Hamletmachine, Heiner Müller; Die Hamletmaschine, Einstürzende Neubauten

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Aquel que se asome a la obra de Bertolt Brecht tiene que tropezar con Historias de almanaque, posterior a sus Relatos y en medio de su obra dramática, para captar una porción de cuáles fueron las razones por las que se le dio un sitio preferente en las letras germánicas.

Desde su trabajo teatral y la famosa ruptura de la “cuarta pared”, que representa una fracción minúscula de su obra, el alcance de Brecht sobre la producción internacional ha dejado huellas indelebles sobre todos los renglones concebibles. Günter Grass, cuyo Tambor de hojalata traza las peripecias de Oskar Matzerath, parecería que cuando Oskar decide salir del hogar familiar, sus viajes y aventuras son la licencia de una paráfrasis a Brecht en su prosa, con paradojas y personajes incluidos.

El rechazo del autor bávaro hacia la máquina nazi, así como a toda forma de poder tomado por la fuerza, son rasgos indispensables de una filosofía que apostó a la sospecha de toda manifestación fascista, cuyo primer riesgo representado en escena habría consistido en acallar a todo protagonista de la realidad humana. De ahí que una de sus expresiones privilegiadas haya consistido en brindarle voz a todos y que en su momento Carl Theodor Dreyer, así como mucho tiempo después Lars von Trier ensayaran primero con el teatro sin muros, después cine, experimento desarrollado por el dramaturgo décadas atrás, también adoptado por Ingmar Bergman como sello de trabajo.

En esencia, la reflexión subyacente en el aparato teórico del autor apuntó desde el principio a reestructurar el principio de una realidad percibida, para la que el teatro como un espacio especular, del que se debían retirar incluso las esperanzas de emplearlo como ficción y más desde él, iniciar una toma de conciencia que cambiara al espectador.

Con esas premisas, Heiner Müller, formado en la escuela de Brecht, partió de un principio radical no menos incendiario: tomar la obra de cualquier autor como un ladrillo conceptual cuya importancia y legado quedaban al libre arbitrio de quien les diera uso y articular con ello un concepto nuevo, con el que hasta el mismo responsable de elaborar semejante proyecto quedase en un segundo plano, una vez la obra hubiese tomado rumbo.

Llegado el momento, Müller se preguntó cuál sería la necesidad de continuar una obra o emprender alguna, si la ficción por sí sola era despropósito y, en esa medida, un suerte de escapismo desafortunado que en nada, salvo la necesidad de apuntalar un proyecto, tenía sentido.

Así, cuando Hamletmaschine se abre paso ante el mundo, ya desde 1977, así como una primera porción de la puesta en escena comprende el montaje clásico, de la misma forma su ejecución en las siguientes décadas ha sido objeto de entusiasmo y experimento en todos los rincones del mundo.

A partir de que se cierra el escenario común de la obra clásica, la siguiente parte es una exploración de la condición humana mediante el arte de la puesta en escena, cuyo matiz justo consiste en explorar quién de todos los que asuma el riesgo de dirigirla está de igual forma en condiciones para agotar el significado críptico que dejó Müller en su original y de allí extraer lo que, a juicio de un lector inteligente, debería corresponder a un montaje ambicioso.

Así, justo al comienzo de la década de 1990, luego de un deslumbrante comienzo en la música industrial, cuya presencia y encanto habían agotado los clichés de la música punk, de ruptura y además cambiaron la noción de cómo hasta el reparto desigual de una economía nada tenía que ver con la necesidad de expresión y hasta el talento para expresarla, Blixa Bargeld, ya en Einstürzende Neubauten, decidió modificar el concepto y alcance del grupo.

Cambió el aire violento e iconoclasta de su protagonismo, por una versión tradicional, además de recuperar el texto original de Müller para un montaje en radio, mismo que fue decantando el carácter del grupo hacia una transición más armónica y dependiente de instrumentos tradicionales, así como electrónicos, a diferencia de los desechos que acostumbraban usar cuando recién inició el grupo, debido a la falta de dinero para comprarlos.

Con Die Hamletmaschine es que Einstürzende Neubauten se plantea responsable de un concepto de ruptura sin limitación ni interés en el mero y exclusivo deseo de la provocación, sino una postura compartida con Brecht y Müller. https://www.youtube.com/watch?v=hcyGD3M_TRs.

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