Helen Beatrix Potter, científica inglesa brillante, pero menospreciada por ser mujer

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Maria Elena Torres

La desarrollada sociedad científica británica del siglo XIX no lo hizo en su momento, era porque ella… era mujer, condición que la inhabilitaba según el criterio de la época para “ser” científica.

“Hay algo delicioso en escribir las primeras palabras de un cuento, nunca se sabe a dónde te llevarán.”

¿Cuántas veces te han platicado un cuento? Pero, ¿qué es un cuento?

El cuento es una narración breve de hechos imaginarios, de forma oral o escrita en la que poco a poco se va introduciendo a los personajes que son muy reducidos y esto se transmite de generación en generación. Pueden existir distintas y variables versiones de un solo relato: una historia de ficción, de amor, de suspenso, quizá también de una intriga poco desarrollada, donde tiene un principio, un clímax y el desenlace final, pero de forma rápida (Pérez Porto, 2008).

Un cuento popular son narraciones tradicionales que se transmiten por la vía oral y su principal característica es el anonimato del autor; a los niños se les narran cuentos infantiles como “La Caperucita Roja”, “Pulgarcito”, etcétera.

¿Quién hace los cuentos? Alguna vez, en algún lugar, hace algún tiempo ya, a una niña le gustaba acudir a los bosques de Escocia junto con su hermano, de nombre Bertam, para jugar con animalitos del campo y plantas silvestres, muchos de los cuales se los llevaron a su casa, como: conejos, ratoncillos e insectos; los coleccionaba para observar e ilustrar después minuciosamente y se inició en la escritura de las cartas (cuentos).

Helen Beatrix Potter nació el 28 de julio de 1866 en Kensington, Londres, en el seno de una típica familia victoriana (Noonan, 2005). Su padre Ruper Potter era abogado de carrera, la que no ejercía, amante del arte y la fotografía; su madre Helen Leech pertenecía a una adinerada familia que se dedicaba a la industria textil en Lancashire. La familia tenía una vida acomodada, ya que vivían de las rentas familiares en una hermosa casa con muchos sirvientes, como era costumbre en esa época de toda la gente rica y de abolengo.

El matrimonio Potter tuvo dos niños: Beatrix y su hermano Bertam; ambos criados y educados por niñeras e institutrices. Los menores suplieron la falta de amigos con su amor hacia los animalitos y las plantas, por lo que en su casa tenían diferentes ejemplares, entre ellos conejos del campo, ratoncillos e insectos.

Como los Potter eran una familia de abolengo y clase social muy alta, salían constantemente de viaje, por lo que dos meses al año se iban de vacaciones a Escocia, y allí se encontraría Beatrix con lo que más tarde la haría famosa: los animales del bosque junto con las plantas silvestres que ella adoraba.

Desde ese entonces empezó a ser observadora, muy de cerca; también empezó a delinear y realizar anotaciones que solo ella entendía. Algo que le fascinaba dibujar eran los hongos. Y, de hecho, si no fuera porque nació mujer (en la era victoriana), probablemente se habría dedicado a la micótica.

Estudió biología de forma autodidacta y se atrevió a sugerir, tras sus observaciones con un microscopio, una teoría diferente sobre la formación de los líquenes, ya que no le permitieron trabajar en el Jardín Botánico (por ser mujer). En su teoría exponía que los líquenes provienen de una relación simbiótica entre los hongos y las algas, descubrimiento que en el mundo de la micología resultó toda una revelación, pero por ser mujer y amateur la ignoraron. Ya en 1997, la comunidad científica le pidió disculpas. Actualmente sus ilustraciones aún siguen utilizándose.

Cuando estaba desarrollando su teoría científica, ilustraba tarjetas de saludos y se había iniciado a escribir cartas ilustradas a los niños de su antigua institutriz. Peter Rabbit, su personaje, nació en una de esas cartas que escribió en septiembre de 1893. Siete años después pidió prestada esa carta y copió las ilustraciones para producir una versión aproximada de lo que se convertiría en El cuento de Peter Rabbit. En 1901, después de que seis editores rechazaron su trabajo, ella lo editó e imprimió (250 ejemplares), regalándolo a sus familiares y conocidos, siendo un éxito. La editorial Frederick Warne & Co publicó The tale of Peter Rabbit con gran éxito, que superó ventas y expectativas; después de ese libro, vinieron muchos más.

Tras haber cumplido 39 años encontró el amor, fue con el primer editor que accedió a publicar su libro: Norman Warne, pero sus padres se negaron a ese casamiento, ya que el hombre tenía que trabajar para vivir, pero a pesar de su negatividad, se comprometió en secreto, pero él murió antes de celebrarse la boda.

A sus 47 años, su abogado y asesor William Heelis le propuso matrimonio y, sus padres nuevamente se opusieron, pero ella aceptó; su vida dio un giro vertiginoso.

Ella se convirtió en granjera, se apasionó con la cría de ovejas y consagró su fortuna a proteger la naturaleza. Compró granjas y terrenos hasta hacerse de 16 kilómetros cuadrados, con el fin de evitar la construcción masiva y preservar el paisaje que tanto la había inspirado, después los donó, junto con sus ovejas a la National Trust, con la condición de que los granjeros del lugar pagasen poco para conservar la naturaleza autóctona; convirtiéndola de esa forma en la pionera del pensamiento ecológico.

Helena Beatrix escribió e ilustró 28 libros, que fueron traducidos a más de 35 idiomas y vendieron más de 100 millones de copias. Murió en Sawrey (Lancashire) el 22 de diciembre de 1943, contando con 77 años (Pintos, 2018).

Una vez más, como lo he mencionado en repetidas ocasiones; tal parece que el ser mujer ha sido o es un pecado, puesto que Beatrix se encontró que por ser mujer no tenía derecho a nada, no al estudio, no al trabajo, no a nada; pero, gracias a su tenacidad y fuerza de voluntad se hizo autodidáctica y desafiante de las restricciones de la época, demostrando con hechos todo lo que el sexo femenino puede hacer y sobresalir en los diferentes campos del conocimiento, aun teniendo a toda la sociedad en contra.

“Escritora, científica, ilustradora y naturalista inglesa brillante, pero menospreciada por ser mujer. Creó una galería de personajes de animales con reflejos de ternura y sencillez.”

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