Hoy, primero de diciembre de 2018, Andrés Manuel López Obrador toma posesión como presidente de la República; desde el proceso electoral efectuado el primero de julio de 2018, que a nivel federal incluyó la votación para elegir: al presidente o presidenta del país, 128 cargos de senadores y senadoras de la República, y 500 diputadas y diputados de la Cámara baja, la economía mexicana ha enfrentado una serie de acontecimientos que alimentan un ambiente de incertidumbre generalizada para la economía mexicana.

Pero, ¿cómo debemos entender la incertidumbre?, la incertidumbre en cualquier área de la vida humana es un reflejo de inseguridad, indecisión, fluctuaciones etcétera; en términos económicos la incertidumbre está estrechamente relacionada con la confianza y con las expectativas que los agentes económicos mantienen en torno al probable comportamiento de las condiciones económicas de un país, plasmadas en la dinámica de diversas variables (tipo de cambio, empleo, crecimiento del producto interno bruto –PIB–, inflación, reservas internacionales, tasa de interés, indicadores bursátiles, entre muchas otras).

La incertidumbre trae consigo variaciones en el nivel de riesgo, es decir, cuando no se tiene certeza de lo que ocurrirá en el corto, mediano y largo plazo, el riesgo está presente debido a que la probabilidad de que suceda un evento no favorable es elevada; la incertidumbre y el riesgo merman la confianza de los diversos agentes económicos: familias, gobiernos, empresas, inversionistas, etcétera; y la confianza es un elemento indispensable para el adecuado desempeño de los mercados, si los individuos tienen confianza en las políticas económicas gubernamentales, asumen que su predicción sobre los eventos futuros es certera, de lo contrario consideran que las predicciones pueden estar desviadas de la realidad futura en fuerte grado.

Una forma de combatir la incertidumbre es generando un ambiente de certeza, pero para ello, es menester que los individuos se informen bien, lo que implica revisar fuentes de información oficiales y el desarrollo de un sentido de análisis crítico; la realidad es que es imposible que todos los agentes que intervienen en una economía puedan realizar pronósticos correctos sobre los eventos futuros, si eso ocurriera se experimentaría una conducta racional generalizada que combatiría la inseguridad; cabe mencionar que la racionalidad económica es uno de los principios que sostienen la teoría neoclásica.

En este momento, la economía de México enfrenta una fase caracterizada por: elevada incertidumbre, fuerte volatilidad de los mercados financieros, mayor aversión al riesgo por parte de los inversionistas reflejada en el aumento del riesgo país (nivel de confianza que los inversionistas extranjeros manifiestan en relación a la tenencia de títulos gubernamentales), inseguridad respecto al rumbo del nuevo gobierno, y titubeos vinculados con factores externos, tal como la guerra comercial Estados Unidos-China, la renegociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte, la normalización de la política monetaria de Estados Unidos, los movimientos migratorios masivos, etcétera.
Son diversos los temas que el nuevo gobierno tiene sobre la mesa, y deberá atender de forma tal que propicie certidumbre generalizada, no solo para evitar el errático comportamiento de los mercados financieros; entre los temas a tratar se encuentran: el Nuevo Aeropuerto de la Ciudad de México, la regulación de las consultas ciudadanas, la supresión del cobro de comisiones bancarias, la respuesta del Banco Central ante la evolución de la política monetaria de Estados Unidos, la situación migratoria de Centroamérica, la ley vinculada a las empresas mineras, el retorno del sistema de pensiones único, la caída internacional de los precios del petróleo, principalmente.

Un elemento crucial en la estabilidad económica es la existencia de un sistema institucional confiable y eficiente, que coadyuve en todos los órdenes de la vida nacional, generando una estructura sólida que sostenga los pilares del crecimiento económico del país y el desarrollo del mismo, reflejado en la mejora de la calidad de vida de toda la población, permitiendo un combate a la pobreza real y tangible. Hoy inicia de manera formal un nuevo ciclo político para México, saturado de sentimientos y pensamientos encontrados; el nuevo gobierno enfrenta un fuerte reto, los contextos interno y externo requieren un amplio conocimiento de los dirigentes, y a nosotros nos toca informarnos adecuadamente, analizar y generar expectativas sólidas.

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