Dos mujeres hidalguenses en la lucha por el voto: Elisa Acuña y Enriqueta Monzalvo (Primera parte)

Terminó el mes del festejo por la formalización y obtención del voto, sin embargo, en Hidalgo el decreto (número 79) para que las mujeres ejercieran sus derechos políticos de votar y ser votadas en las elecciones se publicó el 13 de noviembre de 1953.
Este hecho sin precedente obedeció a la larga lucha y demanda de mujeres vanguardistas de diferentes regiones del país. Desde 1916, en el Congreso Feminista de Yucatán se pedía el reconocimiento y estatus ciudadano. Un movimiento de elite porque reunía a mujeres de punta: críticas, propositivas, liberales, humanistas y feministas. Sin embargo, el entorno no fue favorable porque políticamente no era “adecuado”, ni propio a los intereses inmediatos del naciente país que éramos. Habría que esperar casi cuatro décadas para cristalizar el sueño de estas mujeres.
En el recuento ¿cómo y quiénes participaron de Hidalgo?, porque obviamente no fue un movimiento de masas, ni el sentir de las mayorías en esta época. Y en respuesta a esta duda surgen dos nombres de diferentes momentos, pero hidalguenses: Elisa Acuña Rosseti y Enriqueta Monzalvo León; la primera, representante de las luchadoras sociales de fines del siglo XIX, periodistas, liberales y feministas y la segunda, identificada con el partido que daría fisonomía al país durante el siglo XX, el Partido Nacional Revolucionario (PNR) que luego se convertiría en el conocido Revolucionario Institucional (PRI).
Elisa nació en Mineral del Monte en 1877, su nombre completo fue María Elisa Brígida Lucía. Fue hija de la poblana Mauricia Rosete, aunque lo escribían como Rosseti, y de Antonio Acuña, de Atotonilco el Grande. Pese a su vocación social revolucionaria la historia nacional y regional no le hace justicia en su dimensión exacta. Su trayectoria personal y profesional se asocia a la docencia, al periodismo, al activismo político revolucionario liberal y al feminismo.
Inició su carrera como profesora a los 13 años. La razón de su magisterio a tan temprana edad tiene relación con el momento histórico, durante esos años se reclutaba a profesoras para enseñar conocimientos básicos de lectura, escritura, aritmética, historia patria, pedagogía y nociones de dibujo. Además que se fue aceptando en la docencia a mujeres siempre y cuando fueran solteras o viudas, y jóvenes para que pudieran soportar las cruentas condiciones del magisterio en zonas rurales. Situación a todas luces discriminatoria para su desarrollo personal y profesional.
Sin duda sus primeros años como docente fueron determinantes para sublevarse contra la miseria y la injusticia. Apenas tres años después de su inicio docente ella tomó como trinchera el periodismo para atacar al gobierno porfirista y se unió al Club Liberal Mexicano, donde se asoció con Juana Belén Gutiérrez de Mendoza, con quien en 1904 compartió celda en la cárcel de Belén.
Elisa, junto con Juana Belén Gutiérrez de Mendoza y Dolores Jiménez Muro, fundó el grupo Hijas de Cuauhtémoc, donde pedían cambios políticos para alcanzar la ansiada igualdad. Crearon el periódico Fiat Lux, de tendencia socialista y participó con Juana Belén en la impresión del periódico Vésper y años más tarde fundaría otro periódico, La Guillotina y entre 1911 y 1912 colaboró en Nueva Era. También formó parte del comité directivo del Partido Liberal Mexicano y fundó la organización Socialismo Mexicano en la Ciudad de México. Apoyó la candidatura de Francisco I Madero a la presidencia.
Después de 1912 formó con Gutiérrez y Jiménez la organización Amigas del Pueblo que ya reclamaban la voz y voto para mujeres al entonces presidente provisional Francisco León de la Barra, paralelo a esto editó nuevamente con Gutiérrez el periódico La Reforma, participó en el Consejo Feminista Mexicano y en la Liga Panamericana de Mujeres. A partir de 1920 trabajó en el departamento de prensa de la Biblioteca Nacional y en 1927 fue parte de las misiones culturales como jefa de la sexta misión cultural cuando estas eran encabezadas por hombres.
De esos años a 1946 bajó notablemente su actividad política y social, quizá cansada de no ver frutos de su lucha por el reconocimiento social y político de las mujeres. El 12 de noviembre de 1946 murió en la Ciudad de México, recientemente se comenzó a documentar parte de su vida política, señalándola como una de las mujeres que lucharon por la patria y los derechos de las mujeres.
*Profesora investigadora del ICSHu