El Pahñú, gran observatorio solar

El proyecto especial Pahñú, dirigido por el arqueólogo Fernando López, identificó a esta ciudad prehispánica como sede de culto solar y observación del astro y su tránsito, a través de cerros y edificios.
Relieves, como el cerro de Xithá, son puntos clave en la medición astrológica al oriente y poniente de la zona, marcan, entre otros ciclos, el ocurrido el 19 de mayo, “una de las fechas importantes para encontrarse con el Sol en el cenit de la región”, explicó López Aguilar en uno de los recorridos.
La zona arqueológica está integrada por tres plazas, en la primera hay una pequeña estructura cuadrangular. La plaza central alberga el Tecpan que debió alojar a los gobernantes, el edificio de 17 metros de largo rebasaría los 10 de alto con la suma de su
templo.
A 80 metros al poniente, existe un pequeño conjunto de estructuras y una zona con abundantes petroglifos.
“En el sitio, la orientación asociada con el camino del Sol está marcada no solo por la orientación de los edificios, sino porque el Tecpan y el edificio A, aún sin excavar, generan una línea de tránsito solar, delineada por dos conjuntos de petroglifos al oriente del Tecpan y al poniente del edificio A”, indicó el también catedrático de la Escuela Nacional de Antropología
e Historia.
El 19 de mayo el Sol emerge cercano a la cima del cerro Xithá, “posteriormente se aprecia el cenit en el sitio arqueológico, el momento en que el astro llega a su punto más alto y no proyecta
sombras”.
Durante el transcurso del amanecer, del 21 de marzo y 21 de septiembre, los cerros situados al oriente y poniente de El Pahñú realizan la función de marcadores solares en el horizonte.
La orientación de los edificios corresponde a las coordenadas nueve grados 30 minutos al oeste del norte, que coincide con las fechas solares 13-14 de abril o 29-30 de agosto. “Más que un evento astronómico, la ubicación responde a la veintena llamada Izcalli, que iniciaba el 21 de agosto y terminaba el 9 de septiembre.
“Era importante porque la advocación del centro ceremonial estaba dada a la deidad celebrada en esas fechas: Huehuetéotl-Xiuhtecuhtli, el dios viejo del fuego, que habitaba en el centro del universo, el símbolo de la guerra
sagrada.”