Mucho se ha hablado sobre los contratos ridículamente fuertes que los clubes chinos han ofrecido a estrellas del balompié internacional. Algunos, como Carlos Tevez, aceptan y hacen las maletas sin mirar atrás; otros, como Cristiano Ronaldo o James Rodríguez declinan, pues no va con sus intereses personales. Lo cierto es que, ante el crecimiento económico del país asiático, uno de los principales puntos de inversión pública y privada ha sido el deporte. ¿Qué están tramando los chinos?
Como sabemos, se trata de una de las culturas más disciplinadas, donde la cultura del deporte individual se fomenta desde temprana edad en millones de niños y niñas. Líderes indiscutibles en actividades como la natación y los clavados, la nueva apuesta por el futbol se debe, entre otras razones, a la necesidad de posicionarse como potencia de un deporte en el que, históricamente, no le va bien. Además, las nuevas generaciones se han visto fuertemente influenciadas por el que, para muchos, es el deporte con mayor afición del planeta. “Quiero ser el Cristiano Ronaldo de China”, dice un pequeño.
Lo que muchos critican es la falta de previsión y desmedido despilfarro de dinero por parte del futbol chino. El entrenador del Chelsea, Antonio Conte, lo calificó de irresponsable y dañino para todo el balompié. Esto atendiendo a los problemas de corrupción que se han vivido tanto a nivel local en la nación oriental como en el seno de la Federación Internacional de Futbol Asociación (FIFA). Los directivos de la Liga de China han asegurado que el problema de corrupción ha quedado erradicado, pero el resto de la opinión pública difiere al señalar que persiste, pero no tan descaradamente como antes.
¿Qué quiere China concretamente? Sencillo: ser sede de un Mundial de futbol y, eventualmente, coronarse campeón. Los clubes del país más poblado del mundo han apostado por la inmediatez y los resultados a corto plazo, pues la planeación en cuanto a infraestructura prevé frutos a partir del año 2020. Por un lado, se busca afianzar la Liga de China como una de las más competitivas al integrar jugadores internacionales que “colonicen” el sistema de trabajo con su amplia experiencia (el año pasado se invirtieron más de 300 millones de dólares en contrataciones, casi el doble que la Premier League). Por otra parte, el desarrollo de la generación que integre a una selección china competente: en tres años habrá 50 millones de chinos jugando futbol de manera formal.
No sería raro que en un par de años enfrentarse a China en futbol sea un dolor de muelas.

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