En enero de 2015, April Reign, afrodescendiente y periodista de Vanity Fair, escribió en Twitter “#LosOscaresSonTanBlancos que me preguntaron si podían tocar mi cabello”, el hashtag se volvió viral y abrió una intensa discusión en torno a la inclusión de personas “de color” (léase personas de origen africano, latino o asiático) en los premios más famosos del cine.

Esa misma discusión se extendió hasta marzo de 2018, cuando la periodista escribió un artículo especial explicando por qué ese tweet sigue siendo relevante. Dentro de sus primeras líneas expuso cómo el hashtag hace referencia a las personas que han sido omitidas por Hollywood en sus producciones, es decir, todas aquellas personas no blancas que no han logrado un espacio en la pantalla grande. April asegura que no es un problema únicamente de cantidades, sino de representación, problema similar al que nos enfrentamos con las famosas cuotas de paridad en el Congreso y el incidente durante la discusión del Presupuesto de Egresos de la Federación de 2018, donde un grupo de diputadas, en plena sesión, emitía insultos homofóbicos al compañero que ocupaba el micrófono.

En el caso de Hollywood, el ideal no es contar con cada vez menos actores blancos en las producciones, sino que se valore el talento y el trabajo de actrices y actores de distintos orígenes étnicos. La creciente atención a las representaciones racistas y sexistas en producciones estadunidenses deriva en la denuncia de esas prácticas y poco tiene que ver con una hipersensibilidad del público, sino con la resistencia al análisis y al cambio de actitudes que han mantenido cómodos a los grupos hegemónicos.

Las prácticas racistas no se limitarán solo a la poca presencia de personas no blancas en los sets, incluyendo equipos de dirección, actuación y producción, sino que además, las representaciones de esos grupos en pantalla estarán profundamente marcadas por creencias racistas, como la del personaje negro que será autor o autora de crímenes violentos, formará parte de una pandilla, estará en situación de esclavitud o presentará cualquier tipo de adicción; o la del personaje de origen asiático que será un genio/a en matemáticas, tendrá experiencia en artes marciales y poca emocionalidad o será incapaz de disimular el acento que le delata.

En 2017, la periodista británica Reni Eddo-Lodge publicó su libro Why I no longer talk to white people about race, en español Por qué no hablo de raza con gente blanca, en donde a través de una serie de ensayos feministas aborda el desgaste que sufren las personas que luchan contra el racismo estructural y lo peligroso que es enfrentarse en debate con quienes no terminan de entender qué es el racismo. Eddo-Lodge refiere que las discusiones con personas abiertamente racistas suele ser bastante sencillo, las posturas quedan claras desde un inicio, no hay puntos intermedios.

Sin embargo, hay otras personas cuyo racismo es casi discreto y se niegan a reconocerse como racistas, cuya ignorancia aplastante los lleva a enfrascarse en un debate sobre el color de piel de un ser mitológico, el reciente caso de la polémica con la selección de Halle Bailey como Ariel en el nuevo live action de Disney La sirenita. El centro del argumento parece ser que la película debería estar protagonizada por una actriz blanca, ignorando completamente que las sirenas son criaturas mitológicas que difícilmente podrían caber en nuestras clasificaciones de grupos étnicos por la sencilla razón de que no existen. Por otro lado, la justificación de que se trata de un cuento danés y que en Dinamarca predomina la población blanca, es incluso risible. Es de notar que el color de piel de Ariel no tiene relevancia para la historia, como si lo tiene en el caso de Mulan o Pocahontas, en donde sus historias claramente giran en torno a su etnicidad. De paso debe de decirse que todas las protagonistas no blancas en historias de Disney tendrán siempre problemas relacionados a su color de piel.

En 2018, el director Jordan Peele, también afrodescendiente, fue nominado a mejor guion original por su película Get out, en español ¡Huye!; en las primeras secuencias Peele incluye discursos racistas comunes entre la sociedad estadunidense que se mezclan perfectamente con diálogos de la vida diaria, cosas comunes como hablar del clima o de la familia y que dejan un profundo sentimiento de incomodidad en las personas que hemos aprendido a leer entre líneas.

Esa obra maestra revela perfectamente la queja de Reni, ¿cómo decirle a una persona racista, que insiste en que no es racista, que es en efecto, racista?
Gracias a los recientes acontecimientos relacionados con la aparición de la caravana migrante, el velo que cubría el racismo mexicano ha empezado a caer de a poco, hace falta entonces preguntarnos cuál es el problema que subyace a las quejas sobre la piel de una sirena.

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