La semana anterior en la primera llamada describimos los primeros años de vida académica y artística de Guillermo Cuevas Ramírez en la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo (UAEH), desde el montaje de sociodramas en las aulas de la preparatoria hasta la publicación de obras de teatro de su autoría, entre ellas Campesinas. En esta ocasión, en la segunda llamada, abordaremos otra faceta prolija de este distinguido universitario recientemente fallecido.

Durante todos los meses del año organizaba montajes para conmemorar hechos históricos, tradiciones mexicanas y otras celebraciones. El primero de noviembre festejaba el nacimiento del grupo de teatro 2+4 y su participación en el festival nacional convocado por el Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA), que tuvo como sede el teatro Juan Luis de Alarcón de la Ciudad de México. Después del obligado estreno de alguna obra de teatro se reunía con familiares, amigos, estudiantes y exalumnos, que se daban cita en su domicilio para hacer remembranza de anécdotas, evocar recuerdos, disfrutar una fiesta de disfraces y charlar sobre la vida del teatro de la UAEH.
Noviembre era propicio para las producciones teatrales relacionadas con la tradición mexicana del Día de Muertos. Dentro de las obras que dirigió Cuevas se recuerda el montaje de Noviembre comenzó con llanto del dramaturgo Ricardo Pérez Quitt, que narra el dolor familiar por la pérdida de un ser querido y las fechas arraigadas entre el pueblo mexicano para recordar a sus muertos.

Ese mismo mes iniciaban a todo vapor los ensayos de pastorelas. En principio, Memo Cuevas trabajó con la obra Pastores de la ciudad de Emilio Carballido. Su presentación se realizaba en el salón de actos Ingeniero Baltasar Muñoz Lumbier, sin embargo, la puesta en escena fue solicitada para presentarse en la Preparatoria uno y después se llevó a Huasca, donde se utilizó como escenario una fachada lateral de la iglesia principal de la cabecera municipal.

El interés por el teatro y las pastorelas en aquella época dio pie en la universidad a la creación de otros grupos, entre ellos Teatro Estudio, que dirigió Arturo Romero; El Juglar Errante y el grupo de teatro de la Preparatoria dos, que dirigió Anuar Jottar Magdaleno.
En diciembre, las agrupaciones de teatro organizaban el Festival Universitario de Pastorelas, que se presentaba en barrios de la ciudad, así como en asilos, orfanatos, primarias y secundarias, tanto de la capital hidalguense como del interior del estado. Memo Cuevas impulsó esa manifestación artística que algún diciembre de la década de 1980 sumó más de 100 representaciones. Hasta la fecha, cada fin de año el grupo 2+4 sigue representando pastorelas y facilitando libretos, asesorías y el préstamo de vestuario a quien tiene interés en las artes histriónicas. Innumerables anécdotas ocurrieron en la trama de las pastorelas, como tener que ocultar y proteger al actor que personificaba al Diablo, quien era perseguido al final de la función por los niños, o conseguir un burro para trasladar en el escenario a la Virgen María. Habría que añadir que el movimiento teatral de pastorales alcanzó a profesores y funcionarios, que en muchas ocasiones montaron, con la dirección de Guillermo Cuevas, las tradicionales representaciones.

Pero durante todo el año seguían las funciones escénicas, en especial cada domingo en el teatro La Garza, espacio que Cuevas convirtió en su casa. Esta edificación en principio fue hecha en 1977 para oficinas administrativas, en el edificio central de la UAEH, en la calle Mariano Abasolo. Dos años después, Memo Cuevas solicitó al otrora rector Carlos Herrera Ordóñez que le facilitara provisionalmente el uso de ese recinto, sin embargo, cada vez fueron más frecuentes las funciones de teatro, que ya no solamente se realizaban los domingos, sino que incluían viernes y sábados en distintos horarios.

El teatro La Garza, bautizado así por Guillermo Cuevas, contaba con una capacidad original para 80 espectadores; se adaptaron sillas para tener un aforo de más de un centenar de seguidores del teatro estudiantil. No hubo limitaciones técnicas para las producciones, pues el grupo de teatro diseñó y generó escenografías, realizó su caja de control de luces –que, por cierto, se adaptaban de envases de alimentos– y en el interior se colocaban reflectores, se agregaba papel celofán de distintos colores para lograr, con el uso del dímer, los efectos de luz que requerían las escenas. El sonido se adaptó de un radio que utilizaba bulbos; el vestuario era realizado por las familias de los actores y el maquillaje corría a cargo de su entonces novia y más tarde esposa, Oralia Agiss.

