Sí, ha llegado el momento de que Antorcha Revolucionaria asuma de manera responsable el papel histórico al que ha sido llamada por las propias circunstancias del país y por los millones de mexicanos organizados en nuestras filas y otros tantos, que aun no estando organizados, siguen nuestro trabajo y nuestro proceso y, por lo tanto, ven como alternativa, o al menos como una posibilidad, a esa inmensa masa organizada con nosotros reclamando justicia social.

Las esperanzas de millones de mexicanos se han esfumado con el actuar del gobierno de Andrés Manuel López Obrador (AMLO); hoy están arrepentidos de haber votado por el Movimiento Regeneración Nacional (Morena), se sienten nuevamente defraudados, engañados y completamente decepcionados por la 4T, pues su situación económica, su empleo, sus posibilidades de educarse o de educar a sus hijos, de contar con seguridad social, salud, vivienda, mejores servicios públicos, una pensión digna, etcétera, no solamente no han mejorado, sino, muy por el contrario, han empeorado: la economía del país está estancada y a un paso de la recesión económica, lo que trae como consecuencia inevitable mayor desempleo –en el presente año, de acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), la tasa de desempleo aumentó en un 3.

6 por ciento–; se eliminó el Seguro popular y los presupuestos correspondientes a la atención de niños con cáncer, a las personas con el virus de la inmunodeficiencia humana (VIH) y, en general, a los hospitales públicos; de un plumazo se eliminaron los recursos para mejorar la vivienda de más de 35 millones de mexicanos que viven hacinados o en condiciones deplorables; el recorte a la educación, la derogación de la reforma educativa y prácticamente dejar la política educativa en las manos de un grupo de “profesores” a quienes lo que menos interesa, como lo han demostrado en su actuar público, es la educación. Asimismo, como lo sabe el ciudadano medianamente informado, se ha eliminado de las prioridades del gobierno de López Obrador llevar bienestar a las poblaciones a través del incremento y/o mejora de los servicios públicos: de nuevo, para 2020, como en 2019, no habrá recursos para pavimentar caminos rurales o calles en las colonias populares, ni para que llegue el agua potable, el drenaje o la luz eléctrica, ni para construir clínicas, ni espacios deportivos o culturales.

Igualmente, las cosas no mejoran cuando de seguridad pública se habla: la política de López Obrador de “abrazos y no balazos” o de “acusar con su abuelita o con su mamacita” a los delincuentes no ha dado resultados buenos para los mexicanos de bien, solo quizás para los delincuentes que se sienten protegidos por esta nueva política gubernamental que día a día ensangrienta más al país y lo vuelve más inseguro, ahuyentando así al turismo y las inversiones nacionales y extranjeras. Nos amenaza una dictadura; si antes no se respetaba el campo de acción del Poder Judicial y Legislativo, actualmente, como ya se ha demostrado, no solamente no se les respeta, se encuentran totalmente sometidos al presidente López Obrador.

Y, hoy, como nunca antes, ni en el mandato de Díaz Ordaz, se ha criminalizado la lucha social, a las organizaciones sociales y a sus líderes; se ha pisoteado la Constitución Política de nuestro país, ley suprema de los mexicanos, producto de la Revolución mexicana. Y con el argumento del “combate” a la corrupción se tienen paralizadas varias instituciones públicas y también gobiernos estatales, sobre todo aquellos que seguramente se saben reos de sus propios delitos y, por lo tanto, con la amenaza de dejarles caer el poder inquisitorio de la unidad de inteligencia financiera (UIF), obedecen, aplauden y hasta se hincan ante el poder dictatorial de la 4T, y tienen en el abandono a sus gobernados, pues si acaso se les atiende puede “enojarse” el inquilino del Palacio Nacional.

Porque efectivamente el gobierno morenista de López Obrador resultó ser un fraude mayor, un continuador acérrimo del neoliberalismo, ajeno y quizás hasta enemigo de los intereses de las mayorías, a pesar de lo planteado en sus discursos; lo cierto es que, sea por ignorancia, por maldad o por servir a otros intereses o a los suyos propios, ha afectado a aquellos que dijo defender cuando era candidato y actualmente las cosas están peor en el país: la inseguridad y el desempleo han crecido, la pobreza no se ha combatido y las libertades políticas y sociales se encuentran seriamente amenazadas. Por todo esto, muchos antorchistas y muchos mexicanos consideramos que ha llegado el momento de que el movimiento antorchista asuma el reto para lograr poner en acción un proyecto de gobierno incluyente, que considere las necesidades de todo el pueblo, de los profesionistas, de los pequeños y medianos empresarios y también del empresariado en general para generar empleos y reactivar la economía del país. Es necesario poner en marcha un programa, como lo ha planteado Antorcha, que contenga cuatro ejes principales: 1) empleo pleno; 2) salarios justos, suficientes para sostener a la familia; 3) redireccionar el gasto público, es decir, que se gaste más en salud, educación, servicios públicos, etcétera, y 4) que paguen más impuestos quienes ganen más.

Sabemos que para lograrlo debemos formar el Partido del Movimiento Antorchista Nacional, para que así podamos luchar democráticamente por el poder de la nación y ponerlo verdaderamente al servicio de las mayorías; para ello debemos aumentar aún más la cantidad de mexicanos en las filas de Antorcha, hacer que millones de ciudadanos se sumen a este gran proyecto de nación, que sepan que en sus manos, en el pueblo organizado y consciente, está la verdadera alternativa de cambio; algo necesario y urgente para que ya no se le siga obligando por ningún funcionario, de ningún nivel, a permanecer semanas o meses enteros en plantón frente a las oficinas públicas para conseguir agua potable o vivienda, o tener derecho efectivo a la salud. Así que, mexicanos, antorchistas, sumemos fuerzas y empecemos desde hoy en nuestros municipios a trabajar arduamente para poner el poder en manos de hombres y mujeres dispuestos a trabajar por el bien de los demás.

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