Hasta pronto don Chuy

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CARLOS SEVILLA

Por años y años don Jesús Bermúdez Villegas fue ícono de la fotografía en Pachuca, especialmente de la nada fácil, que es la periodística.
Afectado por problemas cardiacos, lamentablemente falleció el pasado martes. Contaba con 84 años.
Le sobreviven su esposa Evelia González y sus hijos Juanita, Martha, Jesús, Roberto, Gabriela y Verónica.
Hace tiempo hubo fortuito encuentro en un soleado domingo en el parque de El Chico.
Ahí estaba, con su espléndida sonrisa cobijada por un espesísimo bigote; los ojos tan luminosos como un lente de cámara de espléndida definición.
Se le advirtió un tanto delgado, aunque nunca fue un hombre de peso excesivo.
Breve la charla, y a la pregunta usual de: “¿Cómo está don Jesús?”, respondió, primero escueto: “Recuperándonos, con lentitud”.
Relató que le habían practicado una operación a corazón abierto. Desabotonó parcialmente su camisa y mostró las huellas de la intervención.
“Le echamos ganas, y nos cuidamos. Sigo al pie de la letra instrucciones médicas.”
Era originario de San Luis Taxhimal, Estado de México. Desde joven tuvo inclinación por la fotografía. Su primer guía fue Jesús Preciado.
“Esto no se deja; es parte de uno mismo”, llegó a comentar en un reencuentro en el diario El Sol de Hidalgo, en donde participó desde la década de 1960; antes fue parte del semanario La Voz de Hidalgo.
Al parecer, con el maestro Preciado, emprendió un recorrido por escuelas de nuestro estado. Conoció la Bella Airosa; aquí finalmente hizo su vida.
Activo, es justo decirlo, casi incansable, es el mejor retrato de su personalidad, además de una natural bonhomía.
Llegó a compartir jornadas en actividades comisión en el comité administrador del Programa federal de construcción de escuelas (Capfce) y sus a veces pesadas tareas como reportero gráfico, en especial los fines de semana.
Seguía cuidadosamente roles de eventos que le proporcionaba Aída Hidalgo Sosa, también figura memorable, sobre todo las denominadas genéricamente “de sociales”.
En 1986, la Unión de Periodistas Democráticos le otorgó el premio Manuel Buendía Téllezgirón.
Don Jesús, empero, no olvidaba su inclinación por capturar escenas de toda índole relacionadas con informaciones oportunas, las que se capturan al momento.
Una noche llegó a mostrar placas que había logrado, tras una multitudinaria riña, en un establecimiento de la calle Guerrero.
Él estaba de comensal.
“Fue tremenda gresca; estas son las imágenes; las capté escondiendo la cámara tras mi chamarra.”
Ahí estaban, con otras innumerables más, en impresionantes primeros planos.
Otro de sus gustos eran los paisajes o pasajes en donde mujeres y hombres del campo caminaban por veredas intrincadas, con fondos de montañas o de lomas onduladas.
Atesoró una inacabable memoria gráfica, desde 1957, cuando era gobernador del estado el general Alfonso Corona del Rosal.
Ordenar decenas, ciento, miles de negativos era tarea colosal.
“No se pueden quedar solo ahí, don Chuy, se le decía. Es un acervo invaluable. Hay que publicarlas para nuevas generaciones. ¿Cuándo empezamos?”
No le alcanzó el tiempo.
Amante de novedades en cámaras, hubo una en especial que atesoraba: panorámica, rusa, todo un portento tecnológico.
Fue importante lo que trasmitió a sus hijos de su inacabable experiencia.
Y también a dos sobrinos, con desarrollado sentido de lo gráfico: Hémer Mendoza y Rubén, su hermano. Idénticos en buscar la buena foto.
También se anotaría a su nieto, Juan Carlos, quien ya hoy desempeña otras responsabilidades en la Secretaría de Gobierno estatal.
En un viaje a Mazatlán, de donde es originaria su esposa, sufrió un preinfarto.
Fue aviso que, más tarde, le provocaría severos daños, que se complicaron con otras afecciones.
Partió el maestro, el amigo, el gran camarada. Y será siempre grato recordarlo, efusivo, cordial, como artista que fue de la fotografía en todos sus campos y conceptos.
Don Chuy, con la simpleza de un pesar por su deceso, solo se atina a decir: hasta pronto don Chuy, hasta pronto.

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