–De verdad, no tenemos problemas de contratación, nuestro problema es que están muchas manzanas podridas en la empresa; señor, no podremos hacer nada si no terminamos con eso –dice la de recursos humanos tronándose los dedos.

–A ver, mi’ja, si te entiendo bien, tenemos problemas con la gente que tú contrataste. No podemos despedirlos porque estén podridos, mi’ja, ¿me explico?, nos van a traer a los desgraciados de conciliación y, aunque hagamos un trato, nos va a costar caro. Me tienes que dar otra opción mi’ja, barata.

–Sí señor, yo le daré una solución.

*

Para: Toda la organización
De: Recursos Humanos
Asunto: No hay fuerza más grande que la de todos juntos
Queridos compañeros:
Como parte de la estrategia para ser el mejor equipo, tendremos una actividad que nos ayudará a ser una mejor empresa. Los esperamos en el salón de usos múltiples a las 10 de la mañana el viernes.

¡Juntos somos mejores!
Nota:
Para que su día cuente como asistencia, deben registrar su entrada, si llegan tarde, será doble retardo; si se percibe hostilidad, contará como dos faltas. Si no asisten, será una falta administrativa. Si se quejan abiertamente, serán dos faltas administrativas. Les recordamos los tabuladores:
Tres retardos son una falta
Tres faltas son una falta administrativa
Tres faltas administrativas despido

*

–Si haces lo mismo, tendrás los mismos resultados. El poder de tus palabras es más fuerte que el destino –Dona mueve las manos teatralmente, parecen velos que se van colocando sobre el rostro de los asistentes, los duerme, los hipnotiza, los arrulla con los pasos de baile que sus manos sincronizan. Modula su voz, alta pero segura–. No se resistan, veo mucha resistencia, esos brazos cruzados que desconfían… Somos un equipo, debemos apoyarnos y escucharnos. Hoy conoceremos una radicalmente nueva manera de vernos como seres humanos, solo con nuestra palabra.

A Dona le gusta caminar de un lado a otro y marcar sus pasos con fuerza, eso le enseñaron en los cursos, seguridad, pararse derecha

–¿Qué palabra es la que más usas tú? –Dona señala a la mujer de recursos humanos–.
–Sí –comienza diciendo–, mi palabra es sí: sí puedo, sí es posible, sí lo conseguiré.
–No, tu palabra es: pero –dice en voz baja la mujer de administrativo–, pero, no es posible tan pronto; pero, no es mi trabajo.

La mujer de recursos humanos, visiblemente molesta, le dice en voz baja.

–Lola, mi vida, ¿leíste el correo? Tu actitud tiene precio –escribe en su cuaderno una nota–.

–Muchachas, ¡qué interesante ver esta conversación! –interrumpe Dona con el tono de voz fingido, alarga las últimas sílabas y pretende escucharse como una aristócrata–, veo que tenemos mucho campo de acción en esta organización, es muy importante que el equipo no solo se conozca, sino que también pueda abrir sus sentimientos. Esta charla que tuvieron nuestras compañeras parece más una discusión de familia, ¿no creen?, solo es cuestión del story telling.

–No te preocupes coach, aquí todos queremos ser mejores –concluye la de recursos humanos–.

–Lo importante es ¿quién ganará? –insiste Dona–, ¿la que grite más, la que se desespere primero o la que se muestre ontológicamente? Hoy lograrán encontrar su potencial a través del coaching ontológico.

–¿Qué es eso coach? Nos ayudaría mucho que su curso comenzara por ahí –increpó Lola con fingida amabilidad–.

La de recursos humanos vuelve a anotar.

Dona se siente nerviosa, intenta recordar una definición de sus cursos de coaching. Cierra los ojos y se concentra, los módulos digitales, los temarios, la voz metálica del coach desde el otro lado de la web. Pagó tanto dinero, le garantizaron que iba a lograrlo.

–Bueno Lola, pues este curso es para enseñarte a cambiar el mundo con tus palabras.

Obviamente, viene un cambio extraordinario en lo más profundo de ustedes para que sean mejores personas. Vamos a ser mejores personas y, por lo tanto, ¡la mejor empresa del estado!
La de recursos humanos aplaudió y los demás la imitaron.

*

Módulo dos: Actividades en grupos de tres.

Comenzaron por crear un organigrama, y enlistar los valores. Nadie sabía quién era el jefe de quien, ni cuáles eran sus tareas, pero sí tenían algo claro: el señor era quien mandaba.

Jugaron escrúpulos, la mitad de las personas perdieron en el momento de tomar decisiones, la mujer de recursos humanos le pidió a la coach Dona que hiciera una lista de todos aquellos que podrían ser potencialmente ladrones, ella le daría la lista, para que la coach accediera le ofreció un “bono”, aunque Dona tendría que dar factura y agregar el IVA.

Para cerrar el día, cada quien habló de su familia, quienes contaron la historia más dolorosa fueron bien evaluados por la de recursos humanos, hizo un listado de las madres solteras y de los padres que son el principal sustento de casa, les llamará a uno por uno al día siguiente, les pedirá que le digan todo lo que escuchen, a cambio tendrán un “bono” de puntualidad.

*

–¿En cuánto tiempo vamos a tener más productividad mi’ja?, –dijo el señor mientras terminaba de editar la fotografía del fin de semana antes de subirla a redes sociales–.

–Este primer mes, después del curso se fueron algunos porque demostraron hostilidad, era muy evidente que no iban a apoyarnos. Sus palabras solo destruyen y los que destruyen no construyen.

–¿Viste que Lola nos demandó mi’ja?
–No sabía, pero, de todos modos no tiene nada para acusarnos. Yo tengo todas sus actas.
–Resulta que es pariente de esa coach que contrataste, amenaza con algunos videos. Esto tendrías que haberlo sabido mi’ja, por eso, me veré obligado a despedirte y tu caso lo tienen los de legal.

–Pero señor, yo solo…

–Tú solo vas a firmar aquí mi’ja –le deslizó un papel. El señor puso un filtro vintage a su foto que lo hacía ver más joven–.

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