por tóxico, dañino.
Incluso, en el difícil asunto provocado por los arrinconados africanos y haitianos que tienen tomadas las plazas de Tijuana y Mexicali, la Secretaría de Gobernación no se ha declarado, siendo que se trata de una emergencia humanitaria y de una arista peliaguda en las relaciones migratorias continentales.
Así, cuando decidió que Ardelio Vargas Fosado encarara a los periodistas que deseaban saber cuál iba a ser la ruta crítica para enfrentar el problema de los asilados en Baja California, el comisionado migratorio soltó algunas zarandajas de caricatura.
Para empezar, dejó ver que los miles de hacinados en tiendas de campaña y vivacs de todo género en los espacios públicos bajacalifornianos, no representaban ningún problema.‎ Ahí podían estarse, hasta que los superiores no decidieran otra cosa, ocultando la orden proveniente del norte para que los locales apechugaran con ellos.
Ni por asomo, la existencia de una política asistencial, sanitaria, laboral, de seguridad nacional o demográfica. No pueden ser portadores de alguna epidemia o enfermedad transmisible, “porque tiene meses que atraviesan el país, provenientes de Brasil, y no ha pasado nada”, espetó el rufiancillo. ¡Qué morro de tipejo!
La misma respuesta anodina y venenosa que puede dar Vargas Fosado cuando le pregunten sobre la existencia de guerrilleros centroamericanos en el centro y sureste del país. La misma que se ha dado en todos los casos en los que se ha reportado la existencia de fuerzas armadas extranjeras o de grupos de narcotraficantes que utilizan a los sicarios mexicanos.
‎Hasta provoca recordar la respuesta bufa de Manuel Bernardo Aguirre, entonces titular de la Secretaría de Agricultura y Ganadería, cuando le preguntaron sobre cuánto tardaría el virus de la encefalitis equina, una feroz epizootia, en llegar al Altiplano procedente del Bajío: “Esos bichitos no pueden subir tantos metros sobre el nivel del mar”, respondió el chihuahuense. Y sin embargo, llegaron.
‎Ahí la llevan, según ellos. Es la historia de la indolencia. Mientras, crece geométricamente el hacinamiento africano-haitiano en las goteras de la frontera norte.
‎El hecho irrebatible es que la guerrilla centroamericana prospera en nuestro país. Hay demasiados mexicanos extorsionados, apanicados y asesinados por ellos. Y esto no puede esperar el desenlace de los tiempos electorales para recibir una respuesta contundente de la tolucopachucracia. La grave situación no está sujeta a los vaivenes y caprichitos del ex partidazo.
¿No cree usted?

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Columnista político desde 1977. Comentarista radiofónico y de televisión. Publica su columna “Índice político” en 47 medios de comunicación de la República mexicana y tres de Estados Unidos. Apunta con el Índice, pero también propone.