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Aquel 30 de marzo de 1934 Francisco José Múgica (secretario de Estado en el sexenio de Lázaro Cárdenas) argumentaba: “¡Seguid el ejemplo de este pueblo que ha levantado en sus manos la bandera rojinegra sin temor a ninguna crítica y que ha violado todas las leyes que se han opuesto a su progreso! Señores: Hay que “tabasqueñizar” a México”.
Palabras que se sustentaban en aquel Tabasco gobernado por Tomás Garrido Canabal, un verdadero jacobino y socialista exacerbado que llevaba a cabo en toda la región una verdadera reforma social y cultural sin parangón. La Revolución mexicana había acabado, y sin embargo, los ideales por los que se luchó debían ser puestos en práctica logrando una reforma sin límites ni igual en México. El ejemplo a seguir era Tabasco como bien lo mencionaba Múgica.

El “tabasqueñizar” a todo México era un referente de las ideas revolucionarías de socialismo, igualdad y mejora continua; la lucha del proletario en general debía ser exportada desde lo que se conocería como “el laboratorio de la revolución” hacia todo el país, fue lógico e incluso se esperaba una gran oposición que durante años mermó ese proyecto, sin embargo, hoy día paradójicamente surge un líder social originario justamente de Tabasco y heredero de las ideas vertidas por la Revolución y concretadas en aquella región. Hoy, en pleno siglo XXI, ese personaje tabasqueño por excelencia y orgulloso de sus raíces tiene una meta específica: llegar a la presidencia de la República no para aprovecharse del poder, sino para ayudar a los que menos tienen y necesitan un rayo de esperanza.

En su ensayo, “El 18 brumario de Luis Echeverría” (Vuelta, diciembre de 1976), Gabriel Zaid recordaba los estudios de Carl Jung sobre la personalidad Maná: “El inconsciente colectivo puede arrastrar a un hombre al desequilibrio, exigiéndole cumplir expectativas mesiánicas”. Para compensar su crimen de 1968, Echeverría asumió una personalidad mesiánica. ¿Pero, será acaso que Obrador sea producto del colectivo mexicano? Muchos lo tildan de populista e incluso de loco o lo comparan con otros líderes políticos como fue el caso del fallecido expresidente venezolano Hugo Rafael Chávez Frías, pero siempre tratando de agredirlo y dejar en claro que de llegar a la presidencia de la República se llevaría a cabo una hecatombe sin parangón.

¿Populista?, ¿reformista?, ¿republicano? O todos esos calificativos juntos. Para lograr entender a un personaje se debe no solo estudiar su biografía, sino ir más allá, escudriñando el contexto histórico en el que se desenvolvió y en gran medida este será el resultado de la personalidad del personaje en cuestión.
Existen dos maneras de cómo abordar una conversación con López Obrador –según argumenta Enrique Krauze cuando lo conoció en persona– hablar de beisbol o hablar de Tabasco. Al abordar su estado natal la charla lo apasiona tanto o más que la historia de México. Con evidente gusto comienza abordando los dos líderes del siglo XX de Tabasco (Tomás Garrido Canabal y Carlos Madrazo) Y con mayor placer en cuanto a las letras se refiere, siempre recuerda la buena amistad hecha con el poeta Carlos Pellicer (“El tabasqueño más grande del siglo XX”) así como la obra de Andrés Iduarte (“nuestro mejor escritor”).

Obrador menciona siempre que: “A los tabasqueños se nos dificulta mucho acostumbrarnos al Altiplano, es otra cultura, también a mí me ha costado trabajo adaptarme”, para explicarlo mejor en el libro de su autoría escribe un párrafo sobre su estado:
“En Tabasco la naturaleza tiene un papel relevante en el ejercicio del poder político. En consonancia con nuestro medio, los tabasqueños no sabemos disimular. Aquí todo aflora y se sale de cauce. En esta porción del territorio nacional, la más tropical de México, los ríos se desbordan, el cielo es proclive a la tempestad, los verdes se amotinan y el calor de primavera o la ardiente canícula enciende las pasiones y brota con facilidad la ruda franqueza.”

Es evidente, para Andrés Manuel López Obrador, que una idea global no es importante, para él lo que importa es concentrarse en México, siempre lo ha comentado: “La mejor política exterior es la buena política interior”. La clave para comprender la formación, la imaginería, el estilo y sobre todo la actitud política de Andrés Manuel López Obrador no está en una era global, tampoco en el tecnocratismo, mucho menos en inversiones empresariales. La clave está en la historia de Tabasco, la tierra del “poder tropical”.

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