Bajo un manto inmenso en el interminable cielo azul turquesa purísimo, bellísimo, clarísimo, que motiva a pensar, a meditar, a tratar de transparentar la inmensidad para descubrir lo que parece real, con un vientecillo fresco, aire que cala en todo el cuerpo venido de los volcanes nevados que enseñorean el sureste de los interminables llanos de Apan sembrados de inacabables magueyales. Respirándolos la anciana repetía lo observado por Humboldt: “Es agave que se multiplica más que otra planta”, en un clima para los lugareños acostumbrados, agradable para los fuereños, constipante y sofocante por el viento frío, el calor quemante y los múltiples remolinos tornados de polvo.
La anciana contaba que para adentrarse a los llanos esperaba el ferrocarril en la estación, frente a la garita de los pulques Peña y Ramírez del portal de arcos de don Pepe Landero en la villa de Pachuca, abordaba destartalado carro de maderas con asientos de tablas jalado por una ruidosa locomotora de vapor generado por combustión de carbón mineral o leños. A finales del siglo XIX, viajaba entre cargas de diversos artículos elaborados; mantas, lazos, ayates, ceras, combustibles, ropas, herramientas y artefactos de labor, en la marcha mirando por la ventanilla el profundo y repetido plantío de agaves, recordaba phalabras de don Manuel Payno conocidas por sus antiguos, “el maguey tarda de ocho a 10 años en madurar”, se le revelaban esos pasados viajes en mula, burro o carreta aprovechando a los que retornaban a los tinacales de la entrega cotidiana del espumoso pulque traído a la villa minera recorriendo el antiguo Camino Real a la ciudad de Puebla, el que formaba encrucijada con el hermoso, pedregoso y polvoso camino al puerto de Veracruz desde la Ciudad de México, habiendo trastumbado los peligrosos senderos del río Frío.
Estaba al tanto de la grandeza del siglo XVIII en la edificación de las muchas haciendas, enseñaba a sus pelones la magnificencia y belleza de su finca, ella en base a sus experiencias la comparaba con el esplendor del levante de las maravillosas pirámides de San Juan Teotihuacán. Como verdaderos reductos en medio de los extensos llanos, con gran técnica e ingenio se definió su localización, buscando menudas elevaciones con pequeñas depresiones para crear lo más preciado en la zona; jagüeyes, ollas de agua, abrevaderos, aguajes, aljibes y bordos, elementos retenedores de escurrimientos de lluvia, procurando suelos arcillosos y arbolándolos para evitar evaporación. Tan luego que solucionaban el abasto de las aguas, con planos en diseño de arquitectos italianos, franceses y españoles se iniciaba desde la elaboración de grandes adoberas, hornos de tabique, labrado del suministro de piedra, carpinterías, fraguas y herrerías.
Esos bastos enclaves llegaron a tener en su interior hasta más de tres amplios patios con infinidad de habitaciones, logrando superar las lujosísimas casonas que ostentaba la nobleza en la capital del virreinato. De altos muros, con torreones, baluartes, torres, aspilleras y almenas en reminiscencia de la protección medieval, elevados portones de gruesos tablones entablerados de trabajados herrajes de fragua procesados ahí mismo, con mirilla y claveteados artísticos, protecciones en el acceso de hermosos guardacantones, que daban paso a elegantes carruajes, coches y calesas comprados en la Importadora de Carrocerías Inglesa Silcox & Park de la capital, jalados los de los principales por elegantes, fuertes y de clase azabaches de tupida cola larga que parecía plumero, musculosas extremidades, que los distinguía de los demás, con estrella en la frente como frisones de origen holandés de orejas rectas, dulces, tranquilos, alegres, sensibles caballos de enganche.
Se disfrutaba de larguísimos comedores para más de 30 sentados en majestuosas sillas, cocinas que lucen enormes hornillas como para preparar el “rancho de un regimiento”, elegantes, afrancesados salones de largas cortinas de Damasco, sofás de seda, sillas doradas de Génova con brocados, alfombras de alta lana, presumían muebles de París, lámparas y candelabros de reluciente metal, estatuas de alabastro del mejor gusto italiano, fabulosos espejos y artísticos relojes de cuerda, con sorprendentes aparatos de música de donde salían los más deliciosos valses y mazurcas. Habitaciones con camas de metal latonado o maderas de oloroso cedro, ropa de finísimos calados comparables a los vistosos encajes de Flandes en los almohadones, sábanas de algodón europeo con delicadas ornamentaciones en deshilado y bordadas con las tres letras iniciales de los principales, en cabello natural azabache, ataviadas de blanquísimas colchas de selecta lana plenada fabricadas en Europa por su finura, colchones mullidos con menudos casilleros rellenos de excelente lana de los borregos criados y trasquilados en la propiedad.
El cascabel al gato explota de burla. Quesque “diálogo histórico” el primer Informe de Gobierno, que de rumbos e ideas, abierto a dialogar sin distingos, ¡nos engañan con que en “500 años” seremos una potencia económica y destino de inversión en el país! ¡Ah! el Legislativo hipócrita maiceado se levanta solo para alzar la mano ¿de robos y escándalos encubiertos en la obra pública, educación, seguridad…qué, de la falta de vivienda básica, servicios médicos, ingresos…qué? De ese nivel muy bajo es “nuestra clase política” pero sí listos a celebrar el grito. ¿Qué ya no hay pobres? oscurecidos entre su show, carpas y circo, muy lejos del progreso y del desarrollo del estado “Sí Fayamos” ocho de cada 10 hidalguenses viven en miseria y extrema pobreza; falta de justicia, impunidad y corrupción nos azotan, las autoridades dicen que es en otros estados. Según los legisladores en justicia, en el estado nadie es corrupto ¿ah sí?, nada más conocer quiénes son los nuevos jueces.

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