“No, no es la solución tirarse bajo un tren como la Ana de Tolstoy ni apurar el arsénico de Madame Bovary ni aguardar en los páramos de Ávila la visita del ángel con venablo antes de liarse el manto a la cabeza y comenzar a actuar.
Ni concluir las leyes geométricas, contando las vigas de la celda de castigo como lo hizo Sor Juana. No es la solución escribir, mientras llegan las visitas, en la sala de estar de la familia Austen ni encerrarse en el ático de alguna residencia de la Nueva Inglaterra y soñar, con la Biblia de los Dickinson, debajo de una almohada de soltera. Debe haber otro modo que no se llame Safo ni Mesalina ni María Egipciaca ni Magdalena ni Clemencia Isaura. Otro modo de ser humano y libre. Otro modo de ser.” (Meditación en el umbral)
Cada mañana ese poema de Rosario Castellanos me inspira para levantarme con la certeza de que hay otra manera de ser humana y libre. Lo intento, lo busco, lo palpo y lo siento. Por eso, sigue siendo mi chamana de la poesía, la escritora que dio trazos a las líneas de mi mano, la novelista que aspiro para poder inventar historia aunque me delate ese “yo poético” en el que no creo.
Cada agosto debo evocar a Rosario Castellanos, mes en el que ella murió en 1974. Durante una década compartió sus experiencias de mujer, de feminista, de periodista y de madre en el diario Excélsior, donde curiosamente el último texto publicado se tituló “Recado a Gabriel”, su único hijo.
Cada año debo hacerle un homenaje a Rosario Castellanos, la releo para autodescubrirme y asombrarme de mí misma. Vuelvo a adquirir nuevas ediciones de sus obras. No cesa de aparecer en tesis o estudios que la analizan, la explican y la delatan. Otras semblanzas con datos diferentes o con los mismos perfiles pero sin dejar de admirarla y extrañarla. A veces creo que ya la conozco bien, que no habrá frase que me sorprenda o poema que no haya memorizado. Pero siempre me provoca, constantemente me da nuevas pautas para quererme, para comprender esas cosas insignificantes de la vida y siempre ir en busca de las que te marcan, aunque parezcan tan cotidianas. Hace poco, otro de sus poemas volvió a delatarme y ahora es uno de mis favoritos:
“Malhumorada, irónica, levantando los hombros como a quien no le importa, yo digo que no sé sino que sobrevivo a mínimas tragedias cotidianas:
la uña que se rompe, la mancha en el mantel, el hilo de la media que se va,
el globo que se escapa de las manos de mi hijo.
Contemplo esto y no muero. Y no porque sea fuerte
sino porque no entiendo si lo que pasa es grave,
irreversible, significativo, ni si de un modo misterioso estoy
atrapada en la red de los sucesos.” (Toma de conciencia)
De seguro en la FUL encontrarán los libros de Rosario Castellanos, no dejen de leerlos porque se unirán a esa convicción de buscar, gracias a ella, otra manera de ser humana y libre. Recuerden que la FUL se inaugura el viernes 26 de agosto y estará abierta hasta el 4 de septiembre.

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Profesora investigadora en la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo. Doctora en ciencias políticas y sociales por la UNAM. Especialista en estudios de la mujer por El Colegio de México. Ha publicado una gran variedad de libros y artículos académicos. Es columnista tanto en medios impresos como digitales. Ha recibido diferentes reconocimientos por su trayectoria feminista y periodística.