Segundo viaje al centro de Pachuca

“Música suave que me da en el alma
rondando por ecos de la niñez insomne
brisa que viene acariciando las melenas
de fresnos y de pinos…”
Jorge E Ortiz

02-PAG8-N1En el azul de la esperanza, entre el azul de la lejanía, de los recuerdos, y el azul de la serranía, aún continuamos parados al pie de la anquilosada cañada del Tulipán en este viaje “al centro”. Los Místicos sabemos que es imposible olvidar parte de lo que vivimos aquí, en esta pequeña plaza frente al acceso principal del socavón Girault. La abuelita siempre nos mantenía atentos, expectantes y hasta temerosos sobre las historias de los laboríos mineros de esta villa minera de Pachuca, junto con los otros tres reales. Nos platicaba apasionada que su abuelo, allá por la segunda mitad del siglo XIX, trabajó de achichinque en el poco recordado socavón del Perro. Su actividad consistía en acarrear en bolsas de cuero el agua del fondo de la perforación o tiro hasta los malacates, para ser bombeada por una de las tres máquinas de la mina y tiro del Rosario, que subía el agua del fondo del tiro o cuele de la veta vertical o plan hasta el cañón de San Agustín, localizado a 90 metros, donde descendía el agua por gravedad al cañón de San Francisco, a profundidad de 75 metros. En San Nicolás otra bomba hacía lo propio, depositando el agua en el mismo cañón de San Francisco, a 75 metros; ahí se unía a las aguas de la mina del Rosario y bajaban por el túnel al famoso tiro de San Juan, donde eran elevadas por la poderosa y nunca igualada bomba llamada atinadamente “Santa María”, con una máquina de vapor Cromwel traída por los ingleses años atrás. Con la potencia de estas aguas funcionaban las ruedas hidráulicas de la hacienda de la Luz, posteriormente de Loreto. Toda esta agua era conducida a la mina de San Juan por el oscuro, húmedo y añejo socavón del Perro.
Hasta nuestros días conocemos que esta perforación, túnel o socavón llamado Girault da acceso a las minas de San Juan Pachuca, Camelia, El Paraíso, Dolores, El Encino, El Xotol y San Rafael; y que en el trabajo de cuele o perforación, se encontró con las vetas argentíferas, ya en explotación, de Camelia, El Paraíso, San Rafael, EL Xotol, Santa Rita, Dolores, El Encino, Analcos y La Milanesa. Mide tres metros de alto por tres de ancho, con longitud de 2 mil 600 metros; con un nivel de profundidad, partiendo de Loreto en el nivel cero, de 156 metros en El Xotol, de 171 metros en Camelia, de 213 metros en San Rafael, terminado en Dolores con 270 metros. Cuenta con un canal de piedra de 80 por 80 centímetros, con una banqueta cubriendo el canal. Tiene vías de fierro de 90 centímetros de ancho para una máquina eléctrica Motor alimentada por la parte superior.
Hay que recordar que el desagüe de las minas de Real de Arriba se realizaba desde 1850 hasta 1893 por el socavón del Perro y el tiro San Juan, interrumpiéndose este bombeo para fines del siglo XIX.
Nos comentó el doctor Soto Oliver que en diciembre de 1895 una inesperada “inundación subterránea” producida en el Real de Arriba amenazaba paralizar la actividad minera en los laboríos del norte de Pachuca. Ante este terrible infortunio se escucharon diferentes opiniones: como la de la Sociedad Científica Antonio Alzate, la del magnífico ingeniero minero Luis Carreón, o la del ingeniero Edmond Girault, aceptándose la de este último. El ingeniero Girault era el administrador de las minas de la Real del Monte y Pachuca, y al mismo tiempo el director de la Compañía Minera San Rafael, lamentablemente hasta la fecha contamos con muy poca información sobre este importante personaje.
En 1898 inició la perforación o cuele del socavón Girault, empezando a desaguar en julio de 1902. Este socavón tiene su entrada en la pequeña y empedrada plaza a la anteboca del socavón. Un par de fortificadas y hermosas columnas almohadilladas fabricadas con la famosa, para ese entonces, cantera de Pachuca (Tezoantla), con aproximadamente cuatro metros de altura, rematadas con argamasa (arena-cemento-cal) en forma triangular (piramidal), sosteniendo una sencilla pero magnífica reja de hierro forjado, con diseño afrancesado. El acceso al túnel o boca lucía un arco hermosísimo de forma escarzano, o tal vez carpanet fabricado con dovelas (piedras) de la misma cantera de las columnas, luciendo en la parte superior de la boca del socavón una moldura-arquitrabe sostenida por ménsula o modillones que asemejan vigas.
Para 1902, año en que inició el funcionamiento de este socavón, era uno de los más modernos técnicamente hablando, superando a muchos de los existentes como el del Perro, el Aviadero, Neptón, O’Gorman, Morán, etcétera. Su uso principal se justificaba ampliamente: desaguar los laboríos mineros de Real de Arriba para evitar que siguieran inundados, y seguir laborando, uniendo asi mismo muchas otras explotaciones argentíferas como podemos ver en los planos mineros del Distrito de Pachuca, elaborados por el ingeniero Manuel Espinosa en 1864.
Los Místicos documentamos que el túnel o socavón Girault no contaba con iluminación interior, como se ha difundido; este se iluminaba por el potente faro del Motor, máquina que arrastraba las plataformas con equipo, material y trabajadores. Los mineros que querían caminar el “tramo” se iluminaban con antiguas y románticas lámparas de “carburo”.
Poco queda de la arquitectura de la boca de este socavón, además de que la herrería también fue cambiada.