Halla Poniatowska personajazo infantil

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Halla Poniatowska personajazo infantil

Ciudad de México

La casa de Elena Poniatowska en Chimalistac, en la Ciudad de México, parece estación de trenes. Ahí llegan las personas a contarle sus desgracias y, a veces, sus felicidades.

Así se apareció Fernando Alonso, un muchacho al que oyó cantar. Es verdad que su padre murió de un balazo y que tuvo 16 hijos con tres mujeres y a cada uno le dejó un billete de 50 pesos en el pañal, reconociéndolo como suyo. Un personajazo que la escritora decidió meter en el libro El charrito cantor, ilustrado por Oswaldo Hernández Garnica y destinado a los niños.

Fernando Alonso inspiró al personaje del charrito cantor, una historia que transcurre en el Tenampa de plaza Garibaldi.

“Es un libro un poco cantinero en el sentido de que todo termina en el Tenampa”, explicó la periodista y escritora de 85 años. Escribir para niños le parece mucho más alegre, piensa en sus 10 nietos. Tiene regalos que le han dado los niños. Atesora un borreguito blanco y va a pedir que se lo pongan en su cajón de muerto, porque fue un regalo de “a de veras”, no fue bajo mandato de ningún adulto. “Siento que me va ayudar a llegar al cielo”, comentó.

A Poniatowska también se le daba cantar. “No te creas, tenía buena voz”. Y le gustaba echar relajo. Le encantan la guitarra, el requinto y el arpa jarocha. Con Carlos Fuentes se iba a Las Catacumbas, donde servían en calaveritas un brebaje que deshacía las tripas.
La Premio Cervantes sigue laboriosa en el libro que prepara sobre el último rey de Polonia, Estanislao Augusto Poniatowski, al tiempo que no deja de escribir sus colaboraciones periodísticas semanales.

“El periodismo es de droga y maldición, nunca lo dejas. Había un letrero en un machete que decía: ‘Cuando esta víbora pica, no hay remedio en la botica’, así es el periodismo. Te quieres ir y te quieres ir, y siempre hay algo que te jala”. Y siempre ha sido muy amiga de la máquina de escribir. “Nunca me ha traicionado”, concluyó.

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