Probablemente más de 2 mil estudiantes convivieron en el escenario La Garza con Guillermo Cuevas en el montaje, ensayo y producción de más de 300 obras teatrales. Ese recinto fue el regocijo tanto de alumnado, profesores, familiares y público que acudía a las funciones que se organizaban, pero también se convirtió en un espacio de enseñanza y reflexión de un teatro con compromiso social. Para la difusión de las puestas en escena, nuestro personaje diseñaba los carteles hechos a mano y más tarde utilizó la serigrafía a color.

Durante la década de 1970, estudiantes que cursaban el programa de bachillerato podían elegir dentro de su carga académica, la práctica de alguna disciplina deportiva o una artística, entre danza, música y teatro, para acreditar la asignatura de actividades no académicas. Con ese mecanismo, cientos de alumnos optaron por cursar con el profesor Memo Cuevas el taller de teatro, razón por la cual muchas generaciones seguirán recordándolo por la dedicación y enseñanzas impartidas.

En mayo y junio se organizaba el Festival de Teatro Universitario, que convocaba a grupos que se habían creado en la UAEH y organizaciones teatrales de las universidades de Tlaxcala, Estado de México, Morelos, Guerrero, Puebla y de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). El intercambio de experiencias en el ejercicio académico y de las artes escénicas generó en Cuevas la idea de un proyecto teatral más amplio. Su inquietud por superarse –toda vez que tenía el perfil académico en administración pública– lo llevó a cursar diversos diplomados en teatro y la licenciatura en dirección de artes escénicas, que se impartió en la Universidad Autónoma del Estado de Morelos.
También sumamos las muestras teatrales de fin de semestre escolar que preparaba para evaluar a estudiantes y que permitieron que acudieran padres de familia a disfrutar de los resultados alcanzados.

Dentro de su incesante inquietud, en octubre realizaba un montaje escénico de poesía coral de protesta social. Se recuerda el trabajo extraordinario que realizó con la poesía de Gabino Palomares “La maldición de Malinche”, que representó con sus estudiantes en distintos escenarios universitarios; Memo utilizó el texto de esa canción, de la cual reproducimos fragmentos que se refieren a la conquista del Nuevo Mundo: “Del mar los vieron llegar mis hermanos emplumados: eran los hombres barbados… Iban con fuego en las manos y cubiertos de metal… El valor les opuso resistencia… Porque los dioses ni comen ni gozan de lo robado… Por error les entregamos la grandeza del pasado y en ese error nos quedamos 300 años de esclavos… Hoy les seguimos cambiando oro por cuentas de vidrio y damos nuestra riqueza por sus espejos con brillo”.

El grupo de teatro 2+4 montó la obra Auto de fe, que representó en foros nacionales, uno de ellos fue El Corral de las Comedias, sede del grupo Los Cómicos de la Legua de la Universidad Autónoma de Querétaro. El argumento de la obra versa sobre la imposición de la cultura occidental por los españoles, que devastan la ancestral cultura destruyendo costumbres, templos y dioses indígenas. Esta puesta en escena se convirtió en un clásico en el movimiento teatral universitario de aquellas épocas.
Cuevas buscó espacios para convertirlos en escenarios; por muchos años, en septiembre y utilizando los pórticos del edificio central, hoy centro cultural universitario La Garza, escenificó la obra Cantata a Miguel Hidalgo de Emilio Carballido, que representa la gesta histórica del Grito de Independencia y libertad. Alguna vez utilizó los balcones de las casas del centro histórico de Mineral del Monte para representar escenas de la guerra de la Independencia de México.
El grupo de teatro 2+4 apoyó, a lado de las autoridades universitarias, la gestión para lograr la donación de las ruinas de la Exhacienda de San Cayetano, ahora Instituto de Artes (IA), en Mineral del Monte. Ahí Cuevas creó el personaje que aún se mantiene en el teatro universitario, el Leyendero, que sigue interpretando Miguel Ángel Martínez Cortés.

También impulsó la recuperación de hacer teatro guiñol y la elaboración de títeres, que ahora sustentan parte de los grupos representativos de promoción cultural de la UAEH.
Así es que Guillermo Cuevas Ramírez todos los días del año pensaba y comulgaba con el teatro universitario, la pasión de su vida y su razón de ser.
En la próxima entrega seguiremos hablando más de nuestro querido compañero.

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