Bellas y airosas: Columba Rivera: orgullo femenino en Hidalgo

El siglo XIX fue esplendoroso para las mujeres hidalguenses. En 1870 nació otra bella y airosa, de las pocas rescatadas en este siglo XXI, que por su esfuerzo y entusiasmo se convirtió en médica cirujana de carrera. Su nombre, Columba Rivera. Mineral del Chico fue testigo de su nacimiento.


El siglo XIX fue esplendoroso para las mujeres hidalguenses. En 1870 nació otra bella y airosa, de las pocas rescatadas en este siglo XXI, que por su esfuerzo y entusiasmo se convirtió en médica cirujana de carrera. Su nombre, Columba Rivera. Mineral del Chico fue testigo de su nacimiento.

Posiblemente como la mayoría de sus contemporáneas, la educación para los otros fue un espacio que se abrió a finales del siglo XIX y que les permitió entrar al mundo de la cultura, estudiar para ser maestra. Columba obtuvo el título a los 17 años de edad. Se dice que impartió clases en el Instituto Hidalgo, de la ciudad de Pachuca. También fue directora de otras escuelas primarias del estado y jefa de la sección femenina del Departamento de Enseñanza Técnica, así como Directora de la Escuela Normal para Maestras.

Una mujer que se apasiona por el estudio y tiene grandes proyectos de vida siempre busca aprender más. Seguramente por eso, Columba Rivera no se conformó con ser una excelente maestra, su vocación de pionera la convirtió en una de las primeras mujeres en estudiar en el Instituto Científico y Literario de Hidalgo. Después de estudiar el bachillerato decidió ir a la ciudad de México para seguir una carrera que no era tradicionalmente destinada a las mujeres: la medicina.

Fue así como se convirtió en la segunda mujer mexicana en ser médica. La primera, Matilde Montoya, denunció la discriminación sufrida en las aulas y en los consultorios. Pese a todo, Columba también aceptó el reto.

La escuela Nacional de medicina, tal vez con recelo pero también con respeto, le abrió sus puertas. Se tituló como médica cirujana en el año de 1900, tenía ya 30 años. Recibió el apoyo del gobierno del estado a través de una beca, por lo que recibió al mes la cantidad de quince pesos para realizar sus estudios. En 1904 también recibió una pensión para estudiar en los Estados Unidos. En este país se especializó en el funcionamiento de los departamentos antropométricos. Regresó a México convencida de la importancia de esta especialidad y logró que se creara la Inspección Médica en la Escuela Nacional de Maestros y poco después en todos los planteles oficiales educativos.

Realizó sus prácticas en el Hospital de San Andrés y también ofreció sus servicios para los casos de mujeres internadas por problemas psicológicos. Dio clases en la Escuela Nacional de Medicina. Fue jefa de enfermeras visitadoras del Departamento de Salubridad Pública. Su gran trayectoria influyó para que fuera nombrada jefa de la sala de cirugía en el Hospital Juárez.

A la par de la enseñanza y la medicina, Columba Rivera mostró su gusto por la escritura, tanto en la literatura como en el periodismo. Escribió poesía así como algunas obras de teatro. Entre ellas se citan Cerebro y Corazón y Sombra y Luz”.
Colaboró en diversas publicaciones periodísticas como El mundo ilustrado. Fue muy importante su apoyo y textos para la revista feminista La mujer mexicana.

En la novela histórica Nadie me verá llorar se narra la vida de Matilda Burgos, quien fue ama de llaves de Columba Rivera. La obra describe a una mujer de 43 años, soltera, seria, de vestir formal y generosa. Se puede suponer que se trata de la doctora Rivera. Ella murió en 1943.

Si bien la vida de Columba Rivera ha provocado y forzado a hacerla visible en la historia de las mujeres mexicanas, todavía hace falta recuperar más detalles de su vida, tarea que ya algunas investigadoras han desarrollado, como es el caso de la doctora Raquel Barceló en el área académica de Historia de México, del Instituto de Ciencias Sociales y Humanidades de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo.