Enriqueta Monzalvo y el sufragio femenino en Hidalgo

Este 13 de noviembre oficialmente celebramos en Hidalgo 60 años del sufragio femenino, día en que fue aprobado y publicado el decreto número 79, bajo el mandato del gobernador Quintín Rueda Villagrán.
En este día, pocos nombres emblemáticos de la lucha de las mujeres históricamente fueron rescatados, sin embargo una de ellas es Enriqueta Monzalvo León, quien representa la aspiración de muchas mexicanas por ejercer derechos ciudadanos y civiles. Ella participó al lado de muchas mujeres y hombres por darle identidad y fisonomía al país durante el siglo XX, a través de su participación en el Partido Nacional Revolucionario (PNR), que luego se convertiría en el conocido Revolucionario Institucional (PRI).
La historia de esta mujer es la de muchas luchadoras sociales de la época porque se hizo en el magisterio; nació en Pachuca en 1932, fue además licenciada en ciencias sociales y derecho, así como maestra en criminología. Ella realizó su labor política y social por las mujeres desde su militancia en el PRI. Su último logro fue el reconocimiento a maestras distinguidas a través de la construcción del Monumento a la Mujer en 2007.
Su carrera política de siete décadas recogió y resumió mucho de los sueños y aspiraciones de la lucha de las generaciones inmediatas anteriores, como la de Acuña Rosseti, pero también cristalizó un tanto la igualdad política de mujeres y hombres, porque logró ser representante en el Congreso como diputada local suplente en la LI Legislatura y diputada propietaria en la LIII. Su trayectoria partidista fue vasta: representó al sector femenino en el comité directivo municipal y estatal; en la Confederación Nacional de Organizaciones Populares (CNOP) y participó en la Agrupación Nacional Femenil Revolucionaria (Anfer); fue la primera secretaria del consejo para la participación de la mujer en Hidalgo; formó parte del consejo consultivo del Consejo Integral de la Mujer (CIM) y fue secretaria del Movimiento Nacional de la Mujer en Hidalgo.
Su sólida trayectoria no fue gratuita ni fácil, porque a través de las estructuras corporativas partidistas, ella dio y validó la lucha de sus antecesoras por conseguir el voto de las mujeres. “La condición que nos puso el presidente de la República Adolfo Ruiz Cortines, para otorgarnos el derecho, era juntar 20 mil mujeres en el parque Lira de México. Eso, dijo, sería una prueba que de verdad queríamos el derecho al voto. Convencer a las hidalguenses que participaran en la política no fue nada fácil. Los mineros no veían con buen ojo que sus mujeres se metieran en asuntos de hombres y algunas veces recibieron a Enriqueta con groserías, pedradas y hasta con los perros”. (“Murió Quetita, Enriqueta Monzalvo, triste adiós”, Liliana Castillo, El Sol de Hidalgo 29 de septiembre de 2010).
Los obstáculos que enfrentó y salvó estuvieron afuera y adentro del partido, con las estructuras de poder masculinas pero también con las culturales del entorno local, sin embargo, ella se constituyó en el ejemplo para muchas hidalguenses porque no solo peleó políticamente por el reconocimiento ciudadano de las mujeres, también demostró su valía como política y representante popular, en sus siete décadas de militante. En suma aprovechó y potencializó el momento coyuntural en que se consolidaba un instituto en el poder y se promovía la organización y participación del sector.
“A Enriqueta Monzalvo León la caracterizó su espíritu de lucha. Desde los nueve años tramitaba y gestionaba apoyos. Sus primeros esfuerzos se encaminaron a mejorar las instalaciones de la primaria de su localidad. Consiguió, incluso, que los alumnos tuvieran derecho a desayunos escolares. Después, trabajó a favor de la población vulnerable de la Sierra y Huasteca hidalguenses. Obtuvo la diputación local por el 12 distrito, con cabecera en Molango. Testigos fieles de su trabajo son las fotografías que celosamente guarda en un álbum de pastas azules. Ahí concentraba su vida, su obra. Lo mismo aparecía junto a Sadam Hussein, en Iraq, que del brazo de políticos, gobernadores hidalguenses y presidentas del DIF. Todos ellos se sumaron a la causa. Cada uno aportó en su momento lo necesario para ayudar a los demás, justificaba”. (“Murió Quetita, Enriqueta Monzalvo, triste adiós”, Liliana Castillo, El Sol de Hidalgo 29 de septiembre de 2010).
El 27 de septiembre de 2010 dejó de existir, a los 87 años. Su legado de siete décadas de activista quedó para la sociedad hidalguense como testimonio de su pasión y misión de vida, el servicio a los demás: gestionó la construcción del Preparatoria tres de Pachuca y de la secundaria técnica 38; fue fundadora del Consejo Tutelar para Menores Infractores del Estado, del Centro de Readaptación Juvenil y la primaria General Felipe Ángeles; gestionó un dispensario médico, un Conasupo, un auditorio de usos múltiples, la casa de la cultura y una telesecundaria para el poblado Villa Aquiles Serdán, del que fue originaria.
Fue presidenta del comité de vigilancia de este ejido; además gestionó la construcción de las colonias Javier Rojo Gómez, Plutarco Elías Calles, Nuevo Hidalgo, Los Cedros, Aquiles Serdán y Parque de Poblamiento; fue fundadora de la Casa de la Mujer Hidalguense, de la Liga de Profesionistas y Técnicas Revolucionarias del Movimiento Nacional y Frente de Jubilados, Pensionados y Personas de la Tercera Edad.
Elisa Acuña Rosseti y Enriqueta Monzalvo León: dos mujeres, dos historias, dos trayectorias, un mismo objetivo: dignificar la vida social y política de las hidalguenses. Su lucha es testimonio del trabajo constante, y a veces anónimo, de las sufragistas de los siglos XIX y XX.

*Profesora investigadora
del ICSHu, SNI I