La mayoría de las veces, la decisión de tomar psicoterapia viene a partir de una molestia emocional relacionada con enojo, ansiedad, culpa o tristeza y en otros casos decidimos asistir porque algún evento actual o pasado está perturbando ciertas áreas de nuestra vida. Cuando esto ocurre adjudicamos el problema a cuestiones externas y evitamos la responsabilidad que tenemos sobre ese malestar emocional.
Con frecuencia creemos que nuestra perturbación emocional se desarrolla a partir de algún acontecimiento externo, pero es importante aprender que proviene a partir de nuestras creencias, pensamientos o ideas. Según Albert Ellis y Aaron T Beck, reconocidos expertos de la terapia cognitivo-conductual, los acontecimientos externos no son los causantes de que nos sintamos de cierta manera, porque si esto fuera cierto, entonces todos reaccionaríamos de la misma forma ante circunstancias similares. Por ejemplo, imagina que estás en medio del tráfico y tienes que llegar a una cita importante ¿qué harías?, ¿qué pensarías?, ¿los que están a tu alrededor actuarían de la misma forma como tú lo harías? Lo más probable es que no, algunas personas tocarían el claxon muy enojadas y tal vez pensarían “¿qué les pasa?, ¿por qué no se apuran?, tengo prisa”; otros, en cambio, estarían culpándose y podrían pensar “¿por qué no salí más temprano?, no activé mi alarma, soy un torpe”; mientras que otros preferirán mantener la calma pensando “son cosas que pasan de vez en cuando, ten paciencia”.
Mediante el ejemplo anterior podemos darnos cuenta de la variación en reacciones y pensamientos ante un mismo acontecimiento, todos viven el mismo tráfico, en el mismo lugar y momento, pero cada uno lo experimenta de diferente manera. En realidad, son raras las veces que nosotros mismos respondemos de la misma manera ante una situación idéntica, ¿qué es lo que nos dicen estas distintas reacciones emocionales?, ¿por qué pasa esto? Aaron T Beck generó una amplia teoría donde nos explica que nuestras creencias sobre lo que ocurre determinan nuestras respuestas emocionales y conductuales. Lo que pensamos sobre nosotros, sobre los demás y el mundo afectará nuestra manera de sentir y actuar. Nuestras reacciones pueden dar la impresión de ser prácticamente automáticas, puede parecer que el tráfico es el causante de que alguien se enoje, se culpabilice o se mantenga tranquilo, pero en realidad, lo que está generando su consecuencia emocional es lo que piensa acerca del evento. Las circunstancias no nos afectan en sí mismas sino como nosotros las vemos y las interpretamos.
Epicteto, filósofo griego de la escuela estoica, decía que “la gente está perturbada no por las cosas, sino por la visión que tiene de las mismas”, es decir, por la interpretación que le damos. Esto fue parafraseado por Shakespeare en Hamlet: “no hay nada bueno o malo sino pensamientos que lo hacen así”. Por lo tanto puede parecer que nuestro malestar emocional surge como una reacción ante un acontecimiento externo, pero es importante ver que nuestras creencias, pensamientos o ideas son las que nos hacen reaccionar de tal o cual manera.
A lo largo de nuestra vida forjamos creencias y mantenemos ideas que nos hacen interpretar los eventos de cierta manera, generando emociones y conductas específicas, pero cuando estas creencias son ilógicas, absolutistas, dogmáticas y carecen de evidencias, generarán emociones, conductas e incluso cambios fisiológicos contraproducentes que no permitirán el cumplimiento de nuestras metas.
Albert Ellis propuso estas demandas o necesidades como imposiciones hacia nosotros mismos y hacia los demás, agrupándose en tres categorías que causan molestias emocionales:
1. “Yo debo ser eminentemente competente, es horrible si no lo soy. Todas las cosas deben hacerse perfectamente bien y sin errores.”
2. “Los demás deben tratarme de manera agradable, considerada y justa. Deben aceptarme y si no lo hacen deben ser condenadas.”
3. “La vida debe ofrecerme unas condiciones buenas y fáciles para que pueda conseguir lo que quiero sin mucho esfuerzo y comodidad.”
Nuestras creencias encajarán en alguna de estas categorías y ocasionarán algún malestar emocional.
En la primera demanda las personas pueden pensar “para considérame valioso debo ser competente, suficiente y capaz de lograr cualquier cosa en todos los aspectos posibles”. Imagina a una mujer que piensa de esa manera y en su trabajo el jefe le ha regresado el reporte porque encontró un error, ¿cómo crees que se sienta? Tal vez enojada consigo misma por no hacerlo bien o ansiosa porque ahora tiene que hacerlo mucho mejor pero, ¿de dónde proviene ese malestar emocional? Muy probablemente de su demanda de perfección.
Pero la realidad es que ningún ser humano puede ser competente en todos los aspectos, la persona que lucha por el éxito total está en continua comparación con los otros ante los que se siente inferior, pero no logra visualizar la posición que ocupa. Intentar obtener éxito, está bien, pero pensar que tener éxito es la mejor manera para demostrar que se es capaz fomenta estrés y limita el alcance de metas.
De tal manera, la mujer del ejemplo anterior podría cambiar su malestar emocional sustituyendo el pensamiento anterior por uno que le genere menos malestar, como por ejemplo: “los seres humanos somos imperfectos y el hecho de que haya cometido un error no quiere decir que soy una incompetente, puedo identificar mis errores e intentar hacerlo mejor”. Pensar de esta manera le ayudará al cumplimiento de su meta, a estar más tranquila y menos enojada o ansiosa.
La segunda demanda consiste en obtener la aprobación de los demás, incluso a pesar de que los deseos propios se interrumpan, lo importante para cumplir esta demanda es que los demás me amen a pesar de todo; ahora imaginemos a un hombre que piensa “es necesario ser amado por las personas cercanas a mí y todos tiene que aprobarme y aceptarme” ¿Qué pasaría si su pareja le da la noticia de que quiere separarse de él? Seguramente pensará que no debe ser rechazado por ella, porque si lo rechaza, quiere decir que hay algo que marcha mal en él y eso diría que no es la persona adecuada porque no merece el amor de ella. Estos pensamientos podrían generarle tristeza y probablemente hará todo lo posible para que ella se quede a su lado y así pueda sentirse aceptado y amado.

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