Era un problema que se veía venir. Dicen que forma es fondo y la manera en que se nombró a los concejos municipales sentó las bases para la inestabilidad política que ahora prevalece en algunos municipios de la entidad. El ejemplo más claro ocurre en Singuilucan, donde el órgano no ha podido ni siquiera comenzar a operar. Desde el inicio de esta semana, un grupo de manifestantes se plantó frente al palacio municipal para exigir la renuncia de prácticamente todo el concejo, pues no están conformes con el perfil de las autoridades designadas por el Congreso local. Particularmente con el nombramiento de Maricruz Aguilar Flores, quien es esposa del exalcalde Mario Hugo Olvera Morales. No obstante, la presión y las continuas protestas, según el activista Mariano Aguilar Meneses, ya provocaron que casi todos los concejeros firmaran su renuncia, que aún debe ser avalada por el Legislativo. Y mientras eso ocurre, el edificio sede de la presidencia de Singuilucan está cerrado, sin operar, con todo lo que implica para la ciudadanía que no puede llevar a cabo trámites o solicitar servicios elementales. Muy cerca de ese municipio, también se encuentra en crisis Santiago Tulantepec, donde la presidenta del concejo municipal tuvo que meter reversa a su decisión de cambiar a casi todos los directivos de su gabinete. Los propios funcionarios acompañados de familiares encararon a la presidenta del concejo, que tuvo que ceder ante los reclamos de los trabajadores. En Tizayuca, según nos cuentan, existe la misma situación con personal de las distintas direcciones. Esos hechos hacen pensar que el periodo que gobernarán los concejos municipales será fecundo en conflictos. Y eso apenas comienza. De filón. Frente a la embestida mediática por cielo, mar y tierra, diputados de Morena lamentaron ayer la denostación, engaño y “guerra sucia” que hoy distinguen a las campañas con miras a la renovación de los 84 ayuntamientos de Hidalgo. Una práctica común para Hidalgo, según los recuerdos de otros procesos electorales.

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