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Las anteriores dos entregas al diario Libre por convicción Independiente de Hidalgo versaron sobre la vida artística y creativa de Guillermo Cuevas Ramírez, destacado profesor universitario que falleció el 30 de marzo, dejando huella de un hombre de nuestro tiempo; en esta tercera y última llamada citaremos parte de su aportación académica a la institución que contribuyó a desarrollar su proyecto de vida.
Cursó el bachillerato en la Preparatoria uno y la licenciatura en administración pública en la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo (UAEH); habría que recordar que estuvo inscrito en la Escuela de Medicina, sin embargo, su vocación por las artes fue una de sus metas que se fijó y alcanzó con creces.

Ya como egresado por la UAEH, participó en los concursos de oposición y fue titular en el bachillerato en las materias relacionadas con la historia del arte, aportando conocimientos y experiencias para la actualización y rediseño de asignaturas. En la organización administrativa del bachillerato pasó a formar parte de la Preparatoria tres, en la que permaneció toda su vida académica hasta su jubilación, ocurrida hace casi dos años.

Habría que recordar que su primera relación laboral en la universidad fue a finales de la década de 1970 como instructor de teatro del bachillerato adscrito a la dirección de difusión cultural; además, continuó dirigiendo el grupo teatral 2+4. Para esa época existía en la currícula del programa del bachillerato universitario la materia actividades no académicas, en la que el alumno obtenía en su evaluación final la calificación no numérica: acreditado o no acreditado, por lo que no se contabilizaba como crédito académico.

En la década de 1980, el Honorable Consejo Universitario anualmente reconocía el trabajo en materia de docencia, investigación y extensión que desarrollaban a lo largo de su vida académica los profesores, tal es así que en 1989 Guillermo Cuevas recibió el Premio Anual a la Extensión por su dedicación a fomentar y difundir la cultura y las artes.
A partir de 1992, en la administración del rector Gerardo Sosa Castelán se estableció el Proyecto Integral de Transformación Académica, que señalaba como uno de sus ejes de desarrollo la revisión y el rediseño curricular de los programas educativos, por lo que la currícula del bachillerato universitario fue revisada y se determinó que las actividades no académicas, una vez que cada materia contara con sus objetivos, estrategias y metas, serían consideradas con un crédito académico.
Incesante fue el trabajo que desarrollaron Guillermo Cuevas y Alejandra Castañeda Sánchez para cumplir con ese compromiso curricular; el resultado fue la aprobación de talleres artísticos y sus contenidos programáticos que se extendieron a las preparatorias independientes e incorporadas.

A 20 años de distancia de la organización académica de los talleres artísticos, podríamos sintetizar el legado del profesor Guillermo Cuevas: fomentó en estudiantes una cultura para la apreciación de las artes, fomentó la lectura a través de las obras de dramaturgos en sus estilos lingüísticos, desarrolló la práctica de la oratoria, locución, reglas de expresión gramatical, que contribuyen a la formación integral del alumnado; asimismo, enseñó dirección escénica y escenografía, propiciando la formación de jóvenes directores como María del Carmen Chacón, Miguel Ángel Cortés, Víctor Pacheco, Assael Navarrete y Francisco Arrieta, quien recientemente obtuvo la maestría en teatro en Colombia.

Incursionó en el teatro experimental, exploró diversas corrientes teatrales en las que destacan la del rumano Eugène Ionesco, que penetró en los ámbitos universitarios de Europa y Latinoamérica, así como la corriente del teatro histórico clásico y contemporáneo mexicano. Impulsó las lecturas de las obras teatrales de Enrique Ruelas, Emilio Carballido, Ricardo Pérez Quitt, entre otros.
Su entusiasmo por la dramaturgia influyó para que estudiantes y profesores de teatro escribieran pequeñas obras teatrales como La esperanza de la luz de Anel Estrada Islas, quien actualmente es profesora del Instituto de Artes (IA).

Otra de las obras que Cuevas escribió y dirigió fue Los mineros, en la que tuvo un acercamiento con esos valientes hombres; la puesta en escena, a decir de sus amigos y exestudiantes, merece ser publicada, por lo que se ha iniciado una recopilación no solo de ese trabajo, sino de otros muchos como La amenaza roja, que sigue siendo recordada.
A sus actos fúnebres previos a la cremación lo despidieron, entre aplausos y música de mariachis, sus familiares, amigos y estudiantes; emotivo fue escuchar las notas de la canción “Mi viejo” del autor Piero.

Hace días, en una ceremonia privada, quienes tuvimos la oportunidad de asistir fuimos testigos del depósito de sus cenizas en un nicho del cementerio Memorial La Paz; si usted desea visitarlo deberá dirigirse a la rotonda de las criptas, en una de sus fachadas para localizar sus exequias deberá contar curiosamente cuatro criptas en línea horizontal y dos en línea vertical, que da como resultado 2+4, nombre del grupo teatral universitario al que dedicó todo su tiempo.
Se fue Guillermo Cuevas Ramírez, en vida disfrutó todos los días de su pasión, el teatro.
Hasta siempre querido compañero universitario, dejas una escuela y un legado teatral.
Se cierra el telón, un minuto de aplausos.

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