Hechiza Björk al Auditorio Nacional

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bjork

OMAR CABRERA /
AGENCIA REFORMA
Ciudad de México

Un público enmudecido y embelesado se rindió ante Björk, en su primera presentación en la Ciudad de México, el miércoles en el Auditorio Nacional.
Vestida toda de blanco y con una máscara verdeazulada con rojo, diseñada por James Merry, la estrella islandesa hechizó a sus fieles seguidores como si fuera un hada cantándoles diversas historias con las seis primeras canciones de su disco Vulnicura, entre ellas “Black lake” y “Notget”.
Ante la petición de no tomar fotos y videos, los 10 mil asistentes que llenaron el inmueble (cifra proporcionada por Ocesa) dejaron en oscuridad el panorama y se dejaron llevar por la robusta voz de soprano que es distintiva en el pop alternativo.
“Gracias” fue la única palabra que la multigalardonada diva expresó en castellano, después de las 15 canciones de las que constó el recital, dividido en dos partes y basado en el Vulnicura strings, la versión acústica del disco.
Tras el intermedio, la también productora y compositora se cambió por un atuendo tipo ballerina, también blanco, con una máscara semejante a un Sol blanco con orillas doradas.
Ella, casi siempre bailando tímidamente y volteando a ver a los 30 elementos mexicanos de la orquesta liderada por Odilón Chávez, y que tuvo como director al islandés Bjarni Frimann. Y su público, extasiado, sobre todo con sus éxitos “I’ve seen it all”, “Jóga” y “Bachelorette”.
Poco se aproximó Björk, en su papel de hechicera y diva, a la orilla del escenario, en la fosa de músicos, y en todo momento fue iluminada por luces tenues y suaves durante el concierto que fue de las 20:45 a las 22:50 horas. Nada de reflectores encandiladores.
Luego de cantar a todo pulmón “Mouth mantra”, cerró el mágico momento para los presentes con “Anchor song” y “Plúto”, que fulminaron a la audiencia que por más de tres minutos le aplaudió de pie, muchos llorando.

La cantante cuida todos los detalles de su espectáculo

Björk arribó al Auditorio Nacional alrededor de las 16 horas y ensayó por más de una hora con los músicos contratados en México y los que ella misma trajo.
Pidió que le prepararan té de limón con miel de abeja y jengibre, el cual bebió antes de salir al recital y durante éste.
Su chef personal le preparó de comer, en el hotel donde se hospeda y en el inmueble donde tocó, ensaladas y pasta con soya.
Dos fotógrafos contratados por la cantante recorrieron el Auditorio Nacional haciendo imágenes del recital desde diversos ángulos.
Dos maquillistas, un vestuarista y un estilista la ayudaron a arreglarse hora y media antes de que iniciara el concierto y se hizo una sesión de fotos para su archivo personal.

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